Análisis

Eva Fernández: Defender la camiseta

Para arengas, las que se escuchan en un vestuario antes de salir al campo. Técnicos y capitanes lanzan mensajes que desbordan pasión por los colores de su camiseta. Recuerdan a los suyos que la victoria no será fácil, que hay que tener agallas en el campo, sabiendo que lo que hagan o dejen de hacer pasará a la historia. Di Stéfano repetía a modo de mantra que ningún jugador es tan bueno como todos juntos.

Esta semana, el Papa se ha reunido con su equipo, el Consejo de Cardenales con el que está llevando a cabo la reforma de la Curia. Ha sido la primera reunión desde que se desató la tormenta sobre Francisco, por lo que habrán aprovechado para intercambiar pareceres y redoblar los esfuerzos para seguir adelante en el camino de cambiar lo necesario. Ladran, luego cabalgamos. Francisco está acostumbrado a solucionar crisis. No le asustan los problemas ni nos rehúye. A la hora de escoger a su dream team no busca grandes fichajes sino rodearse de quienes piensa que le pueden ayudar mejor. Elegir supone asumir riesgos y hasta equivocarse, pero el Papa sabe que su misión no es ganar un partido sino vencer el campeonato.

Me viene a la cabeza una historia real llevada al cine. En el año 1942 un equipo de fútbol formado por panaderos ucranianos se enfrentó a una escuadra del Ejército alemán. Jugadores hambrientos frente a militares bien pertrechados. Ya en el primer tiempo consiguieron avergonzar al equipo nazi, por lo que durante el descanso fueron advertidos: si Alemania no ganaba, ellos morirían. La decisión que tomaron en aquel vestuario les hizo entrar en la historia. Ganaron por 5-3. Al acabar el partido fueron trasladados a un campo de concentración donde murieron asesinados. Dicen que el portero fue acribillado con la camiseta del equipo puesta. Eligieron morir por algo que estaba por encima de ellos. La verdadera victoria trascendía a la de aquel partido.

La Iglesia está por encima de quienes se empeñan en ver la realidad con filtros adaptados a la medida de sus objetivos. Nunca aceptarán los matices ni se fijarán en la luz que aparece en el horizonte. Denuncian que el Papa calla y que ha encubierto a un pederasta, pero parecen ciegos a todo lo que Francisco lleva realizando para acabar con este crimen dentro de la Iglesia. La táctica de juego del Pontífice no es defensiva. Ni juzga ni condena. Prefiere acompañar, reconfortar y abrir puertas que otros se esfuerzan en mantener siempre cerradas. Por eso es un Papa molesto y el adversario busca minar su autoridad moral y desacreditarle, sin reconocer que hasta el momento nadie había tirado tanto de la manta.

Ahora es el momento de salir al campo y de darlo todo. La responsabilidad es del equipo. No puede quedar solo sobre los hombros de Francisco. Hay que ventilar habitaciones que olían a cerrado, hay que abrir armarios, escuchar, reparar el daño causado, hacer justicia y pedir perdón. Todos somos iglesia. Todos somos responsables. Quizás este sea el partido de nuestra vida.

Fuente: Alfa y Omega