Análisis

Fernando Pérez: “Los Desaparecidos”

Casi todos los bolivianos conocen a alguien que perdió a un ser querido en las nieblas de angustia, donde la gente desaparece y nunca hay respuesta. Miles de lágrimas derramadas sin consuelo y no hay estadísticas del dolor. Es momento de ver la realidad a través de las lágrimas.

En los dos semestres del año pasado desaparecieron alrededor de 750 personas, 62 personas desaparecen cada mes. Dos por día. Esos son los que fueron reportados. Y los otros? Los que desaparecen en silencio. Se los traga el narcotráfico. En el chapare existen los zombies, son campesinos pobres que los atrapan para enviciarlos con droga y pisar coca hasta la muerte. De ellos no hay reportes. A otros los atrapan los esclavistas, que los llevan para explotarlos en barracas clandestinas en Sao Paulo o Buenos Aires. Estos esclavistas amasan fortunas con la costura clandestina. Otras son llevadas con promesas de empleo para venderla como mercancía sexual al mejor postor, en los prostíbulos urbanos y rurales. Hay decenas de mujeres jóvenes muertas o desaparecidas en la zona de los yungas. Algunos caen en manos de carniceros traficantes de órganos.  La explicación no siempre es la pobreza y desesperación de las jóvenes víctimas. Caen también gente de clase media, generalmente jóvenes, hombres y mujeres.

Y sabe ¿cuánto destina el Estado para combatir la trata y tráfico de personas? 30.000 bolivianos. Sabe ¿cuántos funcionarios del Ministerio de justicia se ocupan de trata y tráfico para protegernos? Tres.

Los familiares de los desaparecidos saben cuánto cuesta mover a un fiscal, a los policías o investigadores. Sólo mediante un escándalo mediático se moverán.

Sabemos que los desaparecidos que ya llevan años en esa condición no volverán, a los que están cautivos de explotadores de cualquier calaña todavía se los puede rescatar. A los prisioneros del narcotráfico sólo la acción decidida del gobierno en la lucha contra las mafias de narcotraficantes los puede liberar. La sociedad civil poco puede hacer.

Ante este desamparo, sólo queda la autodefensa solidaria. Si ya no podemos hacer mucho por que vuelvan nuestros desaparecidos, si podemos hacer algo para rescatar rápidamente a los recién secuestrados antes que los desaparezcan. Por ahora hay unas dos páginas de internet que publican las fotos de los desaparecidos. Se ocupan también de enviar los alertas a los amigos y estos reenvían los alertas, pero los resultados son exiguos.

En países europeos han organizado redes de apoyo que cubren todas las ciudades, hasta los puestos fronterizos, hacen seguimiento de las rutas de tráfico de personas y alertan de cualquier movimiento de gente sospechosa. Estas redes incluyen no sólo a familiares sino también a personas solidarias dispuestas a rescatar a los secuestrados. Estas redes sirven también para alertar a las autoridades y solicitar su intervención. Existen policías y fiscales e investigadores con sensibilidad que seguramente cooperarán, es necesario conocerlos.

Las lágrimas no bastan, la acción solidaria y la autoayuda será la única muralla que los traficantes no podrán corromper ni atravesar con las víctimas. Ese es el homenaje que podemos hacer a los desaparecidos para que no haya ni un solo boliviano más, desaparecido.

 

Fernando Pérez es encargado del área pedagógica de Fundación IRFA Santa Cruz