Santa Cruz

HOMILÍA DEL CARDENAL JULIO TERRAZAS, 28-05-12

Queridos hermanos y hermanas:

Hemos cantado con alegría ¡El padre nos envía el espíritu para toda la creación! que se difunda esa vida que es el espíritu en todos y cada uno de nosotros, en todos los lugares donde nos encontremos  y que El sea capaz de darnos la fuerza que necesitamos para hablar de aquellas cosas que le interesan a Dios, sin olvidar que lo que más le encanta a Dios es la dignidad de la persona humana, allí converge todo lo que se busque y, cuando falta este respeto a la dignidad humana tiene que levantarse la voz del espíritu para recordarnos que hay que doblegar nuestra mente al amor de Dios, que hay que  dejar que el espíritu nos purifique, nos renueve y saque del estancamiento en que nos encontramos.

Envía Señor tu espíritu y renueva la faz de la tierra.

Y tenemos que hacerlo esto mirando esta tierra, mirándola, contemplándola y agradeciendo al Señor que nos ha puesto en este lugar para que nuestro corazón y nuestra mente lo busquen solamente a Él y en Él se regocijen y en Él sientan la paz verdadera, profunda y urgente de alcanzar en nuestros días.

Nos acompaña en esta celebración el hermano Obispo Auxiliar de El Alto, Monseñor Fernando Bascopé. El viene de paso para participar con cuatro matrimonios de Bolivia  en el Encuentro Mundial en Milán, el va a estar en nombre de nuestra Iglesia, en nombre de las familias, de esas familias que ha creado el Señor, de esas familias que tienen un papel preponderante de vivir libres de ataduras, libres de pecados que se inventan a cada rato.

Esas familias nos van a recordar con el Santo Padre  a partir del sábado, que la familia es un proyecto de Dios y no fruto de algún sueño o delirio, es el proyecto de Dios que sea la familia, el centro, el germen, la célula donde se pueda encontrar los valores que necesita en la persona humana para vivir con dignidad.

A su lado está el P. Ezequiel Pérez, es el nuevo Vicario General de nuestra Arquidiócesis. Nos alegra tenerlo entre nosotros también hoy, porque él ha aceptado servir a la Iglesia desde esa responsabilidad llevando la Palabra del Señor no solo a su parroquia sino a todas las comunidades de nuestra Arquidiócesis.

Tenemos que mirar las otras realidades que son las que nos tocan constantemente al corazón, a la mente y al espíritu y que a veces producen alegrías  como el recuerdo de las mamás, pero también a veces nos producen temor, a veces nos producen miedo, y es lo que pasa cuando se lincha a una persona, volvemos a sentir esto como si fuera un valor de alguna comunidad el tomar la justicia por sus manos, quitar la vida al otro y peor todavía si después dicen que fue por una equivocación.

Nos duele que se multipliquen las pandillas, es un fenómeno que hace tiempo ya tendría que haber sido respondido con claridad por quienes tienen la responsabilidad con la sociedad. Pero más que contar el número de pandillas lo  que tiene que acongojarnos es que en esos grupos hay menores de edad, hay niñas de 11 y 12 años de edad. Hay un olvido total de lo que es la vida, e lo que hay que hacer como personas humanas.

Nos duele que siga encontrándose cantidades de droga.  Parece que nos estamos acostumbrando al crimen, al asalto, a la droga. Todo eso oscurece lo que podría ser alegría autentica y verdadera en nuestro medio. Evidentemente la alegría de celebrar a las mamás debe ser grande, debe ser profunda, debe ser una alegría que se expresa a lo largo de todo el año y no se reduce a una pequeña serenata en el día de las madres.

Tenemos que tener cuidado porque mientras esta madrugada a lo mejor, muchas madres han recibido el saludo de sus hijos, habrá que pensar en cuántas mujeres que son madres son violentadas constantemente durante todo el año, habrá que pensar que un día tan grande como este tiene  que llevarnos a valorar lo que es la maternidad y no dejarnos  llevar por quienes quieren celebrar el día del a madre pero luchan para que no haya más vida en los hogares.

