Análisis

Gastar la vida en favor del prójimo, eso, es vivir

“Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen, hacer un favor al que no va a devolverlo; gastar la vida es lanzarse aun al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo”. Estas palabras del Padre Luis Espinal, hicieron eco en 13 jóvenes de la Pastoral Universitaria Arquidiocesana, PUNA, que decidieron unirse, este 23 de julio, día de la amistad, llevar un poco de amor a quienes trabajan o viven en situación de calle.
Hermana, buenas noches, ¿quiere tecito caliente con sandwichito? preguntó un voluntario de la PUNA, a una señora que, acompañada por su hijo en silla de ruedas, todos los días piden la colaboración de las personas que pasan por la Iglesia de María Auxiliadora en la ciudad de La Paz. Gracias joven, respondió la señora, que Dios les bendiga dijo con notoria emoción y sonrió.
Ese fue el inicio de una caminata que llevó a los voluntarios divididos en dos grupos a recorrer El Prado y la Avenida Mariscal Santa Cruz hasta la Basílica de San Francisco, en busca de personas que muchas veces pasan desapercibidas porque su pobreza y su sola presencia se confunde con la de un bulto que tirado en el suelo incomoda y no es digno ni siquiera de mirar.
La Madre Teresa de Calcuta, decía que a veces, sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota. Esa experiencia no es suficiente contarla, hay que vivirla, así lo hicieron dos voluntarias que escucharon la solicitud de ayuda de Filomena y Ana María, una en silla de ruedas y otra con muletas, las que con gran tristeza reconocieron que pese a su pedido de auxilio vieron pasar a muchas personas por el lugar y nadie quiso detenerse. Las chicas con gran alegría se dieron modos para llevar a estas dos personas a hasta la Parada del Puma Katari en inmediaciones del Mercado Camacho y ayudarlas a tomar el bus.
Lo más importante no es lo que damos, sino el amor que ponemos al dar, ese es el testimonio de otros voluntarios que destacaron la alegría y gratitud de una familia de venezolana que, como muchas en nuestra ciudad, trabajan juntas para proveer el sustento del día. Un vaso de té y un sándwich es más de lo que teníamos en nuestro país gracias de todo corazón dijo uno de los hermanos venezolanos.
No en vano dicen que, el amor de madre es único. Esto es algo que fácilmente se puede comprobar en las mamás que venden golosinas, globos y artículos abrigadores para el invierno, entre otros, en las calles frías de La Paz, acompañadas de sus niños. La inocencia y gratitud de estos pequeños no tiene precio, su sola sonrisa, la alegría reflejada en su rostro por ese poco de agua caliente y pan te hace pensar que con razón Jesús, nos pide ser como ellos.
La experiencia concluyó con el compromiso de seguir adelante con las actividades de voluntariado PUNA porque con seguridad llegará el día en que él Señor nos diga “Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.» entonces le responderemos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.» (Mateo 25, 34-40)