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El Papa al CELAM: “El cambio de estructuras forma parte de la dinámica de la misión”

El Santo Padre Francisco recordó que la misión del Obispo es conducir, “que no es lo mismo que mangonear” y reiteró que los pastores han de ser cercanos a la gente, pacientes, misericordiosos y “que no tengan psicología de príncipes”.

El papa Francisco se encontró, la tarde del domingo 28 de julio, en el Auditorio del Centro de Estudios de Sumaré, con los 45 obispos que forman el Comité de coordinación del CELAM. El Papa tomó como base el patrimonio heredado en el encuentro de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y El Caribe en Aparecida, en mayo de 2007.

De esta forma comenzó su discurso mencionando cuatro características peculiares de Aparecida. En primer lugar, cómo la promoción de la participación de la Iglesias particulares culminó en un documento de síntesis, que a pesar de ser referencia durante la V Conferencia General, no se asumió como documento de partida; el continuo ambiente de oración con el Pueblo de Dios, el acompañamiento de los cantos y oraciones de los fieles; que Aparecida no termine con un Documento sino que se prolonga en la Misión Continental; y por último, el hecho de que se trató de la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano y El Caribe que se realizó en un Santuario mariano.

El Papa habló de las dos dimensiones de la Misión Continental: la programática: la realización de actos de índole misionera; y la misión paradigmática: poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. El Papa recordó que “se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El “cambio de estructuras” (de caducas a nuevas)… consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad”. Acentuando el tema del discipulado, Francisco señaló dos desafíos vigentes de la misionariedad discipular: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual.

Continuando su discurso, el Papa indicó algunas actitudes que configuran una Iglesia “tentada” como “la ideologización del mensaje evangélico: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia; el funcionalismo, que reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG que “constituye -ha dicho el Papa- una suerte de “teología de la prosperidad” en lo organizativo de la pastoral”; y por último el clericalismo: una tentación muy actual en Latinoamérica que “explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en buena parte del laicado latinoamericano”.

Asimismo el Papa enumeró unas pautas eclesiológicas: Primero: “El discipulado-misionero que Aparecida propuso a las Iglesias de América Latina y El Caribe es el camino que Dios quiere para este “hoy”… como vocación que se da en un “hoy” pero en tensión”. Destacó que no debe existir el discipulado misionero estático, ni de pasado, ni de futuro.

Segundo: Una Iglesia que se funcionaliza y se transforma en ONG. De “Institución” se transforma en “Obra”. Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en “Controladora”. Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no controladora de la fe”.

Tercero: “En Aparecida –dijo- se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia”, continuó el Papa recordando que las pastorales que ignoran esto “a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia eclesial” y destacó que la homilía, es la piedra que puede calibrar la cercanía y capacidad de encuentro de la pastoral.

Cuarto y último: el Papa habló del obispo como encargado de conducir dicha pastoral y no de “mandonear”. El Santo Padre ofreció algunas líneas sobre el perfil del obispo. “Han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”. Antes de finalizar, Francisco añadió “estamos un poquito retrasados en lo que a Conversión Pastoral se refiere. Conviene que nos ayudemos un poco más a dar los pasos que el Señor quiere para nosotros en este “hoy” de América Latina y El Caribe. Y sería bueno comenzar por aquí”.