¡El espíritu viene a renovarnos!

Cuando venga el paráclito, el consolador, el que les va recordar todo, el que los va a acompañar, cuando llegue Él enviado por el padre entonces van a sentir la verdadera  y autentica renovación.

El espíritu llega con fuerza, llega para que nosotros seamos capaces de ser testigos del Señor resucitado, “Yo soy testigo del Padre” dice el Señor, pero ustedes tienen que ser mis testigos en todas las familias, en todos los pueblos, en todas las naciones, porque hay que llegar a descubrir que ese espíritu que llega es la verdad.

A eso tenemos que llegar, a vivir la verdad y la verdad plena, llena de vida. ¿Y cuál es esa verdad plena y llena de vida? Es Cristo resucitado, es el Señor de la vida, es el autor de nuestra liberación del pecado, es el  que camino con nosotros: Cristo resucitado.

El mismo Señor lo ha dicho una vez: “Yo soy la verdad”. La verdad no es una palabra que hay que aprenderla de memoria, no es un concepto abstracto de esos que solo  manejan los que ha estudiado, los que son doctores, los que están licenciados de algo. La verdad  es Cristo, hombre y Dios que vino con una palabra de vida y no perdió su tiempo multiplicando discursos y ley que después nadie cumple; que llamo y convocó no obligando a nadie sino opfre3ciendosé El voluntariamente  para poder borrar todo aquello que nos separaba de Dios.

Es Él el que nos va ir hablando, nos dice la Palabra de Dios. Yo, dice Cristo, tendría muchas cosas todavía que decirles, pero no hay porque entrar en tantos detalles, el espíritu les va decir lo que tienen que hacer, el los va a preceder, el los va a acompañar, el les va a dar la fuerza, esa es la fiesta de Pentecostés.

Fuerza, vida, alegría, todo eso que nos da el espíritu a todos los creyentes, deseamos que se derrame en abundancia sobre las mamás, ellas que tienen conciencia de su vocación de cooperación con Dios; se derrame sobre las familias para que no entre en dudas ni se pretenda igualar otro tipo de uniones a las que Dios ha dado una finalidad concreta.

El espíritu es fuerza, acabamos de escuchar en el libro de los hechos como ha llegado con fuerza. Estaban reunidos los discípulos, todos  en el mismo lugar y allí de pronto vino un viento, un ruido y un fuego, un ruido fuerte que despertó a todos los que estaban reunidos fuera, el viento como lenguas de fuego, el fuego que purifica cae en la cabeza de los apóstoles porque se trata de algo  nuevo, hay que saber pensar de forma distinta, hay que saber amar de forma distinta, hay que saber salir con ímpetu para defender la verdad y la vida.

Esto es lo que cambia el corazón  la mente y los labios y comienzan a hablar y comienza a enseñar y esa multitud que venía de todos los pueblos de entonces se quedó admirado.

Porque los escuchamos hablar en diversas lenguas, estos son de Galilea un pueblo conocido,  ¿De dónde sacan esa sabiduría para hablar lo que quiere nuestro corazón?,  porque no están hablando de cosas que no se van a cumplir sino estaban hablando de las maravillas de Dios.

Ese Dios que había resucitado a su Hijo, ese Hijo que nos envía al Espíritu y ese Espíritu que viene a cumplir la promesa que nos hizo el Señor.

Inspiración del Espíritu de Dios

Para Pablo es bien claro la presencia del Espíritu: Los exhorto para que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, Pablo habla a los primero cristianos allí donde había entrado también abusos, olvidos, pecados, pecado personal y social, allí -dice Pablo-,  no se olviden que ustedes deben caminar según el Espíritu.

El Espíritu del bien que nos lleva a superar nuestras debilidades y dificultades para poder con toda conciencia no solo hablar de Dios sino construir lo que nos encomienda en su misión.

