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Homilía para el Tercer Domingo de Cuaresma

Homilía para el Tercer Domingo de Cuaresma

Domingo 23 de Marzo 2025

El misterio del sufrimiento del inocente

Todavía existen personas que piensan que la pandemia del COVID fue un castigo de Dios, y en esa línea hay quienes dicen que si algo malo nos sucede es un castigo de Dios. En el Antiguo Testamento y también en los tiempos de Jesús la gente pensaba que un ciego de nacimiento o un paralítico estaba pagando las culpas de sus antepasados.

Pero Jesús, ante estas creencias, en el Evangelio de hoy nos pregunta: ¿Acaso tú te crees menos pecador que esas personas? ¿O crees que las víctimas de un accidente, refiriéndose al derrumbe de una torre,  eran más pecadoras que tú?

Y después aclara con énfasis:

“Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”

Este tercer Domingo de Cuaresma  nos encontramos de frente a una pregunta existencial, sobre la que se escribieron libros enteros. Y la pregunta es ¿cuál es la causa del sufrimiento de inocente?, o ¿cuál es el origen del mal en el mundo?

En palabras más sencillas nos preguntamos: ¿Por qué hay catástrofes naturales, o por qué mueren los inocentes?

–   Por un lado podemos decir que Dios ha dado al hombre el libre albedrío y cada acción del ser humano tiene consecuencias, también en la vida de los inocentes. Pensemos en las guerras o simplemente si alguien construye mal un puente y luego el puente se cae y mueren muchas personas.

– También hay otra respuesta desde la fe. Y es que nuestra historia se desarrolla en medio de una lucha entre el bien y el mal, por ejemplo algunos explican esta situación con la doctrina del pecado original y sus consecuencias. Lo cierto es que estamos ante un misterio insondable que desafía la comprensión humana y la idea de un Dios bueno y omnipotente.

Ante este misterio, la respuesta no es que Dios nos castiga. Muchas veces, la única respuesta ante este misterio del sufrimiento del inocente es el silencio.

Jesús da un sentido al sufrimiento

Sin embargo, hoy el Evangelio nos enseña que, si bien no tenemos una respuesta, Jesús da un nuevo sentido al sufrimiento, porque el hijo de Dios tuvo que sufrir para redimir la humanidad.

Él siendo inocente fue sacrificado como un culpable, y gracias a su sacrificio, que también quiere decir sufrimiento, ha quitado los pecados del mundo.

Entonces, para los creyentes, gracias a Jesús, el misterio de sufrimiento en nuestras vidas tiene un sentido redentor.

La conversión es urgente

Esta reflexión cuaresmal en este domingo nos indica que la conversión es urgente. Dios nos da la oportunidad de convertir nuestras vidas hacia el Señor.

Tenemos el ejemplo del árbol que no daba fruto y que debía ser cortado y botado al fuego.

Así, a pesar de la esterilidad que, a veces, marca nuestra existencia, Dios tiene paciencia y nos ofrece la posibilidad de cambiar y avanzar por el camino del bien. Pero lo hace con urgencia, por eso hay un viñador que pide más tiempo para que podamos dar fruto.

Dejémonos “abonar” por más que sea incómodo, aceptemos que tenemos que cortar algunas ramas superficiales que no sirven para nada, aunque esto duela.

Así como Dios es paciente con nosotros, seamos pacientes con los demás. Así como es el misericordioso con nosotros, seamos misericordiosos con los demás.

Y que con la ayuda de Dios demos buenos frutos.

POR ARIEL BERAMENDI

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