Análisis

Fernando Pérez: “Diez millones de árboles”

Hace poco el gobierno nacional finalizó la campaña nacional de arborización que alcanzó una cifra de 10 millones de árboles en tres años. El resultado como ornamentación pública será seguramente agradable y también  es útil como campaña educativa para los niños y jóvenes, aunque buena parte de esos pinos y eucaliptos se morirán por falta de cuidados. La meta del gobierno es plantar 10 millones de árboles por año. Eso esta bien.

La contradicción evidente de esta actividad se da con la Ley 337 que legaliza tres millones y medio de hectáreas desmontadas clandestinamente. La pretensión es mayor ya que el gobierno ampliará el área cultivada a 13 millones de hectáreas, hasta el año 2025. Un millón de hectáreas de bosque se desmontaran por año. Habilitar tierras forestales para monocultivos significa cambiar el uso de suelo original, pérdida de biodiversidad, regulación de las temperaturas y vientos, disminución de cosecha de agua y de protección de suelo que dan los bosques. En los últimos tres años, por causa de los desmontes se han perdido el 20% de la población de palmera de Sao. El resultado de esta política afectará  el equilibrio ambiental con todas sus consecuencias desastrosas. No se están valorando los servicios ambientales que dan los bosques.

En este contexto de una lógica mercantil globalizada que maneja el recurso tierra como mercancía, se zarandean los pueblos indígenas que tienen una lógica sencilla de valor del bosque como dador de frutos, leña, techo, agua, sombra, caza, aromas, belleza natural y fauna variada y deslumbrante.

Hace uno años el dueño de las tierras decidía el uso de ellas, en la lógica mercantil actual es el dueño del capital quien decide el uso de la tierra.  Así los brasileños controlan más de un millón de de hectáreas. Los indígenas no tienen otra alternativa que alquilar sus tierras originarias, vender los recursos del bosque y su mano de obra en condiciones de total desventaja.

Las victimas del sistema no son los culpables, los indígenas no inventaron este sistema, entonces no se los puede penalizar. Lo que corresponde es proteger sus derechos, y propiedades colectivas frente a los piratas y mercachifles que los asedian con baratijas.

Que necesitamos producir más para exportar, para no depender solo del petróleo, es entendible, pero no a costa de destruir lo que queda de bosque. Si con un millón y ochocientos mil hectáreas cultivadas de baja productividad en Santa Cruz se logró el avance productivo y económico actual, no se podría en esa extensión de tierra lograr alta productividad, invirtiendo en investigación, capacitación e infraestructura?. Así no tendríamos que arrasar más bosques. Para que este posible incremento de ingresos beneficie a todos hay que pensar en impuestos a la tenencia de tierras, a impuestos correctos a la producción agropecuaria y la redistribución de esos ingresos a la sociedad.

Plantar arbolitos ornamentales es positivo, pero más positivo es conservar los bosques por los servicios ambientales que presta como reproductor de biodiversidad, de colector de agua, de regulador del clima y de un modo de vida que hasta ahora ha significado vivir bien en armonía con la madre tierra y en una relación de hermandad con otros comunarios. Lo demás es mentirle a la pachamama y ella no perdona, cobra duramente. 

Fernándo Pérez es encargado del área pedagógica de Fundación IRFA Santa Cruz