Análisis

“Denunciar y oponerse al mal, con todos los medios lícitos para promover la justicia” Mons. Sergio Gualberti.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, pronunciada en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir el domingo 20 de julio de 2014.

Queridos Hermanos y Hermanas:

La lectura del libro de la Sabiduría que hemos escuchado es un elogio a Dios porque “es dueño absoluto de su fuerza”, condición que lo hace “juzgar con serenidad y gobernar con gran indulgencia”. Este texto está presentando una característica del reinado de Dios, de cómo Dios ejerce su poder sobre el ser humano, no con la opresión y despotismo, sino con serenidad, indulgencia y misericordia. Luego el mismo texto nos dice que Dios, con su manera de actuar, quiere enseñar a su pueblo que “el justo debe ser amigo de los hombres” y que quiere colmar a sus hijos de esperanza.

El justo en la Biblia es aquel que cree en Dios, que se reconoce criatura delante de Dios y que se relaciona con Dios como hijo. El justo es aquel que considera a las demás personas como hermanos, con igual dignidad sin ninguna discriminación, la persona que respeta al prójimo y en quien se puede confiar.

Jesús en su predicación retoma este mensaje del reinado de Dios, de cómo Dios ejerce su señorío sobre el mundo, lo anuncia como la Buena Noticia, y nos lo hace más comprensible y cercano, haciéndonos conocer que la identidad de Dios es la de Padre, el Padre bueno y misericordioso, como lo descubrimos en las 3 parábolas del Evangelio de hoy, continuación del texto del Domingo pasado.

Jesús con la 1ª de estas parábolas al presentar al sembrador que siembra buen trigo y a su enemigo que de noche siembra la cizaña, la mala hierba, quiere responder a unos interrogantes y dudas que circulaban entre sus seguidores, acerca de su misma identidad y misión. Los discípulos estaban perplejos y dudosos porque la manera de hablar y actuar de Jesús, no correspondía para nada a las expectativas que ellos tenían acerca del Mesías.

Según el pensamiento del pueblo de Israel y de los discípulos, el Mesías debía ser el juez definitivo que, ni bien iniciada su misión, debía eliminar el mal, los pecadores y malvados, e instaurar la comunidad de los puros, de los que fieles observantes de la ley de Moisés.

Jesús, por el contrario, con su predicación y sobre todo con su actuación, perdonando a los pecadores y comiendo con ellos, muestra una imagen de Dios muy distinta: la de un Padre misericordioso, “lento a la cólera y rico en piedad”, siempre dispuesto a perdonar a los pecadores. Por eso surge la duda: ¿Jesús será de verdad el Mesías?

Jesús contesta con esta parábola marcando el contraste entre la actitud del dueño del campo, que representa a Dios y los siervos identificados con los discípulos.

– Los discípulos: apurados, impacientes, nerviosos se dirigen al dueño: “Quieres que vayamos a arrancar” la mala hierba”. Ellos quieren eliminar de una vez por todas a los pecadores y malvados.

– Dios: paciente, sereno y sabio, “No, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar el trigo”… El Reino del bien y de la vida ha llegado y es una realidad ya presente y dinámica y que se va extendiendo, pero paulatinamente y no de golpe, además apunta a que todos se acojan a él. En verdad el mal y el demonio está vencido en sus raíces. Aunque no se vean signos grandiosos, y aunque sigan las consecuencias del mal y siga la presencia de pecadores, el maligno jamás podrá vencer a Dios, porque Él tiene la última y definitiva palabra.

También nosotros constatamos en nuestra experiencia esta manera diferente de ver las cosas de parte nuestra y de parte de Dios. Nuestra mirada muchas veces es sesgada, marcada por la lógica puramente humana y estamos muy prestos para juzgar y condenar. Dios en cambio, nos mira con amor de Padre, que sabe esperar y que cree hasta el final en nuestra capacidad de conversión. Tal vez estamos influenciados por los tiempos modernos que, especialmente en las ciudades, se caracterizan por el frenesí, la prisa de los resultados y de conseguir “todo y ahora”.

