Santa Cruz

HOMILÍA DEL CARDENAL TERRAZAS, 10-08-11

Muy amados y queridos hermanos y hermanas, recordamos aquel congreso eucarístico extraordinario que movilizó a toda nuestra ciudad de Santa Cruz, para recibir entonces con generosidad y entusiasmo a todas las delegaciones que llegaron del país entero. Hoy 50 años más tarde podemos decir que ese sembradío del congreso se manifiesta: En una aceptación extraordinaria no ya de 60 mil personas, sino de cerca de 2 millones en la ciudad. De todo el país, para pensar en todo el país y para hacer que esta nuestra patria produzca siempre los frutos de la verdad y de la vida al servicio de todos y de cada uno de los hermanos. Esto nos pide el Evangelio.

Pero miramos también de cerca la persona de ese santo extraordinario San Lorenzo, quien se anticipó con su ejemplo a enseñarnos que vale la pena dejar que la vida se acabe, para que esta vida sea repartida en abundancia para todos los que la necesitan. Ese hombre que acepto la palabra y que dejo que esa palabra produzca frutos, es la hora en que el Santo entrega su vida por amor al Señor y no por otros motivos.

Tenemos pues razones por demás para escuchar hoy al Señor con atención que vuelve a repetirnos esa enseñanza extraordinaria que iba dirigida de manera especial a los discípulos, pero también a la gente que lo seguían; y lo seguían no solo los judíos de entonces, también habían grupos de otros pueblos, que querían escuchar al Señor, que querían hablar del Señor, que a lo mejor deseaban hacerles preguntas acerca de tantos milagros y de tantas cosas que había hecho por su paso por la vida.

El Señor habla con claridad: Y Les aseguro que si el grano de Trigo que cae en la tierra no muere, queda solo. El Señor esta hablando ya de ese paso extraordinario de su muerte, para reconquistar la vida, que es la que nos llega a nosotros atreves de su palabra, atreves de nuestra celebración eucarística, pero tengámoslo bien claro: Les aseguro que si el gramo de Trigo que cae en la tierra no muere, queda solo. Este es el peligro de nuestra fe, es el peligro también de muchas de nuestras celebraciones, que escuchamos la palabra y nos entusiasmamos pero no dejamos que muera la semilla vieja para que aparezca la planta nueva agradable a los ojos de Dios.

Es muy importante hoy para nosotros, al recordar nuestro congreso eucarístico, que nos pidió de manera extraordinaria que vivamos unidos, que seamos uno en cristo, que es el libertador, que es el que puede darnos una unidad sin acudir a los métodos de represión o de amedrentamientos. Es Él; Él que nos habló durante esos cinco días de congreso, que recalco y nosotros hemos dado algunos pasos seguramente, pero estamos llamados hoy a seguir dando pasos muchos más contundentes, porque esa unidad que ha soñado el Señor, esa unidad que a impetrado la iglesia de aquel momento, esa unidad sigue siendo débil en medio de nosotros.
Tenemos que dejar que muera la semilla para que se produzca la vida y no nos quedemos aislados, solos sin saber cuál es el rumbo de nuestra propia existencia.

Pero si muere dice el Señor da muchos frutos. Yo creo que es el llamado de ahora, a que dejemos que esa semilla que el Señor, que es el que da la semilla entre en nuestras vidas, penetre en nuestras comunidades, se haga realmente un testimonio de clara opción por el Señor, con todo lo que Él nos pide y a pesar de todas las circunstancias que a lo mejor nos pueden doler.

Que seamos uno, esta es la oración que tenemos que hacer, porque necesitamos de ese cristo que nos vuelva unir, necesitamos de esa palabra del Señor que nos llama constantemente a realizar en nuestras vidas lo que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo realizan todos los días de la existencia, la vida en unión, la vida en caridad, la vida en comunión entre todos los creyentes y entre todos los que conforman el pueblo de Dios, y entre todos aquellos que buscan a lo mejor un poco a tientas donde está el reino de Dios, como se lo puede construir también en otros ambientes.

