Análisis

Gonzalo Quisbert: Después de 50 años del concilio Vaticano II

El concilio vaticano II, es uno de los sucesos más importantes que la Iglesia universal ha celebrado. A partir de este gran acontecimiento, se da inicio a una nueva etapa en la vida eclesial. La Iglesia preconciliar (antes del concilio), tenía puesta la mirada en “el solo”: Sola Scriptura, sola Gratia, solus Christus”, se podría decir que esta visión era muy distante de la realidad social, es más, la realidad social era sinónimo de pecado y para agradar al Señor uno tenía que huir y quedarse en un espiritualismo, manteniendo la imagen de una iglesia que se aferra más a las estructuras tradicionales.

Gracias al vaticano II, “la Iglesia se abre hacía el mundo moderno y comienza a valorar la participación de los laicos”. En aquel entonces, el mundo vivía muchos cambios y la apertura de la Iglesia era novedad para todos, tanto es así, que Juan XXIII, en sus encíclicas habla de hombres y mujeres de buena voluntad, es decir “el designio de Salvación abarca también a los que reconocen al Creador, desde distintas religiones” (LG 16). Es de suponer que la Iglesia, en cada época, no puede quedarse atrás delante de los cambios de la realidad social.

Juan XXIII, observando la realidad actual, hace un llamado a las autoridades internacionales de buscar la paz y la solidaridad entre los países. Pablo VI continua con esta reflexión, en su encíclica popolorum progressio (PP), y habla del “desarrollo de los pueblos y muy especialmente el de aquellos que se esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades, de la ignorancia; que buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización, una valoración más activa de las cualidades humanas (laicos)”. “La cuestión social ha tomado una dimensión mundial” (2,3). Posteriormente Juan Pablo II, invita a la Iglesia a abrirse, acoger al mundo moderno y encontrar a Cristo en esa realidad social, sin embargo no todos han aceptado esta invitación.

Del Vaticano II hasta ahora, han transcurrido muchos años y, veo que hay dificultad de asumir la novedad del Concilio; preferimos quedarnos en una Iglesia tradicional donde el obispo o sacerdote, tenga el poder absoluto y que los laicos sean subordinados, o sencillamente reducidos a una simple escucha; sin embargo, Dios ha puesto también en ellos dones y talentos para fructificar. Pienso que hay miedo de perder el poder y protagonismo de parte de los líderes religiosos, ya que los laicos muchas veces son más dinámicos y harían tanto bien a la Iglesia.

No debemos olvidar que Cristo se encarnó en una realidad social concreta, y no podemos vivir fuera de esa realidad. El concilio Vaticano II, en el decreto Gaudium et Spes, dice: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a las vez de los discípulos de Cristo” (GS 1). La iglesia, no solo debe velar por la doctrina cristiana, sino, debe encarnar el anuncio del Evangelio en la realidad social. Este es el gran desafío desde hace 50 años.

Cuando eligieron al Benedicto XVI, una de las preguntas que hicieron fue que si habrá un tercer concilio, pero, el Santo padre con su perspicacia de pastor de la Iglesia universal dijo, que “era necesario comenzar a aplicar el concilio vaticano II”. Esta es la realidad, aún no se ha aplicado la novedad que el concilio nos ha traído para todos los creyentes. A nivel de los sacerdotes, nos toca salir al encuentro del hermano/a, y compartir sus sufrimientos, sus esperanzas. Además, permitir que los laicos sean parte activa de misión continental del cual habla el Documento de Aparecida. El peligro puede ser, clericalizar a los laicos o ser clericalizados los laicos; En estos tiempos en donde se tiene menos vocaciones, los laicos deben tomar protagonismo en la vida de la iglesia con sus talentos, sin usurpar funciones que a los pastores les corresponde.

Al papa Francisco, algunos lo llaman como “el papa revolucionario”, por su cercanía a los más pequeños; él habla de que la Iglesia debe ser “el hospital del campo de guerra”; “una Iglesia volcada enteramente a la misión – salir a las periferias existenciales”. Por su gran capacidad de comunicar, todos los medios siguen qué dice y que hace el sumo pontífice. En dos años y medio ha hecho muchas cosas, pero, podemos decir que no hay nada nuevo en el pontificado de Francisco. Su cercanía a la realidad social brota de la novedad del Concilio, él no ha hecho otra cosa que aplicar el concilio vaticano II. El Santo padre, ha tenido la posibilidad de participar en las conferencias generales del episcopado latinoamericano, el ultimo fue Aparecida, y es uno de los papas que no participó en el Concilio Vaticano II, pero es un gran conocedor. La invitación está de que podamos aplicar en concilio en nuestras actividades pastorales, a pesar de que algunos pastores de la Iglesia no están de acuerdo con los cambios del papa Francisco, prefieren cuidar y si es posible defender el poder, la comodidad y la estructura de la Iglesia que dar continuidad al Concilio Vaticano II.

 

(P. Gonzalo Quisbert)