Internacional

Francisco festejó sus 80 años: “Que mi vejez sea tranquila, fecunda y alegre”

Desayunó con ocho sin techo en Santa Marta y recibió saludos de fieles y líderes de todo el mundo

ROMA.- Con mensajes de felicitaciones, telegramas y regalos llegados desde todo el mundo -y hasta llamados telefónicos que fueron desde su predecesor, Benedicto XVI, hasta el presidente ruso, Vladimir Putin-, el Papa celebró ayer sus ocho décadas con un pedido: “Recen para que mi vejez sea tranquila, religiosa, fecunda y alegre”.

Al agradecer a los cardenales que por la mañana concelebraron junto a él una misa en la Capilla Paulina en ocasión del cumpleaños, Francisco, con su humor porteño intacto, reivindicó la vejez. “Desde hace algunos días me viene a la mente una palabra que parece fea, vejez, que, al menos, asusta”, confesó. Pero recordó que el 15 de marzo de 2013, dos días después de haber sido electo al trono de Pedro, en su primer encuentro con el colegio cardenalicio les había dicho a los purpurados de todo el mundo que la vejez es sede de sabiduría. “Esperemos que también esto sea así para mí”, deseó.

Evocó luego un poema de Ovidio sobre la vejez que “con paso silencioso irrumpe encima de uno” y admitió que “¡es un golpe!”.

“Pero cuando uno piensa la vejez como una etapa de la vida que es para dar alegría, sabiduría, esperanza, uno vuelve a vivir”, señaló. Citó luego otra poesía, esta vez del alemán Friedrich Hölderlin, que dice que “la vejez es tranquila y religiosa”. Y concluyó con su pedido.

Fue el cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, quien en nombre de los demás purpurados le expresó al Papa toda su cercanía “en este día significativo de su vida” y le deseó que continuara su ministerio “ad multos annos” (por muchos años más, en latín).

En su homilía, inspirada en el Evangelio del día, Francisco habló de la importancia de hacer memoria. “Hoy nos detenemos, miramos atrás. Vemos que el camino ha sido lindo, que el Señor no nos ha decepcionado, que el Señor es fiel. Vemos también que tanto en la historia, como en nuestra vida, hubo momentos muy lindos de fidelidad y momentos feos, de pecado. Pero el Señor está ahí, con la mano tendida para volver a levantarte y decirte: ¡adelante!”, dijo. Destacó, asimismo, la importancia de “un poco de humorismo para ayudarnos a seguir adelante”.

Como ya se ha vuelto una tradición, el Papa comenzó su día con un desayuno en la residencia de Santa Marta con ocho sin techo, que su limosnero papal, el monseñor polaco Konrad Krajewski, buscó bien temprano en las duchas construidas por deseo papal debajo de la Columnata de la Plaza de San Pedro. De diversas nacionalidades -cuatro italianos, un moldavo, dos rumanos y un peruano-, los sin techo llegaron a las 7.15 locales con un ramo de girasoles de regalo para el agasajado, que los saludó cariñosamente, uno por uno. Luego hubo tiempo para desayunar y charlar en el comedor de Santa Marta y, más tarde, para despedirlos con alfajores argentinos.

Más allá de las llamadas, los regalos y las felicitaciones desde todo el mundo Francisco -nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936-, tuvo una jornada de trabajo “normal”. Recibió, entre otros, a la presidenta de Malta, Marie-Louise Coleiro Preca.

La Sala de Prensa de la Santa Sede señaló que el Papa vivió su día de cumpleaños “con alegría”. Y destacó que había especialmente apreciado tanto un mensaje escrito como un posterior llamado telefónico que le hizo Benedicto XVI, que en abril próximo cumplirá 90 años. También le hizo llegar tres pequeños dones “que el Santo Padre recibió como señales muy personales y significativos para los dos”, contó el vocero de Francisco, Greg Burke.

El Vaticano -que hace unos días abrió cuentas de correo electrónico en ocho idiomas para quienes quisieran enviar felicitaciones al Papa- informó que habían llegado más de 70.000 e-mails de buenos deseos. “Les agradezco mucho su afecto. No se olviden de rezar por mí”, tuiteó la cuenta del Papa, que cerró su jornada con un videomensaje a los participantes a un concierto en el Aula Pablo VI en beneficio de un hospital pediátrico de Bangui, República Centroafricana y de las poblaciones golpeadas por terremotos en Italia.