Internacional

Evitar la arrogancia, pidió el Papa a los obispos italianos

El papa Francisco instó ayer a los obispos italianos, reunidos en su LXV Asamblea General, a tener siempre “las puertas abiertas” y a no dejarse seducir por “la ambición de carrera, de dinero y por compromisos con el espíritu del mundo”.

En una solemne celebración en la Basílica de San Pedro con los miembros de la Conferencia Episcopal Italiana, el pontífice advirtió que “sin vigilancia, el pastor es seducido por la ambición de carrera, de dinero y por compromisos con el espíritu del mundo”.

Era la primera vez que el Santo Padre se encontraba con los obispos de la península, por lo que saludó a cada uno de ellos.

“La falta de atención, lo sabemos -subrayó- ablanda al Pastor; le distrae, le convierte en olvidadizo e incluso en intolerante; le seduce con la perspectiva de la carrera, le tienta con el dinero y los compromisos con el espíritu del mundo; le convierte en perezoso transformándolo en un funcionario, un clérigo de estado preocupado más por él mismo, por la organización y las estructuras que por el verdadero bien del Pueblo de Dios. Se corre el riesgo, entonces, como el apóstol Pedro, de negar al Señor, aunque si formalmente uno se presenta y habla en su nombre; se atenúa la santidad de la Madre Iglesia jerárquica, haciéndola menos fructífera”.

“¿Quiénes somos, hermanos, ante Dios?, ¿Cuáles son nuestras pruebas? Como para Pedro, la pregunta insistente y dolorosa de Jesús puede entristecernos y hacernos conscientes de la debilidad de nuestra libertad, amenazada por tantas influencias internas y externas, que a menudo causan confusión, frustración e incluso incredulidad. Estos no son los sentimientos ni las actitudes que el Señor quiere despertar, más bien, de esto se aprovecha el enemigo, el diablo, para aislar en la amargura, en la queja y en el desaliento. Jesús, buen pastor, no humilla ni abandona en el remordimiento: en Él habla la ternura del Padre, que consuela y anima; te hace pasar de la división de la vergüenza, porque realmente la vergüenza nos separa, a la confianza; restaura el valor, confía nuevamente la responsabilidad, nos entrega a la misión”.

“Por esto, ser pastores – concluyó el Obispo de Roma- significa también estar dispuestos a caminar en medio y detrás de la manada: capaces de escuchar la silenciosa historia de quien sufre y de apoyar el paso de quien teme no conseguirlo; pendientes de animar, tranquilizar e infundir esperanza. Compartiendo con los humildes, nuestra fe se refuerza; dejemos de lado, entonces, cualquier forma de arrogancia, para inclinarnos ante todos aquellos a los que el Señor confía a nuestro cuidado …Entre estos, reservemos un lugar particular a nuestros sacerdotes: sobre todo para ellos, que nuestro corazón, nuestra mano y nuestra puerta permanezcan siempre abiertos en cualquier momento. Ellos son los primeros fieles que nosotros, los obispos, tenemos: nuestros sacerdotes”.+