26 de abril de 2026
Este domingo en la liturgia se conoce como el Domingo del Buen Pastor porque en el pasaje del Evangelio oímos esa alegoría de los labios de Jesús.
Hoy, en muchos lugares se reza por las vocaciones sacerdotales, no solo porque en Occidente las vocaciones son cada vez más escasas y a veces las soluciones, a largo plazo, crean otros problemas.
Cada mes el Papa invita a rezar por una intención y, casualmente, este mes de abril la intención del Papa León XIV fue la de rezar por los sacerdotes en crisis, es decir: “cuando la soledad pesa, las dudas oscurecen el corazón y el cansancio parece más fuerte que la esperanza”, y nos recordó que los sacerdotes “no son funcionarios ni héroes solitarios, sino hijos amados, discípulos humildes y queridos, y pastores sostenidos por la oración de su pueblo”.
Es necesario rezar por nuestros ministros de religión y alejarnos de la tentación de proyectarlos como superhombres, infalibles y perfectos.
Pero el Domingo del Buen Pastor también tiene un mensaje para nosotros.
Hoy en el evangelio se habla del Pastor, de la puerta y del portero; y es importante entender que Cristo es, al mismo tiempo, el Pastor, la puerta y el portero. Por eso Jesús hoy nos dice: “yo soy la puerta, quien entre por mí se salvará” y añade: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia“.
Si Cristo es la puerta, tenemos que atravesar esa puerta. ¿Qué significa esto? Es una exhortación a cambiar de vida, dejar nuestra zona de confort, o aquello que nos hace mediocres, que nos hace mal o que daña la relación con nuestros hermanos… Con la ayuda de Dios tenemos que salir de esas situaciones y pasar por la puerta de Cristo.
Al atravesar la puerta que es Cristo, entramos o salimos hacia una realidad mejor, por eso Él nos aclara: “quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos”, eso es lo que hemos repetido en el salmo: “El Señor es mi pastor, nada me falta”.
Recordemos que Cristo nos empuja a salir al encuentro de los hermanos y llevar la luz del evangelio a quien lo necesita, entonces, el cristiano debe ser una persona de “puertas abiertas”, no cerradas herméticamente. Si cerramos nuestra fe en una caja fuerte, se apaga, pero si la compartimos, crece.
El pastor verdadero entra para sacar a las ovejas del recinto donde se han quedado para estar protegidas; y otro mensaje del evangelio es que el Señor nos invita a salir de los recintos mentales, de las visiones estereotipadas, obtusas o que siempre están a la defensiva. Nos invita a salir de las lamentaciones, del “siempre se ha hecho así”… y nos invita a acceder en la lógica de Dios, por ejemplo a abrir nuevos caminos de evangelización.
El Buen Pastor llama a cada una de sus ovejas por su nombre “y las conduce afuera” y ellas reconocen su voz. Es decir, Jesús nos conoce íntimamente y nos llama por nombre (imagina que Jesús pronuncia tu nombre). Sin embargo, a veces, estamos aturdidos, bombardeados de noticias, de contenidos que modifican nuestra conducta. Estemos atentos, porque también hay un ladrón que viene a robar, a matar y a destruir.
Paremos un momento y preguntémonos: ¿Señor, reconozco tu voz?
Pidamos la gracia de escucharlo, de ser capaces de cruzar la puerta y salir al encuentro del hermano.
Repitamos: “El Señor es mi pastor, nada me falta”.
POR ARIEL BERAMENDI www.arielberamendi.com
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Lecturas de este domingo: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/04/26.html


