Análisis

Javier Gómez Graterol, religioso: Franquicias ideológicas

La maquinaria ideológica destinada a destruir la familia y valores tradicionales está desarrollando una nueva técnica, visiblemente más perceptible en monstruos de la producción como Netflix, y el cine en general.

Consiste en plagar de ideologías las franquicias y usarlas como caballos de Troya del pensamiento.

Afortunadamente esta técnica ha causado gran descontento en los tradicionalmente seguidores y el público más fanático de las mismas. El ejemplo que más suelo utilizar es el de la franquicia Terminator a a cual arruinaron con su progresismo y su última entrega fue un fracaso. También tenemos a la Guerra de las Galaxias con un George Lucas que se ha mostrado abierto a reescribir todo y enmendar los errores cometidos.

Netflix está usando ahora una técnica más “sutil”, consiste en dejar correr las franquicias “tradicionales” con aparente normalidad pero con alguna que otra insinuación, luego, en sus cierres, mete la ideología frontalmente, o lo hace ya a partir de la segunda y tercera temporada, es decir, te deja acostumbrarte primero al personaje y luego te dicen ¿ves? No pasa nada con que sea “diverso”.

La serie animada Voltron es un ejemplo: transcurrió normal, y terminó con una boda gay al final. La nueva serie Umbrella Academy, en su primera temporada tenía una personaje aparentemente hetero, que fue traicionada por un “hombre blanco heterosexual” que la usó para sus planes y se causó todo un cataclismo que fue el cierre de la misma, y ahora en esta nueva, ella aparece abiertamente lesbiana y en un entorno donde se critican los valores tradicionales de la época de los años cincuenta y sesenta y se acentúa el “racismo” de la misma. Otro detalle es que las mujeres y los personajes “diversos” de su trama son más centrados que los “hombres blancos heterosexuales” que ahora aparecen desorientados, estúpidos e inmaduros en esta segunda temporada. En la primera temporada ya se veía que el que asumía el liderazgo del grupo era un joven “adolescente” que desarrolló un fetichismo por un maniquí.

Ahora está “de moda” para ir acostumbrando a la gente a la idea, que los actores salgan haciendo “polémicas” declaraciones (bien calculadas) sobre el hecho de que “no les molestaría” que los personajes que encarnan valores tradicionales sean ahora “diversos”.

Las familias tradicionales son ahora presentadas desde el punto de vista de los adolescentes, que tienen padres que aparecen como estúpidos desorientados y/o personas amargadas que no están conformes con sus vidas y desean otra cosa, pero viven en familia porque ya no les queda otra cosa que la resignación y la inseguridad en cuanto a experimentar cosas diferentes.

Estimado padre de familia (no uso lenguaje “inclusivo”, es para los dos): ¿vas a dejar que una pantalla “calla niños” sea la que críe a tu familia, la que forme a tus hijos con esos nuevos “valores” sin informarte sobre cómo puedes hacer para dar tu parte y evitar que estas distorsiones se impongan? Dice la Biblia que “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hb 13,8), que todos nos comportemos como ganado arreado no nos salvará, que te preocupes por formar santos y personas con valores, sí. Debes leer la Biblia (completa) el Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio de la Doctrina Social, para que tengas una base sobre cómo educarles y lo que es correcto a los ojos de Dios, es preferible tener un hijo santo y salvo, que uno “feliz en este mundo” que luego se pierda. Después de todo: Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? (Mt 16,26). Para luego es tarde.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso/periodista

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