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El Reino de Dios: un ya, pero todavía no

Domingo 23 de noviembre de 2024
Fiesta de Cristo Rey

Ustedes habrán visto que al Papa Francisco, además de bendecir a los niños en sus encuentros públicos, también bendice las barrigas (el vientre) de las mujeres embarazadas. Es una bendición a la esperanza. Sin embargo, una vez, me parece que en Río de Janeiro, durante la Jornada Mundial de la Juventud, se le acercó una mujer joven y el Papa le bendijo el vientre, pero ella no estaba embarazada. Imagino que ella le respondió: “No estoy embarazada, es panza normal“.

También yo intento bendecir los vientres cuando los veo, y me ayuda mucho cuando veo estos botones donde se lee “Baby on Board“. Estos botones los he visto, sobre todo, en el transporte público, y hay unos muy simpáticos que usan el logo del metro de Londres.

Creo que es un signo de alegría y que además sirve para informar que esa persona está esperando un bebé y pronto dará a luz. Me gusta esta forma de comunicación.

¿Pero qué tiene que ver esta imagen de la mujer embarazada con la Fiesta de Cristo Rey?

Muchos años atrás, cuando estudiaba teología, uno de los profesores solía decir que, para explicar el Reino de Dios, se podría usar la imagen de una mujer embarazada, porque el niño o la niña está allí, pero todavía no está con nosotros, y todos repetíamos la frase de que el Reino de Dios es un ‘ya, pero todavía no’.

De hecho, en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 12, también se presenta la imagen de una mujer que está dando a luz en un contexto dramático de la lucha entre el bien y el mal. Ese pasaje tiene muchas interpretaciones, pero nos ayuda a entender que el Reino de Dios es un “ya, pero todavía no”.

Hoy, en la Fiesta de Cristo Rey, por supuesto nuestra mirada se centra en la figura de Cristo, Rey de todo el universo, salvador y centro de nuestras vidas.

Pero hoy quisiera reflexionar sobre el reino de este Rey, porque así también entenderemos mejor al Rey.

En efecto, cada vez que rezamos el Padre Nuestro, decimos “venga tu Reino”, y el Evangelio nos explica que Jesús vino a anunciar y a instaurar su reino entre la humanidad, y, al final de su vida terrenal, envió a sus discípulos a anunciar y construir el Reino.

Es decir, el Hijo de Dios ha sembrado semillas del Reino de Dios en la historia de la humanidad y, por tanto, cada uno de nosotros es constructor del Reino de Dios.

La Fiesta de Cristo Rey nos recuerda que tenemos la misma dignidad de Cristo, que somos hijos de Dios, que nuestro cuerpo es un templo de Dios, que nuestra vida es una oportunidad para glorificar al Señor, mientras buscamos la felicidad o la realización personal.

Por eso, el Reino de Dios ya está entre nosotros, pero todavía no lo conocemos en su plenitud. Es un ‘ya, pero todavía no’.

Según nuestra fe, al final de los tiempos, o cuando cada uno de nosotros se encuentre cara a cara con nuestro Señor, participaremos del Reino de Dios en plenitud.

En esta fiesta, en la que terminamos el año litúrgico, estamos llamados a recordar nuestro compromiso misionero de ser anunciadores del Reino. Es una tarea diaria, por ejemplo, cuando hacemos una obra de caridad, cuando obramos el bien y cuando elegimos el bien antes que el mal.

Sin embargo, desde nuestra fe, cuando hablamos del Rey de Reyes, Señor de Señores, y de su Reino, tenemos que estar atentos porque no usamos las categorías humanas.

En este Reino, el trono es la cruz, la corona es una corona de espinas y el cetro es una vara con la que el Hijo de Dios fue castigado. Es un Reino de Dios donde los últimos son los primeros, los pequeños y despreciados son los preferidos.

Desde nuestra fe, sabemos que este Reino y este Rey van a contracorriente, porque busca la paz, la justicia, la solidaridad; y, por eso, para las categorías humanas, el Reino de Dios es una locura, es paradójico, algo de lo que el mundo se ríe.

Hoy es la Fiesta de Cristo Rey. A veces, cuando somos egoístas, subrayamos el “pero”, el “todavía” y el “no” del Reino de Dios. Pidamos al Señor que nos haga partícipes y constructores de este “ya, pero todavía no”, que nuestra vida sea parte de ese “ya”.

Señor, haznos constructores de tu Reino.
Amén.

por Ariel Beramendi

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