Santa Cruz

El testamento espiritual del Cardenal Julio Terrazas

En el año 2011 el Cardenal Julio Terrazas concedió una larga entrevista que dio origen al libro “Coloquios con el Cardenal Julio Terrazas” (Kipus, 2011). Con el ánimo de “volver a escuchar” las palabras de este Pastor reproducimos la última pregunta de ese libro entrevista.

¿Cardenal, cuál será su testamento espiritual?

Existen muchas formas de expresar los deseos personales que uno quisiera que perduren en el tiempo, hay quien lo hace a través de un escrito, de un testamento, de un libro, o una estampita, u otro tipo de expresión; todos son métodos e instrumentos valederos.

Siempre tuve una cierta dificultad en escribir este tipo de deseos, frente a lo que pueda venir en el futuro, quisiera que cuando se recuerde al Cardenal Julio, se recuerde que es Cristo el que sigue llamando, el que continúa convocando; que la gente diga “fue un testigo de Cristo, todo su afán fue ser un verdadero testigo” – como lo decimos en el sacramento de la Confirmación – con valentía y audacia. Proclamó que Cristo es el Señor y que sólo ante Él se arrodillan los hombres.

Quiero darle gracias al Señor por mi ministerio, fue gracias al Señor que a pesar de mis limitaciones, a pesar que no provengo de la nobleza ni de la riqueza, he podido ser instrumento del Dios de la Vida para dar esperanza a nuestro pueblo, para llamarlo a la paz y a la concordia, para animar a los hermanos desalentados y a tanta gente que todavía hoy está excluida, a pesar que hubieron muchos que no quisieron escuchar.

Misericordia, amor, vida, gracia de Dios, eso es lo que Él quiere manifestar a través de las personas que elige.

Juntos tenemos que decir: gracias Señor por la Iglesia que no quiere dejar de pensar lo que Tú piensas, que no quiere dejar de hacer lo que Tú haces, que peregrina pregonando tu Mensaje en medio de tantos mensajes que distraen y alienan.

“Servidor de todos”, hace más de 30 años que inicié mi ministerio con este deseo. Un valluno que es tomado de su tierra para “servir a todos”, que fue trasladado de su pueblito y que fue puesto en medio de una gran ciudad, en medio de tantos problemas y sufrimientos, de tanta falta de libertad… Y aquí estoy tratando de ser fiel a ese mi lema que fue sacado de la Palabra de Dios, cuando el Señor se presenta como el que sirve sin hacer diferencias ni haciéndolo a escondidas. Podrán decir todo de mí, menos que me escondí para hacer el bien.

Gracias a todos los que durante mi vida ayudaron a llevar la bendición del Señor a través de mis manos, de mi ministerio, de mis palabras… ¡Gracias a todos!

La Palabra de Dios no está encadenada y debemos seguir proclamándola contra viento y marea. El Señor está con nosotros y tenemos una madre, la Virgen María que nos acompaña y nos bendice. Amén