Los frutos del espíritu malo

Pablo dice: todo lo que es fruto del espíritu malo, fruto de la mente es llena de podredumbre por el mal, allí Pablo les dice todas las cosas que van contra la persona misma, contra el cuerpo pero también contra la sociedad.

Las violencia, los odios, los rencores, los resentimientos, el veneno que se sigue sembrando por algunos lugares    para llenar los corazones de odio a otros hermanos; resentimiento que tratan de hacer que la dignidad de un grupo se basen en un recuero estéril del pasado y se olvidan que el Señor camina hacia el espíritu de la paz y la justicia.

Fornicación, impureza, supersticiones, enemistad,  pelea,  rivalidad,  violencia, ambiciones discordia;  esta lista Pablo la podía repetir entre nosotros hoy.

Pablo podría decir que esto se cumple y lo hacemos entre nosotros porque ya no dejan que el Espíritu los guíe y prefieren  enredarse a aquello que nos hunde más en lugar de sacar a la faz de la tierra  la fuerza renovada del Espíritu que llegue a todos.

¿Qué significa seguir el camino del Señor?

Primero tener conciencia de que nosotros estamos con Él, y que el Vienen para implantar en medio de  nosotros ese reino de paz justicia que el Padre ha pensado para ustedes.

Hay que sembrar este espíritu, hay que decirlo, trabajarlo. Amor alegría paz, afabilidad, fraternidad, bondad y confianza, mansedumbre,  esperanza, ahí está esto es lo que  el Espíritu quiere producir, amor.

Cuando se idolatra al odio o la venganza no estamos siendo llevados por el espíritu de Dios.

Alegría cuando se convierte en un objeto mas del mercado como pude acontecer con el día de la madre que se reduzca solo a cosas compradas.

El espíritu no habla de otra alegría, la de ser, la alegría de mirar al que está preso, la de convivir como hermanos, la paz.

Cuantas veces lo hemos dicho: el cristiano es que le trabaja por la paz pero la paz que responsabiliza, que construye por todos, no es la paz por la quietud de un cementerio no es la paz paz que debe ser construida con toda nuestra vida.

Magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza todo esto se va perdiendo, basta que escuchemos algunas frases que se dicen a través de los medios de comunicación, todo es sembrar desconfianza, burlarse  del prójimo, acallar al que no habla como ellos donde está la afabilidad, la bondad la confianza.

Nos estamos deshaciendo por nuestras desconfianzas, nos estamos quedando en todo lo que es maldad,  prepotencia,    juicios que condenan a cualquier persona  o institución.  Mansedumbre y templanza.

Hermanos esto es importante que lo sepamos, estos son los frutos del espíritu,  el espíritu no  es alguien que esta revoloteando, es alguien que está para que nosotros construyamos todo esto que le interesa Nuestro Padre  y nos encomienda realizar porque El nos quiere portadores de vida y esperanza para que podamos un día abrazarnos a la vida del Padre eternamente, para que nuestra  esperanza sea firme y sepamos que el miedo y el terror no nos pueden abatir sino que tenemos que superarnos con la fuerza que el Espíritu del Señor nos da.

“Si vivimos animado por el Espíritu dejémonos conducir por El”. Ese es el consejo que da Pablo a los cristianos de los primeros tiempos.  Esta palabra la pronunciamos en nombre del Señor para todas nuestras comunidades, para todas las mamás, para toda la sociedad, para toda Bolivia entera.

Dejemos que este Espíritu de vida entre la vida de nuestro pueblo para que sea una vida que no está amenazada y no puede ser quitada a merced del primer postor.

Esta palabra la decimos con cariño también a nuestros hermanos de Chuquisaca que todavía celebran su fiesta.  Que este Espíritu nos guie, el espíritu de la verdad, la vida, la paz y la justicia para que se acaben  los practicantitos  que destruyen a un pueblo y comiencen a pronunciarse palabras de fraternidad, amor y paz entre todos. AMÉN.