La Paz

EN QUÉ (NO) SE PARECEN EVO Y EL PAPA FRANCISCO

El presidente Evo Morales ha manifestado en diversas ocasiones no sólo su simpatía hacia el papa Francisco, sino que incluso ha tenido más de 5 encuentros con él, entre los que está el reciente en el Vaticano para participar de la reunión de movimientos populares. El gobierno no ha dejado de aprovechar propagandísticamente la pasada visita del sucesor de Pedro a Bolivia con el fin de hacer ver (al menos uno de los fines) que hay dos iglesias, una la del papa y los curas revolucionarios simpatizantes del proceso de cambio y de tendencia izquierdista, y la otra la de los jerarcas conservadores en franca oposición al gobierno, de corte derechista o neoliberal.
 
El simplismo de las etiquetas perjudica más que ayuda pero quisiera analizar brevemente si hay correspondencia real entre las declaraciones y las acciones a favor de una línea eclesial, del presidente Evo, con lo que efectivamente vive, dice y hace el papa Francisco. No sin antes hacer una necesaria aclaración: en la iglesia católica siempre hubo pluralidad de voces, criterios y visiones, desde el origen y eso no es malo si hay capacidad de diálogo, respeto y tolerancia.
 
Pues bien, resulta que el líder del llamado proceso de cambio, en lo que va de gobierno, ha cambiado su residencia por la casa presidencial, está construyendo un nuevo “palacio de gobierno” que curiosamente se llamará la casa grande del pueblo -aunque el pueblo prefiera, tal vez, mejores hospitales, escuelas y carreteras-; por otra parte ha cambiado su vestimenta, con diseños exclusivos, ha renovado los vehículos de seguridad presidencial y hasta un nuevo avioncito ha conseguido, con gastos millonarios de por medio. Claro todo ello porque comparte con el papa y la iglesia de izquierdas la opción preferencial por los pobres.
 
No pretendo negar en ningún momento los grandes y positivos cambios en favor de la gente pobre, los marginados y excluidos por los poderosos de otros gobiernos, aunque no todo se debe a lo que el gobierno de Morales ha realizado. Sin embargo, no podemos caer en la ingenuidad de pensar que todo esto es gratuito y desinteresado
 
Por otra parte, está la figura del revolucionario Francisco, a quien tanto admira nuestro conciudadano. En lo que va de su “gobierno”, va introduciendo cambios en la Iglesia y predica con el ejemplo: ha renunciado a vivir en el palacio apostólico para quedarse en la residencia de huéspedes de santa Marta, sigue usando los zapatos negros de siempre, de los que hizo bulla la prensa, si usa algún automóvil es sencillo o prestado y en todo caso ha renunciado al papamóvil, para caminar entre la gente. Entre otras curiosidades, Francisco, ha criticado duramente a jerarcas de escritorio, purpurados que viven en medio de la riqueza y la ostentación y ha proclamado el Evangelio de la alegría que hunde sus raíces en la cercanía con los pobres, los descartados de la sociedad -entre ellos los discapacitados con los que el gobierno quiere negociar su dignidad.
 
Seguro que podremos hallar semejanzas -y grandes diferencias- en el discurso de ambos líderes, pero Jesús de Nazaret formuló un criterio para valorar a quienes cumplen lo que dicen de quienes no: por sus frutos los conocerán. 
 
Evo y el papa no son ni el Mesías de las luchas ideológicas ni el Satán de las críticas interesadas por los que ambicionan el poder. Son personas humanas, con grandes responsabilidades y miserias propias, pero tal vez no se parecen mucho como quiere hacerlo ver Evo.
 
Francisco, el papa, parace seguir no la lógica del mundo y sus procesos revolucionarios sino la sencillez de la lógica del Espíritu, que proclama dichosos a los pobres, porque el cargo no lo separa de ellos sino que lo hace más cercano. Por eso me pregunto ¿en qué se parece Evo a Francisco?.