Santa Cruz

“Gastar la vida al servicio de los demás, no debería valer solo para los cristianos” Mons. Sergio Gualberti

“Gastar la vida al servicio de los demás, no debería valer solo para los cristianos” Mons. Sergio Gualberti

En su Homilía dominical, el Arzobispo de Santa Cruz Mons. Sergio Gualberti, expresó que  en un mundo que busca todo lo que es fácil, el prestigio, el placer, el hedonismo, el poder y las riquezas, “la trayectoria de todo cristiano y de la Iglesia en el seguimiento a Jesús, es la de la cruz y de la obediencia libre y total al designio de salvación de Dios”

Por otro lado exhortó a todos los bolivianos y bolivianas que están en la recta final de la carrera electoral pensar que “gastar la vida al servicio de los demás, no debería valer solo para los cristianos, sino para toda persona de buena voluntad y para toda autoridad llamada a asumir alguna responsabilidad en la sociedad, a mayor responsabilidad mayor entrega”

Finalmente convocó a todas las autoridades que resultaren electas “que las propuestas, programas y promesas no queden desmentidas por los hechos, hace falta que las autoridades elegidas estén dispuestas a entregar su vida al servicio del pueblo y no de servirse del pueblo para satisfacer el interés propio o él del partido”.

Al concluir su homilía, Mons. Gualberti expresó su alegría y convocatoria al pueblo boliviano para preparar espiritualmente los corazones para recibir al Santo Padre Francisco y dejarse contagiar por su palabra y su testimonio.

HOMILIA DE MONS. SERGIO GUALBERTI

Pronunciada en la Basílica Menor de San Lorenzo Martir

Domingo 22 de marzo de 2015

El evangelio de hoy inicia con la escena de unos griegos, unos paganos simpatizantes de la religión Judía que suben a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y que quieren ver a Jesús que acababa de llegar a la ciudad santa. Él está rodeado por un pueblo sencillo muy entusiasta, mientras, por el contrario, las autoridades religiosas y políticas lo asechan para matarlo. Esos griegos no se atreven a presentarse solos ante Jesús, por eso piden a Felipe: “Queremos ver a Jesús”. Su deseo no es curiosidad, no es un puro ver, es deseo de encontrar a Jesús, de conocerlo y de creer en Él, porque avizoran en Él el camino seguro para ir a Dios.

Felipe junto a Andrea plantean a Jesús el pedido y su respuesta parecería “desconcertante”, como si ignorara la pregunta. Por el contrario, Jesús que escudriña el corazón de las personas, responde al deseo profundo que está en la solicitud de esos griegos, a lo que ellos en verdad quieren saber. En pocas palabras les revela a sí mismo y también revela el camino que tienen que recurrir si quieren ser sus discípulos. “Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Jesús los invita a considerar el misterio de la cruz, porque solo aceptando la cruz se entiende quien es Jesús y se encuentra el rumbo de la salvación. Mirando la cruz se comprende lo que representó para Jesús obedecer al Padre y su amor para con nosotros, su solidaridad y su presencia salvadora: “”Aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer” (2da lect). La obediencia de Jesús es su actitud de total y confiado abandono en las manos del Padre, cuando en la cruz se encuentra solo, abandonado por sus discípulos, y ante el silencio de Dios.

Y es justamente en esa situación de aparente victoria de la muerte, que se manifiesta la exaltación de Jesús: “Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a ser glorificado…”. Qué lejos están los pensamientos de Dios de nuestros pensamientos: la gloria de Jesús se da en la cruz, gloria que viene solamente del Padre de los cielos, no del aplauso y del elogio engañoso de los hombres. La Hora clave de la historia, lade la glorificación de Jesús, la de la transformación de la muerte en vida, es la hora de la pasión en el amor, la hora del grano de trigo, la hora de la derrota humana de Jesús que muere en la cruz.  

En la cruz Jesús sella con su sangre la Nueva Alianza, prenda segura de salvación y de vida eterna para toda la humanidad y en ella se realiza también nuestra victoria definitiva sobre toda muerte y todo pecado, viene transformado para siempre nuestro corazón, hecho capaz de amar hasta el fin, de perdonar siempre, de servir desinteresadamente al otro y de no pecar más.

En esta cuaresma, ya próximos a celebrar la Pascua, la Palabra nos llama a redescubrir y convertirnos imperiosamente a este principio fundamental del ser cristiano: la realidad de la cruz. Como nos ha dicho San Pablo, Jesús aprendió a cumplir su misión, sufriendo. Si queremos compartir la gloria, el amor y la vida con Jesús, debemos también nosotros compartir su cruz. “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”. Jesús ha sido este grano de trigo que ha muerto para dar mucho fruto, y nos pide que nosotros, como Él y junto a Él  seamos “grano de trigo”.

