Santa Cruz

Homilía del Cardenal Terrazas 22-I-2012

Hermanos y hermanas:

Los presentes y los que nos acompañan nos siguen y oran con nosotros en sus hogares, en sus lugares de trabajo y allí donde corre su propia vida. Es importante cada vez que nos reunimos percibir cual es el deseo de la iglesia, de nuestra iglesia que se expresa en la oración, esa oración que se dice siempre al comienzo de la misa: Ordena nuestra vida según tu voluntad para producir frutos en abundancia. Ese es el pedido de la iglesia, el deseo de todos los creyentes, que Dios ordene nuestra vida y que seamos capaces de producir los frutos que el Reino de Dios ha traído para que nosotros lo hagamos conocer a todos.

“Muéstranos Señor tu camino” Es la plegaria que hemos cantado porque el peligro nuestro es que cada uno se busque su caminito se busque su senda, un lugar por donde escapar del encuentro con Aquel que cambia la vida, que desea que todos nosotros nos reconozcamos como hermanos.

Cuando Jesús se presenta y habla de Él dice: “Yo soy el camino” escucharlo a Él, seguir sus pasos, escuchar el llamado que nos hace constantemente: Vengan, vamos ha llegado el momento el tiempo de la salvación tenemos que ponernos todos en movimiento.

“El tiempo se ha cumplido” Esa es la palabra con la que el Señor comienza un tiempo difícil después del apresamiento de Juan El Bautista, cuando los ánimos estaban caídos, cuando la gente buena pensaba que ya no había nadie que pueda llamarlos a la conversión. Aparece Jesús en Galilea, empieza su misión en Galilea región que no era tan creyente, que se había fabricado dioses a su gusto, vivía cerca de los paganos, de la vida pagana. Eso lo tenían claro los judíos, ¿acaso puede salir algo bueno de Galilea? Era la convicción que tenían los buenos que vivían en Jerusalén, los perfectos que no encontraban maneras de poder dialogar con aquellos que no son tan perfectos como ellos.

El camino de Jesús Y ese Jesús comienza su enseñanza diciéndole al pueblo que ha llegado el momento de la salvación, que no hay que dejarse aplastar por nada ni nadie que no podemos dejarnos arrastrar a buscar solamente las compensaciones humanas barriendo todo lo que es espíritu y vida. Hay que empezar la etapa de la verdadera liberación.

“El Reino de Dios está cerca”: El reino de Dios instalado en la tierra para el bien de todos. Pero esto había sido desfigurado pues todos pensaban en un Reino de la fuerza, un reino de ilusiones, de palabras vacías, de venganzas, odio y rencores, en un reino para matar al adversario.

“Conviértanse y crean en la Buena Noticia”: El Reino de Dios no es una repetición de la mentalidad de los reinos que fabricamos, no es una fotografía del reino que tenemos que tener solo para consolarnos algunas veces. El Reino de Dios es dinamismo, vida nueva es comportamiento nuevo, relacionarse de una manera nueva con el hermano y tender puentes para que los pueblos no estén más separados sino unidos aunque sean diferentes aunque pertenezcan a diversas culturas. El Reino de Dios es el espacio en que el hombre se encuentra con su Dios y se encuentra con su criatura privilegiada que es la persona humana.

Esto supone cambios de manera de pensar. Pablo lo dice con claridad a los Corintios: Poco tiempo queda y entonces hay que cambiar, vivir como si no estuviéramos apegados a nada ni a nadie, ni buscando cosas que nos van a dejar atrapados, encerrados solamente en la tierra. Es importante vivir de otra manera.

El Reino de Dios pide eso, nosotros que estamos dentro no podemos repetir la mentiras del mundo, las vanidades del mundo, no podemos complicarnos con todo aquello que se opone a la paz, a la justicia, verdad, fraternidad, no podemos echar discursos de odio o rencor sino llamar como llama Cristo a todos a una reconciliación que permita vivir como hermanos.

Queda poco tiempo porque la apariencia de este mundo es pasajera. Así resumía Pablo este mensaje del Maestro: Conviértanse acepten la buena noticia….

Son palabras que nosotros también conocemos, que las vamos a escuchar muy pronto y que la hemos recibido como mensaje todos los miércoles de ceniza cuando nos acercamos a que nos pongan la ceniza en la frente:

Conviértete y cree en el evangelio: Esa ha sido siempre la fórmula que hemos utilizado porque no se puede seguir celebrando la Pascua quedándonos en el pecado de siempre y no se puede seguir al Señor escuchando discursos falsos cuando Él tiene la palabra de vida, la palabra que puede ayudarnos a caminar con dignidad y certeza de hacer el bien.

Él quiere trabajar por el Reino y viene a pedir una exigencia de compromiso nueva, clara y valiente: comienza a incorporar entre sus discípulos a quienes buscan ser constructores del Reino.

La exigencia del llamado: Mientras iba por la orilla del mar de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés, estaban trabajando, pescando y les dice “síganme” y ellos lo dejan todo y se van con Jesús.

Más allá encuentran a otros hermanos Santiago y Juan y les hace la misma invitación: síganme no solo en el mismo caminar y las mismas huellas, síganme en la propagación del proyecto de nuestro Padre que quiere a la humanidad construida de otra manera; y ellos también dejándolo todo lo siguieron….

Esa es la exigencia del Señor hoy para nosotros: Escuchemos que en medio de tantos reinos falsos se acerca el Reino de la verdad, justicia y amor, que nos sigue llamando como Iglesia y cristianos a que seamos los primeros en comprometernos con la causa de nuestro Dios.

