Santa Cruz

Homilía completa. Cardenal Julio Terrazas S. domingo 29 de enero de 2012.

Muy amados y queridos hermanos y hermanas, con entusiasmo hemos cantado el Salmo diciendo: Ojalá hoy escuchen la voz del Señor. Toda Asamblea dominical tiene una finalidad clara, escuchar la voz del Señor. Ojala que no desperdiciemos este domingo y que junto a todos los fieles de Bolivia que están unidos a nosotros a través de los medios de comunicación, podamos escuchar esa voz del Señor que es siempre una voz que nos va a encaminar hacia la búsqueda de lo mejor para nosotros y para nuestro pueblo; que nos va a encaminar a desarmarnos de espíritu a fin de crear especio de encuentro, espacios de fraternidad, de solidaridad.

Esa voz que nos va a hacer entender que no podemos nosotros contentarnos con repetir cosas muy bonitas pero sin cambiar la mente y el corazón.

En la oración de la Iglesia hemos pedido que le Señor nos haga capaces para poder honrarlos con todo el corazón. Aquí no hay escape mis hermanos, es al Señor al que tenemos que honrar con todo el corazón con toda la vida, y le pedimos también que nos ayude a amar a todos con amor verdadero.

Tenemos que sacudirnos un poco, porque parece que cada vez que se acerca una fiesta, parece que renace la amistad, el amor, la comprensión y al lado de esas cosas pasajeras, vamos consolidando la cultura del mal, la cultura del engaño, la cultura de los asaltos, la cultura de no preocuparnos por el bien común.

Yo creo que nadie de nosotros va negar el esfuerzo por la preparación de un carnaval en que siempre hay mucho de lujo, de belleza, de cosas que llaman la atención, pero por quedarnos preparando todo eso seguimos manteniendo una ciudad llena de basura, llena de escombros, una ciudad que parece dejada a la suerte de cada uno, una ciudad en la que ninguno de nosotros pone un granito de arena para decir: Yo no puedo dejar este recipiente de agua, yo no puedo dejar estas latas vacías en cualquier lado. Esa es la cultura del desorden y la suciedad que muchas veces no la miramos ni la vemos sino cuando hay emergencias por la salud del pueblo.

La Palabra del Señor hoy, es una palabra que nos va llevar a comprender cuál es la finalidad de la presencia del Señor en este mundo. El evangelista Marcos nos coloca hoy a Jesús en el comienzo de su misión: El ha venido a traer un menaje, el ha dicho que el Señor está cerca, El ha convocado a varios par que lo sigan; Hoy también El con rapidez va ocupar los lugares donde es más difícil que se escuchen las buenas noticas y donde la gente está acostumbrada a vivir sobornada o a vivir subordinada a todo lo que es escándalo a todo lo que es materialismo Puro.

Jesús entra a Cafarnaúm, ese va ser el centro de su trabajo, el centro de su apostolado…. El va a la Sinagoga, el lugar del culto de aquel tiempo y allí empieza a enseñar, en sábado, en la sinagoga, en Cafarnaúm y allí va ir con un lenguaje claro, con un lenguaje claro y la gente se pregunta

¿Quién es este que hablan tan bien y que habla con autoridad? No como los escribas, dice el texto con claridad, no como esos cultos vacías donde se habla mucho y no se dice nada, no se cambia nada, se acostumbra a la gente a aprender de memoria unas cuantas palabras que después no van a seguir para guiar y orientar sus propias conductas.

El pueblo se asombra porque esta escuchado una enseñanza que no se parece a las palabrerías de tantos que se creen salvadores en esa época, en esta época y seguramente también en el futuro. Multiplicar palabras por multiplicar no es signo de inteligencia, de poder llegar al corazón, al alma del pueblo de Dios, un pueblo que busca la verdad, la justicia y la Paz.

“Les enseñaba como quien tiene autoridad” Eso es lo que percibe el pueblo en Jesús, ese entusiasmo, esa capacidad de decir cosas profundas con palabras sencillas, ese don de llegar al corazón, al alma de cada uno, esa capacidad de respetar a los que piensan distinto, esa capacidad también de descubrir los males que bajo la forma de espíritus malignos o impuros habitan en medio de aquellos que escuchan la palabra cada sábado.

Allí hay uno, un hombre poseído, un hombre dominado por el mal, aplastado y pisoteado en su dignidad por el maligno. Y este es el que siente que ese entusiasmo que trae Jesús le va arrebatar sus campos de posesión y por eso es que pregunta ¿qué quieres de nosotros, has venido a destruirnos? Y después dice una confesión clara “¡Ya sé quién eres, tu eres el Santo de Dios!”.

Para eso sire la predicación profunda y clara de Jesús, para que quienes lo escuchen se liberen de todos los males y sean capaces de decir tú eres el santo de Dios, el hijo de Dios, tu eres el Dios de la paz, el Dios de la verdad, el Dios del amor, por eso estamos convocados todos a repetir estos gestos en nuestra sociedad….

Ojala el pueblo escuche la palabra del Señor, ojalá nosotros escuchemos esta palaba del Señor. Esa palabra que tiene que entusiasmarnos, pero que sobre todo tiene que darnos la capacidad de despojarnos del mal, de la posesión diabólica que muchas veces esta en nuestros corazones, dejar que el Señor ordene a ese espíritu del mal que se aleje, que deje en paz a ese pobre hombre.