Cuántas veces en las manifestaciones de protesta en nuestro país escuchamos gritar repetidamente:”¿Cuándo? Ahora!”. Creo que seguimos escuchando esos gritos porque las promesas de políticos de una pronta solución de los problemas, puntualmente van acompañadas de otros tantos incumplimientos y decepciones.

Ante la injusticia y la maldad, nos gustaría que Dios tuviera posiciones claras y rápidas: los buenos de un lado y los malos del otro. Es una tentación muy presente en nuestra vida personal y también en nuestra sociedad, dividida entre distintos bandos enfrentados entre sí, cada cual acusando al otro y creyendo tener los argumentos válidos para eliminarlo.

Es la tentación de volvernos “opresores” en vez que “liberadores”, faltos de misericordia ante los que no piensan como nosotros o que se equivocan. La indefinición y los tiempos largos provocan inquietud y miedo. Vemos cada día que el bien tiene dificultad en abrirse camino porque no llama la atención, mientras que el mal parece desbordarse de manera prepotente, ya que los MCS, para captar audiencia, lo presentan con sensacionalismo y hasta con morbosidad.

Las parábolas y la 1ª lectura del libro de la Sabiduría nos invitan por tanto a actuar como Jesús y cómo Dios, que manifiesta su poder e omnipotencia en juzgar con bondad, que nos gobierna con mucha indulgencia, que espera con paciencia nuestro arrepentimiento y conversión. (1ªLect.) “Tu Señor eres bueno y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor…” (Sal. 85). Su paciencia no es pasividad, tampoco es solo espera del día del juicio para después castigar más severamente, no, la voluntad de Dios es de salvarnos a todos.¿Esto significa de que debemos tolerar todo y dejarnos arrastrar por la lógica del mal, porque Dios es misericordioso y todo lo tolera?

NO! Hay que denunciar y oponerse al mal, con todos los medios lícitos para promover la justicia y reprimir la opresión y la violencia, pero, al mismo tiempo, mirar con los ojos bondadosos de Dios a los pecadores.

Esta es la manera de actuar de Jesús conforme a los caminos del Dios de la misericordia, como nos indican también otras dos parábolas:

Es el camino de la pequeñez y el silencio,comoel granito de mostaza y la levadura. El claro contraste entre el pequeño grano y la levadura y el árbol y la masa del pan que de ellos resultan, nos hace entender que el Reino se construye al comienzo con medios pequeños, cotidianos, pobres, pero que va extendiéndose como un gran árbol, porque tiene en sí la gran fuerza capaz de revolucionar la historia.

El camino de la paciencia laboriosa y optimista. Es necesario compartir el optimismo de Dios que actúa con una eficacia superior, aunque, como he dicho antes, más misteriosa y escondida de la del demonio. Asumamos la manera de actuar de Dios que no interviene enseguida en la historia del hombre para condenar, sino que espera pacientemente, con la seguridad que al final de la historia el mal será eliminado y el bien triunfará para siempre. Y esta victoria del Reino de la vida ya está en marcha por la muerte y resurrección de Jesús, es “ya pero no todavía”, una realización verdadera pero parcial y no todavía completa, proceso en el que Dios sigue actuando y construyendo.

Es un don de Dios y nuestra esperanza se alimenta por l seguridad de la presencia del Espíritu Santo que viene en ayuda de nuestra debilidad y que intercede por nosotros con “inefables gemidos”(2ª Lectura). Es esperanzador saber que somos parte de un proyecto ganador, el proyecto del Dios de la vida y esperanza. Esta certeza nos da la fortaleza para no cansarnos y seguir siendo parte del proyecto de Dios, de su Reino que se va instaurando en la historia.

Termino con las palabras del Papa emérito Benedicto XVI: “Nuestro mundo está cansado de la codicia, de la explotación y de la división… de falsos ídolos y respuestas parciales, y de la pesadumbre de falsas promesas. Nuestro corazón y nuestra mente anhelan una visión de la vida donde reine el amor, donde se compartan los dones, donde se construya la unidad, donde la libertad tenga su propio significado en la verdad, y donde la identidad se encuentre en una comunión respetuosa. Esta es obra del Espíritu Santo”.

Amén.