InicioAnálisisHomilía para el XV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Homilía para el XV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo 12 de julio de 2026

La Biblia está llena de imágenes que se convierten en enseñanzas para nuestra vida.

 

En la primera lectura se nos presenta la analogía de la lluvia. Es Dios quien hace llover sobre buenos y malos; la lluvia empapa la tierra y la tierra florece. Es decir, que su gracia y sus dones son para todos, pero no todos los reciben de la misma manera.

 

Es eso lo que Jesús explica en este fragmento del Evangelio de san Mateo. Hoy Jesús no solo usa parábolas, sino también nos explica su significado. Es casi como si Él mismo estuviera pronunciando su homilía.

 

La parábola del sembrador nos enseña que Nuestro Señor se ofrece a todos y que sus bendiciones solo fructifican en la tierra fértil de un corazón humilde y abierto. Además, toda semilla que se siembre, necesita tiempo para crecer. En un mundo acostumbrado a las gratificaciones instantáneas es importante respetar los tiempos de Dios.

 

Este Evangelio nos enseña que tenemos que estar dispuestos a recibir la gracia del Señor. A esto se refiere la frase: «Al que tiene se le dará… y al que no tiene, se le quitará». No se trata de una injusticia divina, sino todo lo contrario. La persona que quiere aprender y está dispuesta a recibir los dones que Dios ya le ha dado, recibirá todavía más sabiduría; pero si una persona no tiene fe, amor y, sobre todo, no tiene voluntad de cambiar, se le quitará incluso el conocimiento superficial.

 

Nuestra vida espiritual es como un terreno y ese terreno puede estar lleno de piedras, lleno de espinas o ser un terreno fértil. Además, por las circunstancias de la vida puede ir cambiando y, en algunos momentos estamos abiertos a todas las gracias del Señor y, en otros, experimentamos la sequía y la aridez espiritual. Lo importante es nunca estar demasiado ocupados con demasiados proyectos urgentes que nos hacen olvidarnos de Él.

 

Cada uno de nosotros es un terreno diferente, y no hay necesidad de juzgarnos o compararnos, pensando que somos mejores o peores que los demás. Sea cual sea nuestra situación, no perdamos la fe, practiquemos más la confianza en el Señor.

 

Dios confía en nosotros y espera que, tarde o temprano, la semilla florezca. Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno; siempre nos da generosamente su Palabra. Quizás, precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca también en nosotros el deseo de ser un terreno mejor. Esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios.[1]

 

Este Evangelio nos enseña que Dios es como un sembrador y que su amor es como la lluvia que cae sobre nuestro terreno, empapándolo, purificándolo y dándole vida.

 

Finalmente, no olvidemos que nosotros también vamos sembrando semillas en nuestra vida y en la vida de los demás. Sería bueno preguntarnos qué huella estoy dejando en el camino y qué frutos darán esas semillas.

 

Agradezcamos a Jesús, que se hace Palabra y nos revela el rostro de un Dios paternal y misericordioso; y pidámosle la sabiduría para saber acoger sus dones y sembrar buenas semillas.

[1] Papa León XIV, Catequesis del 21 de mayo de 2025

POR ARIEL BERAMENDI

Infodecom
Infodecomhttp://www.infodecom.net
Información de la Comunidad infodecom@gmail.com desde el 2006 informando y formando
ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Más de este autor