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Homilía para el Cuarto Domingo de Adviento 2025

 

21 de diciembre de 2025

 

Llegamos a las puertas de la Navidad. Nos hemos preparado por cuatro domingos y la Palabra del Señor nos ha presentado constantemente algunos personajes: escuchamos al profeta Isaías, vimos a Juan Bautista que anunciaba a uno más grande que él, contemplamos a María y a José.

Este domingo, de manera especial, vemos a José, que no dice nada, sino que más bien actúa.

Pero tenemos que recordar que los evangelios no son una narración cronológica ni un diario cronológico de la vida de Jesús. Sí son la Palabra de Dios revelada, y su objetivo es transmitir la verdad histórica y salvífica de Jesús.

En pocos días celebraremos la Navidad, el 25 de diciembre, pero no lo celebramos como un reportaje histórico, sino que lo celebramos como un misterio. Es decir, celebramos la venida del Hijo de Dios, celebramos que Dios se hace hombre.

Y la elección de la fecha del 25 de diciembre es debido a la elección del solsticio de invierno, simbolizando que Jesús, la luz del mundo, vence las tinieblas, y los días comienzan a alargarse.

Desde nuestra fe, también la concepción del tiempo es distinta. En nuestras celebraciones de Navidad siempre decimos que “Cristo ha nacido hoy”, que “hoy ha llegado la salvación a esta casa, a este mundo… a esta vida”.

El tiempo desde nuestra fe no es un “chrónos” (es decir, un tiempo medible), sino un “kairos”. La teología toma prestados estos dos conceptos griegos para explicar que el “kairos” es el momento propicio, es el tiempo de salvación.

Así, al acercamos a la Biblia, a la liturgia, a la oración y a las prácticas religiosas, lo hacemos desde la fe y no solo desde la razón.

En la Biblia, cada personaje tiene un rol en la historia de la salvación; por eso, estos días hemos celebrado la Inmaculada Concepción de la Virgen, hemos escuchado a Isaías que profetizaba que la virgen concebirá a un niño, y este domingo se nos presenta a José, como esposo de María y papá adoptivo de Jesús.

Al terminar el tiempo de Adviento, el mensaje maravilloso es que también nosotros tenemos un rol en la historia de la salvación, porque podemos ser instrumentos del Señor.

En el caso de San José, lo vemos como el hombre justo, que no desea dañar a su novia que ha quedado en cinta antes del matrimonio, por obra del Espíritu Santo.

Detengámonos en una característica de San José: el hombre del silencio y fuerte, recibe el mensaje del ángel mientras duerme y, cuando se despierta, realiza la voluntad del Señor y desde ese momento protege a María y al niño que está pronto nacerá.

La enseñanza es que Dios se comunica con quienes tienen un corazón en paz y disposición para escuchar, incluso en el descanso.

El Papa Francisco tenía una costumbre muy linda: a veces ponía un papelito con una oración debajo de una pequeña imagen que tenía de San José durmiendo. Aquello era un recordatorio de que no todo depende de nuestro esfuerzo frenético, sino de saber “descansar en Dios” y permitir que Él actúe mientras nosotros confiamos nuestras preocupaciones a su cuidado y a su voluntad.

A pocas horas de la Navidad, estamos dentro un ritmo frenético de comida, regalos, música, gente que va y que viene, ¿por qué no miramos a José, que a pesar de tanto ruido puede dormir y escuchar el mensaje de Dios, que actúa incluso mientras descansamos?

Amén.

POR ARIEL BERAMENDI –   SUMATE A MI CANAL DE WHATSAPP

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