Santa Cruz

HOMILÍA DE S.E. CARDENAL JULIO TERRAZAS, 02-09-12

Amados y queridos hermanos y hermanas:

Hermanos todos que están unidos a esta celebración en sus hogares, en los campos y ciudades. Esta celebración que nos coloca frente a la responsabilidad primera de nuestra fe: Alimentarnos, alimentarnos de la palabra de Dios, esa palabra que da vida, nos lleva al encuentro definitivo con el Padre, esa Palabra que es luz en medio de tantas dificultades, esa Palabra que es justicia verdad, para tantos que están buscando estas realidades.

Eso es lo que este mes nos pide la iglesia, no nos pide desempolvar la Biblia, nos pide disposición y dejarnos atrapar por esa Palabra que nos da la vida de Dios que nos conduce a tener un corazón y mente diferente a lo que estamos usando día a día muchas veces mezclado con el mal, la insidia el pecado.

Aquel que no sale al encuentro de la Palabra no está caminando, aquel que no percibe que la Palabra lleva al amor de Dios y del hermano, aquel que no percibe eso se queda vacío se queda con una fe de costumbres, fe de repetición estériles y nosotros estamos llamados a aceptar la Palabra y aceptarla como una ley que nos da libertad, no como leyes que se utilizan para callar y perseguir.

La ley de la libertad

Se resume en el antiguo testamento en lo preceptos de Dios, ahí está Moisés que  habla, escucha Israel: No se trata de aprender de memoria sino de percibir que es una palabra viva que viene de Dios y quien escucha esta palabra viva escucha y recuerda a quien la está diciendo.

Cuando nuestros padres nos dicen una palabra, cuando los amigos  nos dicen una palabra no la recordamos porque está escrita sino por el tono, la modalidad, la oportunidad en que ha sido pronunciada.

Escucha Israel

Vamos a entregarte par que las pongas en práctica las normas que te da el Señor, esa es la   primera  inquietud de nuestro Dios, nos entrega su mandamiento no para tenerla guardad sino para practicarla porque practicando esa palabra se adquiere la vida. Así va ir al encuentro de aquella promesa que Dios les hace con la tierra prometida.

Escucha Bolivia hoy esta palabra que te va a dar vida en medio de tantos signos de muerte, esta palabra que te va a dar  esperanza de que lo malo no va  a perseverar para siempre. Esta palabra puede cambiar tu existencia en un testimonio claro de la vida de Dios en medio de nosotros, pero no en una vida para encerrarla no una vida para intoxicarla sino una vida que nos llevara a la tierra prometida que nos llevara a una tierra de la verdad y de la vida la justicia la fraternidad.

No añadan ni quiten nada.

En medio de la multiplicación de normas y leyes que se hacen en todo el mundo y de manera especial en nuestro país ¿Eso nos hace más sabios, nos hace una nación más prudente, nos convierte en un ejemplo de convivencia y amor entre nosotros?

Es la  pregunta  tenemos que hacernos nosotros como miembros  de esta comunidad, de esta tierra, de esta nación y hacernos también como hermanos la misma pregunta para que entre todos trabajemos a fin de que la sabiduría en vez de las tonterías de cada día se imponga en nuestro caminar, a fin de que la prudencia nos lleve no a condenar al otro sino a buscar los caminos de su salvación para que entre todos podamos gozar realmente de esa libertad que el Señor nos ha traído.

Nos anima el profeta a pensar en la cercanía de Dios, ese Dios que camina con nosotros no un Dios lejano,  esa es la envidia de las otras naciones. Es el Dios de la vida y la vida abundante.

No añadan nada a la ley

El evangelio el Señor aclara de que lastimosamente ciertas costumbres, ciertas leyes pasajeras hechas por los hombres  ha comenzado a hacer que la ley de Dios no se cumpla, la ley del Señor este arrinconada y nos dejemos esclavizar por cosas que se hacen solamente de manera externa para aparentar y parecer, sacarse la foto y  armar espectáculos y  que no tienen nada que ver con la vida de Dios y la vida de nuestro pueblo.

Jesús tiene que clarificar porque él viene a dar plenitud en la ley para que no se queden en las tablas de la ley sino que hagan testimonio claro en cada corazón en cada conciencia humana.

