InicioAnálisisHomilía para el 3er Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Homilía para el 3er Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

 

25 de enero de 2026

 

Desde el año 2019, cada tercer domingo del Tiempo Ordinario celebramos el Domingo de la Palabra de Dios. Esta jornada fue instituida por el papa Francisco para reafirmar una vez más la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida personal y comunitaria de los creyentes.

 

Su objetivo es volver a poner la Palabra de Dios en el centro de la vida eclesial, promoviendo la difusión y el conocimiento de la Biblia, para evitar que el corazón de los fieles permanezca frío.

 

En palabras sencillas, es un recordatorio para leer y aprender un poco más de la Palabra de Dios. ¡Que las Biblias en nuestras casas no estén llenas de polvo!

 

 

Que su Palabra alimente nuestra fe.

 

Hoy, en la primera lectura y en el Evangelio, se nos recuerda que la región de Galilea había experimentado la guerra y el destierro. Se explica que la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí caminaban en las tinieblas. Las tinieblas son símbolo de confusión, de error, de sufrimiento y también de muerte.

 

El orden mundial está cambiando vertiginosamente y parece que hoy el mundo camina en tinieblas. Seguramente también en nuestra vida personal existen espacios de oscuridad.

 

Pero, la Palabra de Dios nos asegura que Cristo, el Hijo de Dios, irrumpe con su luz y quiere iluminar todos los rincones de nuestra existencia.

 

Por ejemplo, en la liturgia de la Vigilia Pascual, el sábado por la noche, el cirio pascual entra en la iglesia, que está totalmente oscura, y desde esa llama los fieles toman la luz y la comparten, hasta que toda la iglesia vuelve a estar iluminada. De la misma manera, el mundo necesita la luz de Cristo.

 

Dejarnos iluminar por Cristo es la historia de la salvación, es decir, transformar las tinieblas en luz, la muerte en vida, la esclavitud en libertad, la enfermedad en sanación.

 

Jesús comienza a predicar lejos del centro religioso de su tiempo. No inicia en Jerusalén, sino en Galilea, una tierra de gentiles, marcada por la marginación y por la oscuridad.

 

Cafarnaúm, una ciudad de cruce de culturas, es el lugar que Jesús elige como punto de partida para anunciar el Reino. Desde allí llama a sus discípulos y realiza muchos milagros. Por eso Jesús es conocido también como “el galileo”.

 

Cuando Jesús enseña que “el Reino de Dios está cerca”, quiere decir que nuestra salvación no es algo abstracto ni utópico, sino algo cercano y que se concretiza gracias a los cambios que hacemos en nuestra vida.

 

Eso es lo que sucede con los primeros apóstoles. Jesús les dice: “Vengan detrás de mí y yo los transformaré”. Aquella gente no era gente muy sofisticada pero dejan sus redes, dejan a su padre y comienzan a caminar con Él.

 

Jesús nos sigue llamado hoy y si queremos seguirlo, nuestra respuesta no puede ser pasiva, pensando que basta solo con escuchar el llamado. Tenemos que actuar.

 

Nosotros no podemos salvarnos con nuestras propias fuerzas, ni resolver todos los problemas. Pero debemos estar atentos a Dios quien aparece en nuestra “Galilea”, en nuestras dificultades, en nuestras confusiones, en nuestra vida; e ilumina nuestras tinieblas. Pero para que Él actúe, debemos estar disponibles y responder de manera concreta, aunque sea con acciones, sencillas.

No perdamos la fe. La luz de Cristo está a las puertas de nuestra vida. Dejemos que entre, que ilumine y renueve allí donde todavía hay tinieblas. Amén.

 

POR ARIEL BERAMENDI

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