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Homilía para el domingo 23 del Tiempo Ordinario. 7 de septiembre de 2025

Homilía para el domingo 23 del Tiempo Ordinario

 

7 de septiembre de 2025

 

El Evangelio de este domingo nos habla sobre el precio que tenemos que pagar para ser discípulos de Jesús. Y tendríamos que preguntarnos:

 

¿Estoy dispuesto a poner a Cristo por encima de todo? ¿Acepto que esta misión comprometerá toda mi vida?

 

Jesucristo nos pide una respuesta radical y esto significa que, si un cristiano quiere seguir a Jesús de forma auténtica, tiene que aceptar las condiciones que Él nos pide.

 

No debemos asustarnos ni confundirnos cuando leemos en el evangelio de Lucas:

Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío“.

Esta frase no debe interpretarse de forma literal, pues las traducciones en otros idiomas no usan el verbo “odiar”. Sin embargo, la palabra “odiar” en este pasaje es una hipérbole semítica, es decir, una forma de exageración común en el lenguaje bíblico para enfatizar algo. No significa un odio literal, sino un amor comparativo. En la cultura hebrea, “amar menos” se expresaba como “odiar”.

 

Es decir, aquí no se trata de despreciar a la familia, lo cual sería contradictorio con el mandamiento “honra a tu padre y a tu madre“, sino que el texto quiere subrayar la importancia del discipulado.

 

Ser un verdadero discípulo de Jesús implica un sacrificio y una entrega sin reservas, y subraya que el amor a Dios debe ser el principio y el fin de todos los demás amores. Por ejemplo, en las familias existe el riesgo de que, por un amor mal entendido, los padres ya no eduquen a los hijos o, cuando llega el momento, no los dejen volar solos y aprender de sus propios errores.

 

Volviendo al Evangelio, Jesús está estableciendo la prioridad absoluta que un seguidor debe tener hacia Él. Es un llamado a una devoción total, donde el amor por la familia, el cónyuge o la propia vida se vuelve secundario en comparación con el compromiso con Cristo.

 

Jesús nos presenta dos imágenes: la construcción de una torre y la participación en una batalla. Ambos escenarios nos hacen pensar que tenemos que medir nuestras fuerzas, pensar antes de actuar y tomar decisiones que afectan nuestras vidas y la de quienes nos rodean.

 

En nuestra oración personal durante estos días, pensemos qué estamos construyendo en nuestras vidas: ¿qué fundamentos tiene la torre de nuestra felicidad?

 

¿O qué batallas personales estamos viviendo en nuestra vida y en nuestros proyectos personales?

La frase final del evangelio también es muy reveladora porque Jesús dice: “todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. Aquí Jesús nos está hablando del apego a las cosas. Todos sabemos que, a veces, ponemos nuestra alegría en cosas pasajeras y este domingo podríamos reflexionar y orar sobre qué realidades o qué cosas no me dejan ser libre, o incluso me esclavizan para no alcanzar la verdadera felicidad.

 

Pidamos al Señor que aumente nuestra fe para responder a Jesús con honestidad y que Él también nos ayude a seguir intentando ser verdaderos discípulos suyos. Él debería ser el centro de todo lo que somos y de todo lo que hacemos.

POR ARIEL BERAMENDI

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