Análisis

Javier Gómez Graterol: ¿La Iglesia como cuota?

Mientras en muchos países de otras latitudes los fieles laicos son fieles ayudantes de la Iglesia, en lo ministerial, y lo económico, al punto de que sus parroquias y organizaciones, no solo pueden tener ayuda para sus gastos corrientes, sino que hasta pueden ayudar a las parroquias más depauperadas de su propio país e incluso de fuera de este, muchas parroquias latinoamericanas, duele decirlo, tienen laicos con una visión distorsionada y además parásita, de su aporte a la Iglesia.

Muchos laicos latinoamericanos se preguntan qué hace la Iglesia, como si ellos no fuesen parte de ella; critican a su jerarquía; son los primeros en ignorar lo que hace; en no formar parte de ningún movimiento o actividad; ni siquiera rezan por alguno de sus pastores, y creen que cuanto ella organiza debe ser gratis, aunque no se molestan en preguntarse de dónde salen los recursos de sus iniciativas, ya que siempre es el billete más pequeño el que suelen aportar, si es que aportan, cuando van a ella.

Hace días pasé en mis redes el aviso de un curso de introducción a la Biblia organizado por SOBICAIN Venezuela (cuyo costo es de 10 dólares ¡todo un semestre!), y una laica me escribió “que triste es que los evangelizadores cobren por enseñar la palabra de Dios (emoticón de carita triste) Gratis lo recbísteis; dadlo gratis (Mt 10,8)” (sic). Inmediatamente le respondí con 1 Corintios 9,13-27: “¿No saben que los que trabajan en el servicio sagrado son mantenidos por el Templo, y los que sirven al altar reciben su parte de lo que ha sido ofrecido sobre el altar? El Señor ha ordenado, de igual manera, que los que anuncian el Evangelio vivan del Evangelio” y también le aclaré que no se cobra por difundir la Palabra, sino por la logística que hay detrás de hacer un curso.

Estimado laico: tal vez te moleste que te lo diga, pero los religiosos somos humanos, también comemos, y Jesús luego de resucitar en su cuerpo glorioso ¡¡¡también comió!!! (Lc 24,36-43). La Iglesia Católica renunció al diezmo, así que las contribuciones que recibe de su feligresía son voluntarias, y los demás recursos son sin fines de lucro, aunque de esto haya habido lamentables excepciones que, a pesar de ser minoría, han sido tan ruidosas, que se han hecho noticia y nuestros detractores las usan y reciclan para hablar pestes de nosotros.

San Pablo enfatizó en 1 Corintios que los ministros de la Iglesia que predican el evangelio tienen derecho de ser pagados de las contribuciones y ofrendas, así como los sacerdotes y levitas habían comido de los diezmos y ofrendas en el Antiguo Testamento, aunque aclara que él no quiso ejercer este derecho voluntariamente.

Cierro recordando las bendiciones que prometió Jesús a quienes colaboran con su Iglesia y ministros: «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, les aseguro que no perderá su recompensa» (Mt 10, 41-42). “Den y se les dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de sus vestidos. Porque con la medida con que midan se les medirá» (Lc 6,38).

Si no deseas colaborar con tu Iglesia, al menos reza por sus ministros, Dios te bendecirá enormemente por ello.

Autor: Javier E. Gómez Graterol, religioso/periodista

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