Homilía para el domingo 29 del Tiempo Ordinario, Año B.
20 octubre 2024
La Palabra de Dios hoy nos habla sobre el poder y nos invita a reflexionar sobre cómo concebimos el poder y cómo lo usamos. Pero, sobre todo nos alerta que el poder para Dios es muy distinto del poder para el mundo.
Hay algunos dichos que tienen mucho de verdad, por ejemplo cuando escuchamos que el poder corrompe o que el poder enloquece. De hecho, la historia humana está llena de personajes que han luchado por el poder.
Tal vez el ser humano inconscientemente busca el poder y el reconocimiento.
Y mientras para el mundo el poder significa someter, conquistar, acumular; el Evangelio nos habla del Hijo de Dios que se agachó para lavar los pies de sus discípulos.
Mientras el poder para el mundo está asociado a la gloria del éxito, la Iglesia nos habla del poder como servicio. Por eso, uno de los títulos del Papa es “siervo de los siervos”.
Y creo que es bueno desempolvar aquello que ya conocemos en nuestro corazón. El Evangelio se presenta con un mensaje que contradice todos estos impulsos humanos y poco a poco entendemos que la Palabra de Dios (la Biblia) no es un libro de instrucciones para ser exitosos, poderosos o famosos, sino para ser mejores hijos de Dios.
Al leer la biblia sin ojos de fe quedaremos confundidos e incluso angustiados porque no entenderemos las palabras del profeta Isaías “El Señor quiso triturar a su siervo con el sufrimiento.”
Ya desde el Antiguo Testamento se nos prepara para la figura de un Cristo Redentor, Hijo de Dios, Redentor de la Humanidad y por lo tanto todo-poderoso, pero, que para alcanzar la gloria de la resurrección debe pasar por el martirio de la Cruz.
Así, el poder del que se habla en el Nuevo Testamento nada tiene que ver con el poder y la gloria humana. La enseñanza del evangelio es clara: quien quiera ser el más importante o grande entre ustedes, debe hacerse servidor de todos. Jesús nos recuerda “he venido a servir y a dar la vida por todos”.
Si nos equivocamos, no tengamos vergüenza. Lo importante es recapacitar. Incluso los 12 apóstoles no entendieron bien este mensaje a pesar de haber convivido con Jesús, los dos hermanos discuten sobre la gloria que les espera, sobre el puesto de comando y de poder; y no son solo los dos porque los discípulos comienzan a pelear movidos por los celos.
El Maestro, no los condena, sino que les enseña y les ayuda a entender mejor la voluntad de Dios, y les invita – y nos invita – a imitar la sencilles de los niños.
En el Evangelio encontramos a ciegos que piden la luz, a paralíticos que piden volver a caminar, a leprosos que piden volver a ser puros; y sin embargo, vemos a los discípulos – en particular dos de ellos – que piden el poder y la gloria.
El Maestro, nos dice: “tú no sabes lo que estás pidiendo”, y él nos habla de sencillez y de servicio.
Este evangelio es un gran llamado a volver a lo esencial, a los orígenes, y a acompañar a Jesús a Jerusalén, donde él será crucificado.
Ser como niños o tener una mirada sencilla no significa ser infantiles o inmaduros. Por supuesto que tenemos que saber movernos en un mundo que no siempre comparte nuestros valores o nuestra visión del mundo.m
A veces, la lógica del poder del mundo quiere aplastarnos, pero como comunidad podemos ayudarnos, construir redes de apoyo solidario, material, emocional y sobre todo espiritual.
Pidamos al Señor que nos dé la gracia de entender mejor la lógica del poder como servicio. Pidámosles que nos haga fuertes e inteligentes para vivir y sobrevivir ante las lógicas dominantes y destructivas que ver al ser humano solo como un número o un factor de producción.
POR ARIEL BERAMENDI