No falta quienes dicen que si no hacemos esto o aquello no estamos construyendo una patria para todos sino a lo mejor buscando disidencias para crear conflictos y quedarnos enredados   en ellos sin solución alguna.

El evangelista aclara: los fariseos y el pueblo judío habían hecho de lavarse las manos una costumbre tan fuerte, una costumbre que impedía la libertad y además distorsionaba hacía pensar mal, hacía pensar que aquel que no se lavaba las manos estaba en pecado en contra de Dios.

Le pregunta a Jesús: porque tus discípulos no se lavan las manos antes de comer. La misma pregunta se puede escuchar de otra manera hoy: porque tus discípulos no acumulan piedras, porque tus discípulos no van con pequeñas estatuas a todos lados.

La respuesta del Señor es clara y contundente, Él sabe que le preguntan algo que ni ellos están convencidos  pero lo hacen por hipocresía.

La ley de Dios es ley de libertad, de amor de entrega, de justicia y de paz.

Llama a todo el pueblo y dice: “Entiéndanlo bien”,  –que palabras más lindas del Señor,   hoy también a   nosotros que a veces nos quedamos en la cosas externas, que nos engolosinamos con los grandes prodigios que se hacen a través de la técnica y nos olvidamos del Señor, de su palabra y nos dejamos llevar por slogans o criterios que son condenación para unos y liberación fatal de algunos de los prejuicios que se siembran en el país.

No todo lo que entra en la persona mancha. Ahí está la sabiduría de Dios. No todo lo que come el hombre mancha, lo que mancha lo que mata lo que vergüenza  es lo que sale del corazón lo que sale de adentro,  es lo que tiene fuerza mortal.  Es de eso lo que hay que lavarse porque de ahí, del centro del corazón y la conciencia del hombre vienen las mala intenciones, fornicaciones, los robos por más sofisticados que se hagan aun por internet y otro medio, el robo es robo y mancha el corazón la sociedad, y en una sociedad que se multiplican estos hechos se convierte en un ambiente donde todo lo malo es bendecido y aplaudido. 

Los homicidios manchan, en momentos en que acudimos a cada rato a contemplar muertos por todos lados por cualquier causa o motivo,  muertos en calles, en concentraciones en aquellas protestas que se hacen para esto o aquello. La muerte sembrada con tanta facilidad no es algo impuesto de afuera sino que viene de un corazón podrido de un corazón que no quiere convertirse a la vida de Dios.

Los adulterios, la avaricia, la maldad; es maldad que se disfraza de promesas pasajeras, esa maldad que consiste en poner tropiezos y piedras en el camino a los hermanos, esa maldad  que no descansa ni duerme sin hacer daño al prójimo, esa maldad que se generaliza  es una maldad que existe también hoy.

Los engaños las deshonestidades la envidia la difamación,  también viene de un corazón corrupto, de un corazón sin vida, de un corazón cadavérico que no quiere vida sino muerte.

El orgullo, el desatino, son palabras que las dice el Señor para hacerle entender al pueblo de Isrrael.

Y mientras siga saliendo esto  a borbotones y en cantidades extraordinarias tenemos que temblar, tenemos que ponernos atentos, estar lucidos para no dejarnos llevar por estas corrientes que van canalizando por un lado y otro a fin de sofocar a quienes no quieren vivir en esta servidumbre que tanto mancha y apalea la dignidad humana. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.

Más  tarde Santiago nos va recordar que todo lo bueno que viene de lo alto es para nuestro bien todo aquello que el Señor nos manda es para que existamos como personas nuevas no en la  maldad y odio del pasado sino en la presencia de dios que viene a traer su misericordia y amor si es que nosotros hacemos de nuestra fe una extensión de amor al hermano; es la condición.

Santiago lo dice: ustedes han sido recreados por la Palabra. Ya no son hombres viejos son nuevas creaturas.

Esta palabra de Dios ha entrado en ustedes para cambiarlos y transformarlos, esta palabra de Dios  no consiste solo en escucharla sino llevarla a la práctica y la práctica más corriente para el cristiano tiene que ser allí donde la persona humana  está siendo privada de su dignidad, allí donde no se tienen las condiciones para una vida justa, allí donde hay sufrimiento y dolor. 

