Homilía para el Domingo de Resurrección. Pascua 31 de marzo 2024
Hermanos y hermanas en Cristo,
Si te pidiera que pintaras un cuadro sobre este evangelio, ¿qué colores usarías?
Imagino que, si yo tuviera que pintar y resumir en un cuadro este evangelio sobre la Pascua, usaría en primer lugar una base totalmente oscura como la noche. Pondría un punto blanco y dorado como la boca de un volcán durmiente, y luego, en ese fondo negro, dibujaría una línea delgada de color claro que desde una esquina se dirigiera hacia el punto luminoso; esa línea representaría a María Magdalena.
Dibujaría una línea de color, directa, de un solo pincelazo, que desde la oscuridad se dirige hacia el punto luminoso. Luego trazaría otra línea más gruesa, lentamente, también dirigida hacia el punto luminoso, que semeja un volcán.
Y terminaría este cuadro imaginario haciendo explotar el volcán, porque desde ese punto luminoso comenzaría a cubrir todo mi lienzo con colores cálidos, pinceladas doradas, amarillas, rojas, rosadas, celestes y verdes.
Y tú, ¿qué colores usarías en tu cuadro? ¿Dejarías aún algunos espacios negros o grises?
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En este día de Pascua, recordamos a los discípulos que corrieron hacia el sepulcro vacío, movidos por la confusión y la incertidumbre. Tenemos a sus discípulos: ninguno de ellos había entendido lo que sucedía, estaban todavía cerrados a la esperanza. María de Magdala, valiente y decidida, se dirige a la tumba al amanecer, y cuando ve que está abierta, corre en busca de ayuda y va a contarle a Pedro y a Juan. Sin saberlo, se convierte en la primera anunciadora.
Entonces los dos discípulos corren. El joven discípulo Juan, lleno de entusiasmo y energía, corre y llega primero a la tumba abierta, pero le falta el coraje de entrar. Después llega Pedro, con pasos más lentos por el peso de los años, pero con la experiencia y la seguridad de entrar en la tumba para entender qué está pasando. Y entonces el Evangelio nos explica la frase más importante: entró, miró, entendió y creyó.
Este evangelio es muy interesante porque está lleno de vida, de movimiento, de energía que nos impulsa a tomar conciencia de que somos cristianos vivos, en movimiento, anunciadores del resucitado.
¿Nos identificamos a veces con estos discípulos? En nuestras vidas de fe, debemos ser dinámicos, correr, no quedarnos quietos. Especialmente en el tiempo de Pascua, que el tiempo de la luz y la esperanza.
Así como hemos tenido un tiempo de reflexión en silencio, de abstinencia y sacrificio en la Cuaresma, hoy nos toca correr en busca del crucificado y estar abiertos a la esperanza, porque ya no lo encontraremos en la tumba. ¡Él ha resucitado!
Dios nos sorprende, aunque a veces no comprendamos sus caminos. No sabemos cómo nos salvará, pero en este Domingo de Pascua estamos invitados a dejarnos salvar, a abandonarnos en Él, experimentando la Pascua, su luz, y su potencia renovadora.
Dejémonos sorprender por la buena nueva de la Pascua, por la luz que ilumina la oscuridad y las tinieblas en las que a veces nos encontramos. Apresurémonos a superar conflictos y divisiones, y abramos nuestro corazón a los más necesitados. Apresurémonos a recorrer caminos de paz y fraternidad.
¡Feliz Pascua de Resurrección! Llenemos nuestro corazón de gozo, porque aquello que parecía el fin se transforma en un nuevo inicio.
¡Que la luz de Cristo resucitado ilumine siempre nuestro camino!
Por: P. Ariel Beramendi www.arielberamendi.com


