Análisis

Habemus Papam

La sensación de sorpresa entre los fieles  fue generalizada, la carta de renuncia al pontificado leída por el Santo Padre, ha dejado a lo largo y ancho del planeta una estela de muestras de oración, afecto y comprensión por la decisión del líder de la Iglesia.

A las 20:00 horas del último día del mes de febrero, el Cardenal Camarlengo asumirá temporalmente los destinos de la Iglesia Católica, las habitaciones en las que mora el Santo Padre, serán selladas y el anillo con el que rubrica sus documentos pontificios será destruido.  Con este último acto, el pontificado de Benedicto XVI habrá concluido.

Entre tanto irán llegando a Roma los miembros del Colegio Cardenalicio que están en edad de votar y que han sido convocados para  participar del Cónclave que comenzará entre los días 15 y 20 de marzo y que tendrá la misión fundamental de elegir al sucesor de Pedro en la tarea para la que, según dijo S.S. Benedicto XVI, se requiere “vigor tanto del cuerpo como del espíritu”.

En este Conclave 2013, el Cardenal Ratzinger con 85 años cumplidos queda fuera del grupo de 117 cardenales que están en edad de votar y elegir al nuevo Sumo Pontífice. Cuando el  planeta vea humo blanco y se escuche la frase más esperada: “Habemus Papam”, la “incredulidad” de la que fue presa la feligresía del mundo al igual que las especulaciones acerca de los motivos por los que renunció S. S. Benedicto XVI y las premoniciones sobre quién podría ser el sucesor de Pedro, habrán terminado.

 

Alejandro Cossio