Santa Cruz

Homilía del Cardenal Terrazas, 13-02-2013

Comenzamos con esta primera eucaristía de la Cuaresma dejando bien claramente establecido que el recibir hoy el signo de la ceniza no es como recibir una pintarrajeada en los días de carnaval.

Las pinturas que se venden, se botan y se estrellan, demuestran más que una cultura una falta de ella, eso se puede hacer solo con el disfraz carnavalesco.

La cuaresma no tiene nada de eso y por eso comienza con un signo tan sencillo y tan humilde para recordarnos que estamos iniciando el camino hacia la pascua, para recordarnos desde nuestra fe que nosotros no hemos nacido para detenernos un tercer día de diversiones sino para caminar hacia la Jerusalén celestial hemos cantado, hacia alá es nuestro caminar y hacia allá es que tenemos que mirar con esperanza y también pidiendo a nuestro Dios que esto se cumpla con rapidez.

Los gestos de sencillez nos muestra la grandeza de un Dios que hoy a través de la Iglesia nos va a poner un poquito de ceniza en la frente no para mancharnos o para pintarnos, sino para que recordemos que en nuestra vida que hay que jugarse en la sencillez de cada día para lograr contar  con el abrazo extraordinario  de un Dios que nos ama como Él se ama para que realmente toda nuestra dignidad sea aceptada por Él y  por todos.

La sencillez, creo que hoy también nos anima a comenzar este camino pascual la actitud del Santo Padre Benedicto XVI. Podemos tener muchas razones para opinar por el si o por  el no a la renuncia del Papa, aunque la renuncia del Papa no necesita ni la aceptación de nadie ni del aplauso de algunos que piensan que ese es el camino en el que deben terminar los grandes.

El Santo Padre acaba de dar el mensaje más elocuente en sus ocho años de Pontificado. Alguien que estuvo al servicio de la Iglesia, que aceptó ser el servidor de todos los servidores en la Iglesia no da este ejemplo, nos da  este signo; no se cree ni inmortal ni insustituible y para eso se necesita valentía, para eso se necesita clarividencia, para eso necesita un alma y un espíritu abierto a los desafíos que puedan venir y multiplicarse e todavía en un mundo que estaría  feliz si la Iglesia no dijera ninguna palabra,  si la Iglesia callara, si la Iglesia no dejara de anunciarnos el evangelio de la vida en medio de la muerte, el evangelio de la justicia en medio de  tantos egoísmos, el evangelio  del amor de Dios más  que de los odios y  rencores provocados, comprados por mucha gente que se deja arrastrar   hacia la tumba de una humanidad sin vida.

Ahí está Benedicto XVI recordándonos hoy al iniciar esta nuestra cuaresma de este año que el evangelio nos produce frutos donde  hay buena tierra aunque sea humilde, aunque sea poca pero que produce frutos.

Queridos hermanos y hermanas, hoy vamos a recodar esas palabras que la Iglesia nos hace escuchar: “convierte  y cree en el evangelio” pero convierte te no es una palabra sola, asilada; no es una invitación al lloriqueo, no es una invitación a estar solamente suspirando por los días de vanidad, de odios, de rencores o del caos que han transcurrido a lo largo  y ancho de  muchos de nuestros países.

No es un lloriqueo el arrepiéntete, es un cambio, es tomar nuestra vida en serio, es tomar nuestra vida en nuestras manos y decirle al Señor:  tal como tengo mi vida en este instante no es la vida que tú quieres; es mirarnos a nosotros mismos para poder descubrir la bondad de nuestro Dios que nos quiere de otra  manera, que nos quiere de otra forma, que nos quiere más humano en medio de tanta  deshumanización.

Conviértete, es volver atrás, es volver a recordar que somos hijos de Dios y que si estos días, algunos felizmente no todos han estado más apegados al príncipe del mal en estos días, hoy nosotros tenemos que reconocerlo eso y pedirle a nuestro Dios aquí estamos Señor, recupera tu imagen en nuestras vidas, has que seamos lo que tú deseas y no lo que un mercantilismo barato nos ha hecho, nos ha comprado o nos ha vendido.

Conviértete y cree, cree en el Evangelio, acepta en este Año de la Fe tenemos que tomarlo también en este aspecto, acepta esta Buena Noticia que ha traído Cristo el Señor, creer no es llenarnos la cabeza de palabras bonitas o de cánticos muy agradables, creer es aceptar lo que el Padre nos dicho de sus Hijo y en su Hijo nos ha dicho que somos hijos del mismo Padre y  que tenemos una dignidad que nada ni nadie tiene que borrarla y la mejor noticia el Hijo de Dios que viene, que viene a borrar nuestro pecado y que viene no haciéndolo con fuerza física, sino con una convocatoria a dejarnos llenar de la bondad de Dios manifestado en su Hijo.

Queridos hermanos y hermanas esto es lo que vamos a escuchar hoy “conviértete y cree en el Evangelio” pero hazlo con sencillez……. Si vas a dar alguna limosna que no se entere tu mano izquierda lo que hace la  derecha, que no se aplaudan las cosas hechas cuando hay obligación de hacerlas donde no somos más que administradores de los bienes de toda la humanidad para bien de todos, no necesitamos esos aplausos fáciles que muchos buscan en contra de la sencillez con que nos ha llegado el Evangelio de Cristo, si quieres hacer algo de bien no lo publicites, no andes buscando concentraciones, no te hagas el Dios imponible  en estos tiempos. Creo que estas es una lección muy grande para todos, para todos en el mundo, para todos en Bolivia, para todos en Santa Cruz, si quieres hacer el bien hazlo en silencio.

Si quieres orar entra a tu cuarto y ora ahí sin que nadie te esté mirando ni aplaudiendo por eso, sin que no te sigan los canales de televisión allá donde vas para decir alguna palabrita que más o menos quiere salvar la situación de un mundo que reniega de Dios constantemente por sus actos, por sus palabras, por las acciones que constantemente cometen para evitar que los valores del evangelio sigan reinando en nuestros corazones.

Hermanos y hermanas, creo que la palabra del Señor es muy clara  en este día, ahora oráculo del Señor “Conviértanse a mí de todo corazón”, con ayunos, con llantos, con luto, conviértanse a mí de todo corazón, este es el mensaje que debería despertar hoy a los que duermen, que debería llamar la atención a  aquellos que perversamente se han olvidado de su dignidad y de la dignidad de los otros.

Conviértanse de todo corazón esto es lo que deberíamos procurar en este camino cuaresmal para que cuando lleguemos a celebrar la semana santa no lo hagamos con otro disfraz sino con una conciencia clara y un corazón abierto a lo que Dios quiere realizar en nuestras vidas.

De todo corazón vamos a invocar también la fuerza y la acción de gracias sobre la persona der Benedicto XVI, a él Bolivia le debe muchas cosas, a él Bolivia últimamente lo tiene que reconocer, lo ha animado enviándole cinco nuevos Obispos, a él tenemos que agradecerle por esta deferencia, por esas palabras siempre amables con las que nos ha recibido y nos ha animado a continuar el servicio de la Iglesia boliviana.

Dos grandes intenciones, la Iglesia Universal en  este momento llamada a realizar un rol extraordinario, la Iglesia Universal en este momento caminando hacia la Jerusalén celestial. AMÉN.