Santiago pone dos ejemplos muy claros: allí donde están los huérfanos y las viudas que eran el símbolo del sufrimiento en ese tiempo.

Hoy tenemos que abrir los ojos, donde están esos signos que destruyen la dignidad del hombre, en los discursos, las promesas, las realizaciones, las diversiones, en el “no me importismo” de la verdad y la vida.

Creo que es importante que retómenos esto para tener una conciencia clara de lo que nos toca vivir.

Hermanos y hermanas, esta palabra de Señor nos vuelve  a recordar que es la ley de nuestro Dios, en que consiste esa ley,  nos vuelve a recordar que el Señor Jesús ha venido a darle una amplitud grande, ya no es la ley escrita en tablas de piedra, nuestra ley está escrita en el corazón y desde el corazón tenemos que ver donde el hombre está  sufriendo, donde la persona humana no es respetada y vamos a tener la capacidad crítica de saber decir las cosas que no nos gusta con altura y de saber decir las cosas que están bien,   también reconociendo lo que se hace de bueno pero jamás  complicándonos donde se pronuncian palabras donde la mentira el odio y la venganza se hace el pan de cada día.

Tenemos hechos que nos toca mirar con claridad. Esta iluminación nos tiene que hacer ver que hay ciertas cosas que viene de lejos.

Por ejemplo, eso del racismo y la discriminación no es un invento de tres medios de comunicación para arruinar la vida de los que están tranquilos, eso viene de lejos, viene como parte casi constitutiva del ser de nuestros pueblos donde el racismo y la discriminación han reinado, pero también debemos constatar que todo esto se ha acrecentado, últimamente de manera eufórica, de manera irracional para colocar los unos contra los otros.

Nuestra Iglesia constantemente pide que demos pasos cualitativos en nuestra fraternidad, que olvidemos todo aquello que nos puede hacer enemigos y dejemos que el Dios de la misericordia nos reconcilie los unos con los otros.

No habrá unidad  ni paz en el país sino hacemos el esfuerzo de encontrar la bendición de un Dios que quiere reconciliarnos,  la severidad de las leyes no es suficiente, la multiplicación de las cárceles tampoco es solución, lo que queremos es hombres y mujeres nuevos capaces de aceptar esa vida intensa de entrega solidaridad que dios nuestro padre nos comunica.

Ojala que en lugar de seguir multiplicando las cosas que nos separan seamos capaces de poner al servicio de nuestra patria todas sus instituciones para que entre todos busquemos que realmente  nuestras manos  trabajen por el bien de todos y no pensemos que algunos no tienen manos porque no están  con los poderes del tiempo actual.

Tenemos un gesto que debemos valorarlo también a la luz de la Palabra. Lo que ha hecho el gobierno de Chile con el indulto para esos hermanos nuestros, creo que tiene que ser tomado en serio por nosotros. Hay mucha gente que tiene la justicia retardada, hay mucho  amontonamiento en nuestras cárceles, una forma inhumana de vivir, por qué no pensar en indulto, por qué no abrir las puertas a aquellos que tienen ganas de reiniciar su vida por qué no extender este pensamiento de indulto  a un verdadero perdón  a todos los que se han equivocado, porque no podemos hablar de una amnistía que nos lleve a terminar con los abismos que construimos para no encontrarnos con el otro y rellenar esos caminos de odio para que reine la paz y la justicia para todos.

Queridos hermanos con esta Palabra de Dios vamos a celebrar esta jornada del peatón. Invitamos a toda la iglesia para que salga y marche no solo unas horas sino toda la vida, que lleve este mensaje a todos los pueblos y naciones con prontitud porque está en juego la vida de los hombres y la vida de la creación.

Por eso es importante que amemos todo aquello que es búsqueda para que nadie termine con la creación haciéndola objeto y no algo que pueda servir para todos. 
Aquello que en Bolivia se pronuncia con tanto cariño: el Tipnis,  tiene que hacerse realidad es nuestra vida, en nuestras existencias en nuestra patria, no atravesar el corazón matándolo sino atravesar los espacios de dolor de pobreza para llevarles realmente aquello que dignifica a nuestros pueblos y hermanos y esta es una labro que hay que realizar no solo en el Tipnis sino en los lugares donde se está depredando la naturaleza humana. AMÉN.