Análisis

Javier Gómez Graterol: Cada sí a Dios cambia la historia

Durante estas semanas, en la liturgia navideña, se nos ha venido repasando el cómo fue La Anunciación, ese momento que cambió la historia de la humanidad, porque se cumplía el plan de Dios en una mujer que voluntariamente aceptaba formar parte de él, y porque ese sí ha tenido tal trascendencia que ha dividido la historia en Antes de Cristo, y Después de Cristo.

Es que cada sí que damos a Dios, cada renuncia a nosotros mismos, aunque nos duela, no solo nos beneficia a nosotros, beneficia a la humanidad entera ¿Cómo? Pues porque Dios convierte cada acción inspirada por Él en “fermento en medio de la masa”, “sal de la tierra” y “luz del mundo” (Mt 13,33; Lc 13,20-21).

Dios suma, nunca resta, cada una de nuestras acciones, aunque insignificantes a ojos humanos, si son hechas por su inspiración, por amor a Él, se convierten en parte de la construcción del Reino en la tierra.

El sí de María fue el sí de una mujer pobre, humilde, insignificante a ojos humanos, un sí que le costó pasar trabajo, al punto de que su Hijo tuviese que nacer en un pesebre, es decir, sin ninguna seguridad en lo humano, solo en la providencia de Dios, pero ese sí cambió el mundo.

Cada sí de los santos es un ejemplo de cómo se actualiza el Evangelio en cada época, a través de personas que lo hacen vida, que se abandonan en Dios y, por su gracia, hacen obras que trascienden.

Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, pero respeta nuestra libertad de decirle sí, para nuestra plena y feliz realización, o de decirle no, y elegir nuestro camino, hacia lo que nosotros creemos que nos hará felices, pero tal vez nos dé sólo breves momentos de emoción y bienestar mas no la felicidad que Dios desea para nosotros con nuestra plena y total realización como obras suyas.

Para cada sí, Dios nos da su gracia, Dios no ve lo que somos, ve lo que puede hacer de nosotros con cada sí que le damos. El sí a Dios nos hace crecer en amor, humildad, en cada una de las virtudes que Él desea que nosotros crezcamos y maduremos, nos da la fuerza para combatir nuestro pecado, ya que nuestra naturaleza está herida por él.

Nuestro sí a Dios nos hace crecer en amor. Se puede ser grande desde un punto de vista mundano, pero quien ama y pone a Dios por encima de todas las cosas es quien es verdaderamente grande en santidad y sus obras trascienden.

Averiguar qué quiere Dios para cada uno de nosotros es la mejor forma de alcanzar la felicidad, todo parte de preguntarle qué quiere de nosotros, y darle nuestro sí. Dios con nosotros

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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