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Homilía para el Segundo Domingo de Cuaresma

Homilía para el Segundo Domingo de Cuaresma

 

Domingo 1.º de marzo de 2026

 

Hoy hablamos mucho de salir de la zona de confort, pero, como vemos, este mensaje ya está presente en el Antiguo Testamento. Abraham seguramente pensó que estaba en la última etapa de su vida y Dios le pide salir de su zona de confort.

En su cultura él tenía el estigma de no tener descendencia, pero al final de su vida Dios le dice: «sal de tu patria y haré de ti una gran nación», y Abraham deja su zona de confort y sale a lo desconocido, confiando absolutamente en Dios, a tal punto, de que estaba dispuesto a sacrificar a su hijo cuando Dios le pide una prueba.

Por esta razón, Abraham es considerado como el padre de la fe.

 

En este segundo domingo de Cuaresma se nos presenta un modelo para vivir nuestra fe confiando ciegamente en Dios. Entonces, preguntémonos: ¿confío ciegamente en Dios?, ¿o estoy agarrado a las seguridades que voy construyendo yo mismo, prescindiendo de Él?

 

En el Evangelio de hoy, que presenta la transfiguración, hay una frase de Jesús que me ha llamado mucho la atención y que tiene que ver con el ejemplo de fe del padre Abraham.

 

Cuando Jesús se muestra en su poder y los tres discípulos escuchan la voz de Dios, ellos se llenan de espanto, de temor, en otras palabras, de miedo; incluso físicamente cayeron de bruces, como queriendo ocultarse.

 

Esto me recuerda momentos de nuestras vidas en los que estamos en esta condición: sin esperanza y llenos de espanto. ¿Y qué sucede? Jesús se les acerca, digamos que les toca el hombro y les dice: «levántense, no tengan miedo».

 

En este segundo domingo de cuaresma, si logramos creer y experimentar este pequeño pasaje del Evangelio, sería un gran milagro, es decir abandonarnos en él.

 

En esta cuaresma, en medio de tanto ruido, oremos para que seamos capaces de reconocer la voz de Jesús que nos dice: «levántate, no temas».

Si lo escuchamos, si creemos en Él y si estamos abiertos a la esperanza, entonces también nosotros podremos alzar la mirada y reconocer a nuestro Señor, que ha venido a levantarnos y no a hundirnos más.

 

En el pasaje del evangelio de hoy Jesús sube al monte y se muestra en su gloria junto a Moisés, quien representa la Ley, y Elías, quien representa a los profetas. Esto quiere decir que Jesús es la plenitud y el cumplimiento del Antiguo Testamento.

Pero más allá de este significado teológico, aquí hay otro mensaje para nuestra vida de fe. El Evangelio dice que su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos eran blancos como la luz. Esa luz de Cristo no niega la cruz, pero sí cambia nuestra mirada.

 

Es decir, la transfiguración nos enseña a mirar a Cristo como nuestro Salvador, sin olvidar que su poder no niega el camino de la cruz. De hecho, Jesús transforma el escándalo de la cruz en un instrumento de redención. Así, él transforma nuestras debilidades en motivos de redención.

 

Pidamos al Señor, en este segundo domingo de cuaresma, tener otra mirada para experimentar su presencia en nuestras vidas. Que podamos reconocer su presencia y su voz, que pronuncia nuestro nombre y nos dice: «no tengas miedo, levántate».

POR ARIEL BERAMENDI

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