En un mundo que busca todo lo que es fácil, el prestigio, el placer, el hedonismo, el poder y las riquezas, la cruz de Jesús se levanta como signo de contradicción que indica el verdadero y único camino que nos lleva a la vida para siempre. Queda así trazado el rumbo para todos nosotros sus seguidores, el camino de la entrega y del servicio: El que tiene apego a su vida la perderá, y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna”.

Si queremos desde ya emprender el camino hacia la vida eterna que no nos será quitada, tenemos que salir de nosotros mismos, de nuestro ego y orgullo, romper nuestros apegos y ataduras, y estar dispuestos a entregar nuestra vida por Jesús y el Evangelio. Nuestra vida es un tesoro que lo conservamos no ocultándolo y guardándolo para nosotros, sino gastándolo para el Señor y su misión a favor de los demás en particular de los más pobres y necesitados.

Tenemos que aprender a seguir a Jesús como discípulos, para servirle como a nuestro Señor. “El que quiera servirme que me siga, y, donde yo esté, estará también mi servidor”.

En el seguimiento a Jesús, no hay cabida para actitudes de soberbia, orgullo y autosuficiencia, porque ser cristiano es ser servidor al igual que el Maestro. La trayectoria de todo cristiano y de la Iglesia en el seguimiento a Jesús, es la de la cruz y de la obediencia libre y total al designio de salvación de Dios.

También hoy, como los griegos del evangelio, muchas personas honestas y sinceras desean ver a Jesús, personas que se han visto defraudados por los líderes de este mundo, en quienes habían puesto sus esperanzas. Ellos miran a nosotros cristianos y nos piden que les ayudemos a llegar a Jesús, porque ellos también quieren conocerlo y poner su confianza en Él.

Nuestra manera más eficaz para mostrar a Jesús, no es con lindas palabras o con proselitismo, sino con el testimonio de nuestra vida, una vida al servicio del Señor y de los demás. Si de verdad amamos a Jesucristo, tenemos que, como Felipe y Andrés, tenemos que dejar trasparentar nuestro amor y nuestra fe en Jesús a  las personas que están a nuestro lado,  a los indecisos, a los alejados, a los que lo conocen muy superficialmente y a los que se conforman con alguna práctica religiosa saltuaria.

El don más grande que podemos hacer a los demás es dar testimonio de Cristo con nuestra vida, testimoniar que él está presente en la comunidad fraterna de los discípulos, en su Palabra, en los sacramentos especialmente en la Eucaristía, en la solidaridad con los pobres y en la tarea de construir una sociedad justa y en paz.

Gastar la vida al servicio de los demás, no debería valer solo para los cristianos, sino para toda persona de buena voluntad y para toda autoridad llamada a asumir alguna responsabilidad en la sociedad, a mayor responsabilidad mayor entrega.

En nuestro país desde varios meses estamos inmersos en campañas electorales, antes para la elección de autoridades a nivel nacional y en estos días a nivel  municipal y departamental.

Para que las propuestas, programas y promesas no queden desmentidas por los hechos, hace falta que las autoridades elegidas estén dispuestas a entregar su vida al servicio del pueblo y no de servirse del pueblo para satisfacer el interés propio o él del partido.   

Antes de terminar quiero expresar la alegría de toda nuestra Iglesia y mía porque la venida del Papa Francisco a Bolivia se va concretando cada día más, como nos has confirmado la delegación de la Santa Sede encargada de los viajes del Papa, que nos ha visitado en estos días. Tenemos el desafío no sólo de preparar una digna acogida sino sobre todo de preparar espiritualmente nuestros corazones para dejarnos contagiar por su palabra y testimonio.

Por último, como ya es costumbre en nuestra Iglesia en Bolivia, el domingo 5º de Cuaresma se celebra la Jornada de la Solidaridad. Este año, en comunión con la Caritas Internacional, se ha elegido el tema: “Una sola familia humana: alimentos para todos”. En el mundo hay todavía demasiadas personas que no tienen acceso a una alimentación apropiada y, lamentablemente nuestro país tampoco es una excepción, por eso hay que seguir luchando para superar este grave problema.

 En nuestra Arquidiócesis de Santa Cruz,  los ingresos de nuestra colecta solidariase destinarán a la “Fraternidad Pobres de Jesucristo”,una comunidad de hermanitasque con esmero se dedica a la atención de niños y adultos que viven en las calles y en los canales de nuestra ciudad. Confío en su generosidad, fruto también de nuestro sacrificio cuaresmal.

Terminemos con la invocación del salmo llena de esperanza: “Devuélveme la alegría de tu salvación, Señor”. Amén