Esto supone que el Reino de Dios no es un escape, ni una palabra bonita, es un cambio de vida que tiene muchas exigencias y requiere de mucha madurez y de valentía para poder realmente ponernos a construir estos valores del Reino en medio de tantísimos desvalores que van multiplicando y vendiendo a lo largo de nuestra vida.

El Reino de Dios es la irrupción, la entrada de Dios al Mundo. Es un Dios que viene a trabajar desde el corazón, no es un Dios que va a llegar rodeado de ejércitos muy adeptos a cualquier causa pero no respetuosos de la dignidad de las personas.

El Reino de Dios que está con nosotros, que camina con nosotros, ese Dios que dice miren: yo no les pido que escapen. No nos viene a sacar de la tierra o colocarnos en las nubes, viene a que trabajemos en el ambiente que nos toca vivir.

Ya decían antes algunos: hay que conocer la realidad en la que nos toca confesar nuestra fe y hay que cargar con esa realidad para llevarlas a pastos abundantes donde el Señor nos alimentara de vida y verdad.

La realidad que vivimos con aspectos positivos y negativos, tenemos que dar gracias a Dios por el gesto extraordinario de un papá que regala a su hija su propio hígado, ese es un signo del Reino, eso nos pide el Señor: desprendimiento total para que el otro tenga vida.

Este hecho en nuestro ambiente no es solo una cosa para cuidar, es un mensaje que nos toca para vivirlo con urgencia entre tantas necesidades.

Nos sacude urgentemente la noticia de que el dengue siga andando con tanta fuerza en nuestro país y de manera especial en nuestro departamento. Es otro llamado a que realmente despleguemos la solidaridad y asumamos nuestra responsabilidad para evitar que eso siga adelante.

Esto supone una manera nueva de pensar. Si estamos ocupados solo de los carnavales u ocupados solo de preparar esas fiestas que pasan con tanta rapidez dejando tanto dolor y sufrimiento espiritual y moral.

Vemos también ese grupo de hermanos que siguen haciendo ese esfuerzo por ser escuchados, los hermanos en situación de discapacidad son también un signo del Reino, es el Reino de Dios.

En nuestro camino vemos que se habla mucho ahora de la creación que nos toca cuidar, vemos que se ha despertado en todo el país una conciencia de lugares que tenemos que guardar que tenemos lugares que conservar porque la vida viene a través de todos esos ambientes y la vida no es solo para nosotros sino también para las futuras generaciones. Creo que nadie tendría que oponerse a defender la creación que el Señor nos ha dado.

En nuestro camino hay también luces, cosas extraordinarias, durante este mes en nuestra iglesia los presbiterios de La Paz. EL Alto, Cochabamba, Patacamaya, Coroico, Oruro, han estado tratando de sentir nuevamente esta Palabra del Señor. Nuestro presbiterio de Santa Cruz comenzará mañana su retiro, vamos a pedir para que tomen en serio esa invitación que renueva el Señor cada vez que nos convoca a un momento de oración:

Síganme… No seguir los caprichos, los ideales, sigan el camino que nos ha enseñado nuestro Señor.

Hay tantas cosas más tristes algunas como aquel hundimiento del barco o las matanzas que se hacen entre grupos humanos, triste la situación de muchos enfermos que no tiene un signo de solidaridad de aquellos que gozan de excelente salud.

En nuestro caminar este tiempo de inseguridad e incertidumbres, en nuestro caminar encontramos gente destruida por la droga y nadie tendría el derecho de defender todo eso cuando no es solo para llevar la droga afuera sino para consumir aquí adentro. Nos duele el joven drogado pero nos duele más una sociedad insensible que puede permitirse el lujo de no comer pan cada día pero de tener lo suficiente para comprarse droga.

Por supuesto que es malo que se multipliquen los productores de todas estas cosas que destruyen lo malo, en medio de toda la realidad a nosotros nos toca mostrar al Dios de la bondad y la vida y eso es lo que es difícil comprender y eso no lo entienden muchos.

La iglesia habla del pecado pero no quiere que se mate a los pecadores y no lo vamos a querer nunca porque nuestro Dios actúa por la vida aunque a veces con pruebas duras, actúa para que todos tengan vida y ofrece el tiempo necesario para que se conviertan quienes cometen errores o están al margen de las leyes humanas.

Tenemos que seguir mostrando al Dios de la misericordia. En la primera lectura nos llama la atención la manera de actuar de Jonás que tiene que ir a un pueblo que no cree a un pueblo que no es de Israel sin embargo tiene que sentir la convocatoria de nuestro Dios que le pide que vaya y hable de la conversión.

Esto es lo importante y Jonás al ver que Dios perdona a ese pueblo se revela y le pregunta a Dios ¿Por qué? si era un pueblo enemigo que no creía en Él ¿Por qué le perdona sus pecados y se olvida de sus amenazas? y Dios le aclara es la misericordia y el amor del Padre: olvidar lo malo para ponernos juntos a sembrar lo bueno, no lo bueno que cuesta menos o más en plata o en dinero sino lo bueno que hace que la persona no se arrastre ante otros sino que la persona sea respetada por su dignidad, que hace que ninguna persona sea utilizada ni para esto o aquello cuando con eso rebaja la dignidad humana.

Hermanos y hermanas el mensaje grande que no podemos olvidar y nos dice el Señor Jesús: “El Reino de Dios está cerca” Más adelante va decir “El reino de Dios está en medio de nosotros, Él Reino de Dios ya ha llegado” ¡Esa es la buena noticia! Se acabaron los reinos de opresión, los reinos de mentiras. Está el Reino de la verdad, de la Justicia, el reino del Padre que quiere que nosotros nos convirtamos en constructores de ese Reino y en seguidores de su hijo Jesús y nos dice: Él es el camino, Él es la verdad, Él es la vida. AMEN.