Santa Cruz

Homilía del Cardenal Julio Terrazas, 30-05-2013

Amadísimos hermanos y hermanas:

El Señor hoy que ya durante mucho tiempo viene convocando a su pueblo.

En aquella reunión que tuvo el Señor eran cinco mil personas que había que darles de comer. El Cardenal se encuentra en apuros porque acá hay más de cinco mil y creo que es importante que todos, los que están presentes y los que están en sus hogares, los que se han hecho eco de que esta fiesta tiene que acontecer el paso pascual del Señor reciban el alimento de la vida, el alimento que no se echa a perder fácilmente que no se lo acumula para cobrar más después. Es el alimento de la vida que el Señor nos da.

Una de las características más grandes de nuestro Señor es que hablaba a las multitudes con claridad no con promesas fáciles y vacías de contenido espiritual sino con palabras que tienen celebrar la vida de todos y cada uno sin marginar a nadie.

Hoy el Señor dice que hablaba a la multitud acerca del Reino.

Queridos hermanos, desde hace años que iniciamos esta convocatoria al Estadium y no fue para hacer bonitas decoraciones ha sido para que escuchemos el mensaje del Reino, el del Padre que nos ha enseñado Jesucristo.

Hablar del reino no es tan fácil cuando se habla de tantos reinados o acontecimientos a los que revestimos de vanidades o revestimos de falsas promesas. El Reino de Dios es la manera de Dios de actuar de hablar de estar con su pueblo para sacar a todos de las esclavitudes de la injusticia del pecado de la muerte.

Ese Reino enseña el Señor con palabras y hechos, devolvió la salud a los que tenían necesidades. Devolvió no los anotaba en los libros, también levantaba a los muertos y enfermos y enseñaba a la multitud a cambiar de actitud a cambiar de manera de pensar.

Estaba allí 5000 hombres, era tarde y estaban en lugar desierto. Para comprender lo que significa lo que estar en desierto hay que vivirlo, experimentarlo, sentir que no solamente es la falta de plantas y agua también los desiertos se han multiplicado en nuestras multitudes, desiertos donde no se respeta la vida donde se condena a los que tiene pensamientos renovados, los desiertos que se hacen especie de carceletas para forzar confusiones que no tienen que ver nada con la verdad y el respeto a las personas.

Se han multiplicado los desiertos pero hoy el Señor viene a hablarnos a nosotros a quienes nos gusta la diversión, el estar sin problemas; ese también es un desierto cuando no hay lugar para que brote los pensamientos y valores humanos.

Sin embargo la multitud, el pueblo sin valores, el pueblo ve multiplicarse los lugares de reclusión de manera inhumana, el pueblo que constata que el pan solamente alcanza para quienes han logrado un beneficio especial, el desierto de la incomprensión de la persecución que no se hace como en tiempos pasados pero que se ataca a la dignidad de las personas para impedirle caminar impedirles ser lo que el Señor quieren que sean hombres y mujeres que tiene vida abundante.

Esa gente que escuchaba al Señor necesitaba alojamiento, necesitaba pan y los apóstoles van y le ponen le problema al maestro: que hacemos??…

Acá viene la enseñan más grande para las multitudes, grupos grandes, sociedad: denles ustedes de comer…

Son ustedes los que tienen que partir y compartir el pan, son ustedes los que tienen que hacer alcanzar lo poco o mucho que haya en beneficio de todos, son ustedes lo que tienen la fuerza, de la razón y la voluntad para trabajar por el bien de los demás.

No entren en el engaño de aquellos falsos mesías que todo lo hacen discurso que todo lo hacen promesa y que nunca han cumplido sus promesas y que siguen sumiendo a la mayoría en la ignorancia o el seguimiento que no corresponde a las personas de bien.

“Denles ustedes de comer”.

Se asustaron los discípulos, imagínense ustedes hermanos que yo diga a este grupo de sacerdotes que les de comer hoy. Ellos se vieran en apuros.

El desafío del Señor siempre incomoda pero es el reino de Dios. No es un espacio de espejismos de somnolencias, el reino de Dios es la manera de actuar en medio de nosotros pero con la responsabilidad de hacerlo con los demás para que en nuestra sociedad desparezcan tantos signos que se oponen a la verdad, la vida, el amor, la solidaridad, la paz y libertad a la que todo ser humano tiene derecho.

Es tarea difícil la metodología muy humana: “hagan que se sienten”…

Parece que siempre ha sido una llamada actualizada a nuestra sociedad. Hay que sentarse a dialogar. La solidaridad verdadera que llega al corazón del otro es la que surge de un dialogo fecundo de una amistad, de amor de verdad.. No es el pan que podemos traer a la fuerza de otras partes no es el alimento echo rencor que a veces llena a algunos pero vacía el corazón de jóvenes y niños.

La necesitamos hoy, aquí lo tenemos este ejemplo de treinta cinco mil personas sentadas para escuchar al Señor y escucharnos entre nosotros, para poder percibir esa manera que tiene nuestro Dios que nunca le va a decir a su pueblo siéntate y escucha los insultos que han inventado, las calumnias que han inventado, los odios quieren que se siembren y que lleguen a todas partes.

Saber sentarse para comer el pan de vida supone que tengamos vida y no signos de muerte entre nosotros. Solo así podremos entender esto del Señor: Bendijo los cinco panes y dos peces, se los dio a los discípulos y les dijo repártanlos ahora, los repartieron y quedaron doce canastos de restos de pan. Alimento suficiente para alimentar a los pueblos que entonces estaban esperando palabras de vida.

Eso es lo que nosotros tenemos que hacer queridos hermanos, es eso lo que nosotros deseamos también. En unión con toda nuestra Iglesia en Bolivia presente hoy con el presidente de la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB) presentes nuestros hermanos de El Alto con la presencia de Monseñor Eugenio Scarpellini, presente las Iglesias del Oriente con Monseñor Antonio Reiman, presentes todos nosotros para decir aquí estamos Señor listos a compartir y a repartir el Pan de la Vida a aquel que no se haca a perder, a aquel que tiene hambre y ganas de vivir con dignidad.

Yo quisiera terminar esta reflexión mis queridos hermanos con ustedes y para toda la Iglesia en Bolivia, especialmente para nuestra Iglesia en Santa Cruz. Siempre la celebración del Corpus nos ha servido para hablar del Señor y de sus exigencias ya Pablo lo decía a los cristianos de Corinto: Lo que yo recibí del Señor y a su vez les he transmitido es lo siguiente, el Señor Jesús entrega su vida en forma de pan, entrega su sangre como signo de la alianza, entrega todo para que nosotros seamos capaceas de sembrar esa vida en medio de los sepulcros que se están inventando constantemente.

Beban de esta copa, coman este pan y tendrán vida, vida abundante para nuestra Iglesia con su nuevo Pastor Monseñor Sergio, vida abundante para todos los aquí presentes y los que nos escuchan, para que nos sacudamos de cualquier contagio o deseo de muerte que pueda venirnos o imponernos. La vida del Señor resucitado es la que necesitamos como alimento para que el reino de Dios sea un reno palpable y urgentemente construido por todos y para todos. Amén.