Análisis

Erik Berghmans: “Peregrinación a Tierra Santa, 2016”

Jine ma tov uma náin – shevet ajim gam yajad”: La melodía hebrea sigue sonando en mis oídos… “Qué bueno y qué hermoso ver a los hermanos íntimamente unidos”.

Con un grupo de 24 personas fuimos desde Bolivia de peregrinación en el marco del Jubileo de la Misericordia. ¿Nuestro guía?: P. Pepe Cervantes, reconocido biblista y especialista en Tierra Santa, fundador de la revista trimestral “Reseña Bíblica”.

Tras unos bendecidos días en la región de Murcia, al sureste de España y no lejos del Mar Menor (bahía natural del Mar Mediterráneo), en la tierra natal de Mons. Juárez, Arzobispo de Sucre, donde fuimos acogidos cálidamente por los parroquianos de la población de Alquerías, despegamos rumbo a la tierra de Jesús. Air Europa nos llevó en 5 horas hasta Tel Aviv, capital del moderno Israel. Desde dos centros visitamos los alrededores: Tiberias y Jerusalén.

Israel no es una tierra muy grande (en extensión comparable con el departamento de Tarija) y en relativamente poco tiempo se llega a los diferentes lugares sobre los que leemos en el Nuevo Testamento: los pueblos de Caná y Nazaret, el Monte de las Bienaventuranzas, el río Jordán, la ciudad de Cafarnaúm con su antiquísima sinagoga (tierra natal de San Pedro y centro de la predicación de Jesús en Galilea), el Monte Tabor (donde ocurrió la Transfiguración), el Monte Hermón en las alturas del Golán… Las ruinas de la ciudad más antigua del mundo -Jericó-, el Mar Muerto con las cuevas de Qumrán y la Ciudad Santa de Jerusalén con sus numerosos santuarios. Visitamos también la casa de Zacarías e Isabel, hogar de Juan el Bautista y la casa de la Virgen María, hogar del Niño Jesús.

Al entrar en Jerusalén nuestro guía nos muestra, desde el Monte de los Olivos, la explanada del Templo. Muchos lo habremos visto ya en fotos o documentales, pero verlo con los propios ojos, sentir el fuerte viento de la tarde… ¡es otra cosa! Simplemente, hermoso…

Celebramos la Eucaristía en Getsemaní, a escasos metros, donde Jesús, angustiado, dio su fiat a su última prueba. Estuvimos en lugares de íntimo recogimiento como el Cenáculo, construido sobre el lugar que los judíos conocen como el lugar del nacimiento del Rey David. Hicimos la Vía Dolorosa, conocimos el lugar de la Crucifixión, ahora situado en plena ciudad. La Basílica del Santo Sepulcro y el lugar de la Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Miles de peregrinos de todos los rincones del mundo iban recorriendo esos lugares tan expresivos para nuestra Fe.

El Señor bendiga a los cientos de franciscanos que a lo largo de los siglos custodian todos estos sitios, no pocas veces entre conflictos que lamentablemente nunca faltan en Medio Oriente. La ciudad de la Paz, que es el significado de Yeru-Shalaím, nunca conoció la paz…

Estuvimos alojados durante nuestra estadía en hoteles judíos y palestinos, pudiendo probar la rica gastronomía del lugar.

La excelente preparación del Dr. Cervantes hizo del recorrido un retiro muy profundo -que superó en mucho el mero viaje de interés turístico- con salmos y cánticos, notas históricas y píldoras de espiritualidad, y sobreabundantes pasajes de la Escritura.

¿Cómo no acordarnos para el resto de nuestras vidas?: La Misa celebrada en un barco de pescadores en el Mar de Galilea, la oración silenciosa que hicimos en el lugar del juicio a Nuestro Señor, el Litóstrotos, la Eucaristía presidida por Mons. Javier del Río, Obispo de Tarija, en ocasión de sus 50 años de Sacerdocio a pocos metros del lugar de la Encarnación del Verbo -el lugar donde Jesús llamó a sus discípulos-, la colina de la multiplicación y repartición de los panes y peces -enclave resguardado por los Benedictinos-, la oración junto a nuestros hermanos judíos al pie del Muro de los Lamentos… Un etcétera largo, larguísimo…

Tuvimos la gran dicha de conocer el lugar que Dios escogió para hacerse hombre, vivir y compartir con nosotros, morir en la Cruz y salvarnos por amor y, finalmente, enviarnos a todas las gentes para anunciar la Buena Noticia.

GRACIAS MIL a todos los que hicieron posible esta experiencia fundante con el Señor y que nos animaron a ir a tan singular encuentro con Él.

¡TODÁ! El Señor les bendiga con creces.

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