Tarija

Homilía de Mons. Angelo Accattino en la celebración de los 444 años de fundación de Tarija

Celebración de los 444 años de Fundación de la Ciudad de Tarija

4 de julio de 2018

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia no es indiferente a todo lo que en la sociedad se elige, se celebra y se vive, precisamente, porque la política, la economía, el trabajo, el derecho y la cultura no constituyen un ámbito meramente secular y mundano y por ello marginal y extraño al camino de fe señalado por Dios al hombre. Es por ello, que la Iglesia actualiza en los acontecimientos históricos el mensaje de liberación y de redención de Cristo, el Evangelio del Reino.

Nos los recuerda la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo: Gaudium et Spes: “Las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de todos los que sufren, son también las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo, y no hay nada de genuinamente humano que no halle eco en sus corazones”.

Hoy, en esta Capilla Loma de San Juan, nos hemos reunido precisamente para celebrar un acontecimiento histórico: los 444 años de fundación de esta bella ciudad de Tarija y lo hacemos con la participación de toda Bolivia y de toda la lglesia, la cual ve también en este evento histórico, cultural y social, un motivo para agradecer como comunidad creyente a Dios, dado que “ser Iglesia es ser Pueblo de Dios” (EG, 92), y por que el don de Dios se ha hecho realidad en Tarija, ciudad donde la fe ha echado raíces, ha sido cultivada y se ha fortalecido.

La fundación de esta ciudad nos recuerda a nosotros, creyentes, que el Evangelio nos impele a promover siempre una sociedad a la medida del hombre, porque es una sociedad a la medida de Cristo. Estas efemérides invitan a celebrar sí la fundación de la ciudad, pero invitan a celebrar también el hecho de que cada ciudadano ha puesto y pone el hombro para hacer de Tarija una ciudad siempre más humana, más conforme al Reino de Dios.

La fundación de una ciudad, llámese en este caso Tarija ha obedecido también a la necesidad de buscar el bien común, que es un bien que pertenece a todos y por todos debe ser fomentado. No puede prosperar una ciudad si esta olvida que el bien común es constitutivo de su significado y auténtica razón de ser de su subsistencia. O como bien dice el Papa Francisco: “No se puede ser felices sin la posibilidad de ofrecerla propia contribución, pequeña o grande, a la construcción del bien común” (A los participantes en la reunión nacional de la Federación de los Maestros del Trabajo de Italia, 15 de junio de 2018).

A muy poco serviría, de hecho, celebrar un evento histórico que fue fundamental para esta Ciudad si, a lo largo del tiempo sus habitantes no hubiesen cuidado de ella, del bienestar de todos los ciudadanos y de la custodia de su valiosa herencia cultural y religiosa.

Percibo que esta Ciudad ha sido y sigue siendo bien cuidada en todos sus aspectos esenciales, materiales y, sobre todo, espirituales. Es una ciudad que ha acogido desde su fundación la fe en Cristo. Y, entonces, “cuando una comunidad”, como la de Tarija, “acoge el anuncio de la salvación, el Espíritu Santo fecunda su cultura con la fuerza transformadora del Evangelio” (EG,1.1.6).

No está pues, fuera de lugar, tomar del libro de los Números, que acabamos de escuchar, aquella preciosa fórmula de bendición del Señor al pueblo de Israel y aplicarla hoy a esta ciudad:

Si, querida y noble Tarija: “Que el Señor te bendiga y te proteja que haga brillar su rostro sobre ti te sea propicio, te muestre su rostro y te conceda la paz”.

Lamentablemente también hoy asistimos al hecho que la humanidad prefiere la oscuridad, rechaza la luz verdadera, que es Cristo, porque sabe que la luz revelaría todas aquellas acciones y pensamientos que harían enrojecer o remorder la conciencia. Que hoy, al elevar a Dios el “Te Deum”, renovemos nuestro propósito de ser hijos de la luz, de un Dios a quien alabamos, reconocemos y veneramos juntos y con toda la creación.

Vivan en la luz y sigan construyendo y embelleciendo esta ciudad con el testimonio de los valores humanos y evangélicos vividos en todo contexto y en toda circunstancia. Fomenten principalmente la justicia la solidaridad y la paz.

Es el momento para mí de agradecer la gentil invitación que me hiciera SER Mons. Javier del Río Sendino, vuestro Obispo, que ha dedicado los doce años de su episcopado a cuidar de esta iglesia particular, amado y querido por todos, dentro y fuera de la esfera eclesial, seguramente por su extraordinario don de gentes. Que Dios siga bendiciendo su persona y su ministerio.

De manera particular saludo al Honorable Lic. Rodrigo Paz Pereira, Alcalde Municipal de Tarija, que, con amable gesto hacia el Representante Pontificio en Bolivia, me hizo llegar su amable invitación para participar de las actividades protocolares Programadas para esta fecha. Muchas gracias.

Saludo con el mayor gusto al Gobernador del Departamento, a todas las demás autoridades civiles, militares y policiales aquí presentes, que con su guía sabia y competente acompañan el desarrollo de esta Ciudad.

Saludo también a los ciudadanos tarijeños y los animo a defender los valores culturales y religiosos que Poseen. ¡Juntos defiendan lo que es propio y no se dejen arrebatar las riquezas que encierra la cultura “chapaca”! Entre ellas, la devoción a María la Virgen de Chaguaya.

Estoy seguro de que las celebraciones de estos días, con sus justas manifestaciones de alegría, no harán olvidar a los ciudadanos más necesitados, a los marginados, a los que viven en las periferias de esta ciudad. Éste es un gesto que Dios bendice con creces.

El recuerdo de la visita a esta Ciudad del Papa, hoy San Juan Pablo II, en el ya lejano 1988, permanezca en ustedes como una marca que los anime a vivir según el Evangelio, como una llamada a la santidad que el Señor hace, principalmente a los niños de ayer, adultos de hoy, que lo acogieron y que recibieron de él mucho afecto y una particular bendición.

Felicidades a todos y que la bendición del Papa Francisco que impartiré en su nombre, los colme de todo bien esperanza y Paz.