Después que aconteció esto, todos se quedaron asombrados, y se preguntaban unos a otros y se preguntaban ¿Qué es esto? Está dando una nueva enseñanza y tiene autoridad.

¿Cuál es esa nueva enseñanza? .

La única en enseñanza que nos trae Jesús… que nuestro Dios en el que creemos, no lo podemos utilizar como un objeto, no es una palabra para echar discursos, no es una creencia para dejar a la agente atontada o atemorizada, no es un pretexto para decir que se esta cumpliendo un mensaje; La nueva enseñanza es que Dios es amor, es que Dios quiere que nosotros vivamos de amor, que no nos dejemos aplastar por las coas pasajeras, que seamos capaces de andar siempre con la frente alta y el corazón abierto para poder sentir al Señor y para poder sentir a nuestros hermanos.

Muchas veces en nuestros grupos no queremos cosas nuevas… El señor quiere respuestas claras, quiere que cada uno de nosotros no le dejemos al demonio esa confesión que es nuestra: Tú eres el Santo de Dios, eso es lo que tenemos que decir nosotros.

Cuando el bien de enraiza en la persona humana, cuando los frutos del Reino se palpan en nuestras comunidades, la fama de Jesús corre, ya no es un Dios para tenerlo escondido o para tener vergüenza de Él, es el Dios de la vida, el Dios de la libertad, es el Dios que dignifica a las personas, es el Dios que entra como una corriente de rio, con la verdad, con la vida abundante para todos., por eso es que no debemos asustarnos frente a los problemas y dificultades.

Jesús es el que viene a cumplir esa promesa de Dios, el es de nuestra raza, el es nuestro hermano, es de nuestro pueblo, viene a reunir a todo nuestro pueblo, el respeta a todos que se diferencia por sus culturas, por sus manera de pensar pero también es capaz de poner los puentes necesarios para que nadie entre en guerra con el otro y que todos busquemos la paz y la justica verdadera que va crear un pueblo que se ama y un pueblo digno de ser amado.

Es claro el Señor: Ese profeta les va a hablar en mi nombre, el les va decir las palabas que tienen que escuchar, si ustedes no escuchan yo les voy a tomar cuentas al final. Pero también nos advierte, no van a faltar los profetas que no habla de Dios verdadero sino que hablan de dioses falsos…

…. Dice el Señor: los vamos a condenar a muerte, porque nadie tiene que hacerse el profeta para seguir sembrando calamidades y destrozos sino el profeta de Dios es el que construye, el que edifica y que hace posible que el reino del Señor se vea, se palpe y se construya en medio de nosotros.

Esto supone pues una actitud nueva. Nos damos cuenta que la Palaba del Señor es siempre nueva, siempre tiene algún matiz que toca a cada uno en el corazón.

Tenemos que escuchar entonces con el corazón lo que Pablo decía a su comunidad de Corinto: Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes y nos da ese ejemplo de los que se preocupan de las coas del mundo y lo que tienen que preocuparse es de las coas de Dios y al final el va terminar diciendo, les he dicho estas coas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor.

Esa es la respuesta que el Señor espera y que Pablo la toma con tanta claridad y firmeza. No podemos vivir divididos, tenemos que tener como centro a Dios. No tenemos que dejarnos apagar por las dificultades o por los compromisos pasajeros que podamos tener. Tenesmo que ser capaces de hacer lo conveniente y hacerlo con una entrega total al Señor de nuestras vidas.

Queridos hermanos, esta semana nuestro presbiterio de Santa cruz, de Ñuflo de Chávez y alguno de Pando, han hecho un retiro espiritual para contemplar el proyecto de Jesús y su misión en la tierra ¿qué es lo que Él ha hecho y que es lo que nos toca hacer a nosotros?. Por supuesto que hablar siempre de lo que Dios, nuestro Padre ha querido que realice su hijo, es algo que tiene que entusiasmarnos. Yo creo que el presbiterio ha salido con ganas de enseñar a sus comunidades a que vivan el proyecto de Dios que no es el proyecto que inventan grupos por acá o por allá. El proyecto de Dios va mucho más a la vida misma más que a las coas que podamos tener.

El proyecto de Dios es el que nos va da r capacidad para ir cultivando la cultura de la comprensión, la cultura de la limpieza, la cultura de vivir como hermanos, la cultura de crear espacios de verdadera alegría, no artificiales, no pasajeros, no a costa del dolor y el llanto de muchísima gente. Que seamos capaces de hacer que aquello que con tanto orgullo se die en Santa Cruz “la fiesta grande” que sea una fiesta grande en valores, grande en hermandad, grande en solidaridad; quitándole quizás, otras pequeñas grandezas a las que tanto alabamos que no hacen más que denigrar y destruir la dignidad de la gente.

Sigamos entonces a este Jesús que con toda libertad entra en nuestros templos, en nuestra catedral y que está en nuestras calles y que está en todos lados para recordarnos que hay que cambiar y que no hay que dejarse dominar por ningún espíritu del mal, por muy favorecidos que se sientan algunos cuando dicen que sienten la alegría de servir al demonio. Nosotros no, nosotros servimos a Cristo, servimos a su causa y nos comprometemos con Él y entregamos nuestra vida como Él la ha entregado para que la vida en todos sea duradera, abundante y clara. AMEN.