Hoy es la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Virgen María.
A través de los siglos, los cristianos han representado al Espíritu Santo de distintas maneras, a través de esculturas, pinturas, vitrales y otras expresiones.
En Roma existe una tradición que representa al Espíritu Santo en Pentecostés. Tiene lugar en la iglesia del Panteón, un antiguo templo romano que fue consagrado como iglesia cristiana en el siglo VII. En el techo de este templo circular hay un orificio de 9 metros de diámetro que ilumina el edificio. El día de Pentecostés, a mediodía, se lanzan miles de pétalos de rosas rojas. Pueden imaginar el espectáculo sublime: una lluvia de pétalos rojos atraviesa los rayos de sol y las notas musicales, mientras va formando una alfombra roja sobre el mármol milenario de este templo consagrado a Santa María y a todos los mártires.
Los pétalos rojos representan las lenguas de fuego que vinieron sobre la iglesia primitiva. Nos recuerdan que el Espíritu Santo transforma los corazones de los apóstoles, y estos pierden el temor. Si antes estaban reunidos con la puerta cerrada, ahora se dirigen al mundo para anunciar el Evangelio.
Los pétalos rojos también simbolizan la sangre de Cristo derramada para la redención de la humanidad y el nacimiento de la Iglesia, el día de Pentecostés.
Hay una palabra en la Biblia que explica algunas características del Espíritu Santo.
La palabra hebrea Ruaj, que es traducida como soplo, aire, viento y también espíritu. Es el soplo de Dios, del espíritu divino. Por ejemplo, hoy vemos que Jesús sopla sobre los apóstoles y les dice: «Recibid el Espíritu Santo».
Esta idea de Ruaj ya está presente en el Antiguo Testamento, cuando Dios Padre Creador sopla vida sobre Adán, y en la festividad de hoy se nos recuerda que Dios Espíritu Santo da vida a aquello que parece estar muerto. En el salmo hemos repetido: «Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra».
Es el mismo viento que irrumpe y abre las puertas, que sacude nuestras vidas para despertarnos de la monotonía o del miedo, y que nos permite tomar decisiones y volver a caminar, a pesar de los desafíos.
Hay muchas imágenes que nos ayudan a entender la tercera persona de la Trinidad y los títulos que se le atribuyen, por ejemplo: paráclito, abogado, defensor o consolador, dulce huésped del alma, Espíritu de Adopción y otros.
Pero, para usar un lenguaje y una imagen sencilla, hoy quisiera presentar una imagen que también nos ayuda a entender la fiesta de Pentecostés y los dones del Espíritu Santo.
En varios países de América Latina, en los cumpleaños de los niños, todavía se usan las “piñatas”, que son unos muñecos de papel y por dentro tienen dulces y juguetes. El origen de estas piñatas es antiguo y se fue transformando en el tiempo y en el espacio. Lo cierto es que, en medio de la fiesta, el cumpleañero toma un palo y va dando golpes al muñeco de papel hasta que se rompe, y todos los niños recogen los regalos que van cayendo.
Podría ser otra forma de entender la fiesta de Pentecostés, que nos trae dones (sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios). Esta imagen es la de una fiesta: hay movimiento, hay alegría y energía que nos recuerdan que necesitamos ser activos, recoger los regalos, abrirlos y usarlos.
Solo si tenemos fe, una fe activa, seremos capaces de recibir los regalos.
Cada uno de nosotros experimenta al Espíritu Santo de manera distinta; pidámosle el regalo de la paz y la alegría.
24 mayo de 2026