El Señor nos invita a que seamos capaces de renunciar a nuestra propia vida: Aquel que se apega a su vida la perderá, llamado fuerte mis hermanos, llamado que debe hacernos temblar, acaso no es más fácil quitar la vida a los otros, acaso no es más rentable hacer que la vida de los otros se deshumanice constantemente. Hay que saber dar la vida, entregar la vida entregar la vida, para que así seamos recibidos también y amados por el Padre.

No solo hay que dejar que muera la semilla vieja, hay que ser capaces de entregar la vida y esto con entusiasmo, con un signo de alerta y de esperanza en estos momentos en que parece que la vida no cuesta nada, a veces nos escandalizamos porque a lo mejor un animalito ha sufrido por ahí, pero el aborto que se hace a cada rato, los crimines que se cometen a cada rato, las matanzas que suceden en muchos de nuestros lugares y en muchas partes del mundo, Es eso lo que tenemos nosotros que sentir, que los seres humanos no están siendo respetados en su dignidad y en su vocación de mejor vida para todos.

Y por último el Señor nos llama al servicio, el que quiere servirme que me siga, el que quiere servirme que me siga. El Congreso Eucarístico y la persona de San Lorenzo nos pidieron esto: Espíritu de Servicio, que en Bolivia desaparezcan – ya entonces se hablaba así – de todo aquello que nos separa, aunque sean grandiosas y extraordinarias las cordilleras que tenemos, no pueden ser un obstáculos para que realmente podamos estrecharnos las manos y vivir como hermanos en esta tierra bendita que el Señor nos ha entregado.

El que quiera servirme, y donde Yo este estará también mi servidor. No nos llama a desesperarnos, no nos llama a precipitarnos en cualquier lugar, nos llama a seguirlo a Él y Él nos va a llevar por el camino de la paz y de la vida, a todo eso que anhelamos y que deseamos para nosotros, para nuestros pueblos, para nuestra patria y para todo el mundo.

El que quiere servir será honrado por mi Padre, esa es la perspectiva, esa fue la perspectiva de nuestro Congreso Eucarístico, y eso de alguna manera ha entrado en el alma y el corazón de esta Iglesia de Santa Cruz, porque ese amor al Señor en la Eucaristía, que se lo palpa y se lo puede experimentar aquí en nuestra Catedral o en nuestros Templos, quisiéramos que vuelva a fomentarse, a fomentarse en todas nuestras Capillas y Parroquias, en todos los centros de culto, la capacidad de dedicarle al Señor unos minutos, para hablar con Él, para agradecerle a Él, para tener esa luz que necesitamos, cuando hay tantos que siguen perseverando en la multiplicación de tinieblas y oscurantismo.

A eso llego también San Lorenzo, a ser el servidor, no el servidor de los grandes discursos, el servidor de una práctica que no hizo más que calcar, en su vida y en su estilo de servir la vida y el estilo del Señor: Amar de verdad al que necesita de nuestro amor. No permitir que nadie muera de hambre; no permitir que nadie sea despreciado; defender aquel que realmente es criatura de Dios y defenderlo con claridad y con valentía.

Hermanos, tenemos muchos motivos para que esta fiesta vuelva a marcar, vuelva a marcar la marcha de nuestra Iglesia, al lado de Jesús en el Sacramento del Altar, con un amor intenso hacia Él. Y teniendo siempre presente el ejemplo de nuestro Santo Patrono San Lorenzo aquel que tomo en serio la palabra, aquel que dejo que el Señor hiciera su obra en él y que repartiera esa obra en abundancia para bien de tanta gente que sufría en su tiempo. Hoy hay gente que sufre, hoy necesitamos testimonios valientes de amor al Dios de la vida y de amor al Dios de la Libertad. Amen.