Oruro

Fui forastero y me acogiste… Testimonio del trabajo con migrantes

Allí en la lejana Pisiga, población orureña que se encuentra en la frontera con Chile, las Hermanas de la Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. Ellas llegaron a la Diócesis de Oruro el año 2009 e inmediatamente alquilaron una vivienda en aquel lugar fronterizo donde el aire helado es cotidiano. Ellas, quisieron mostrar el rostro misericordioso de Dios a quienes viajan en la inseguridad del extranjero en tierras extrañas.

Empezaron a preparar aquella modesta vivienda para acoger a aquellas personas que salieron de sus países con destino incierto; muchas veces para caer en manos de traficantes que, o bien los reclutaban para explotarlos, o como burriers para traficar droga.

Hubieron épocas que la cantidad de migrantes rebasaba por completo aquella casita alquilada; a tal punto que las colchonetas colocadas en ambientes improvisados, eran colocadas tan juntas que apenas si había espacio para caminar.

Finalmente, el sueño de tener una casa propia, con un segundo piso para la vivienda de las hermanas, podía acoger con cierta comodidad y seguridad a los migrantes.

El trabajo de acompañamiento, no está exento de dificultades y peligros, especialmente en esta temporada de pandemia… pero, allí están ellas, siempre atentas a dar cobijo a quienes probablemente en busca de mejores días, deja su país y busca la seguridad de otro que pueda acogerlo.

La Hna. Margaret Angélica Oyarzo Díaz, de la Congregación que trabaja en Pisiga-Boliviar, nos cuenta su testimonio de trabajo pastoral y social.