InicioAnálisisEl Cónclave y el Terer Domingo de Pascua. Homilía

El Cónclave y el Terer Domingo de Pascua. Homilía

Homilía para el 3.º domingo de Pascua. Ciclo C

Domingo 4 de mayo de 2025

 

¿Qué significa el número 153 que escuchamos hoy en el evangelio de san Juan?
El evangelio de hoy dice que las redes estaban repletas de peces grandes y que eran ciento cincuenta y tres. Una antigua tradición creía que ese era el número de las especies de peces conocidas hasta entonces. Esto quiere decir que nuestro Señor manda a pescar y coger en las redes a la totalidad y a la diversidad de la creación del mar, y por analogía, de la humanidad.

En la simbología que usamos para la Iglesia, a veces decimos que la Iglesia es una barca y el apóstol
Pedro fue quien recibió el mandato de ser pescador de hombres, de guiar esta barca que navega en el mundo. Las redes son la evangelización y los peces son la humanidad.

Es decir, la Iglesia tiene la misión de evangelizar hasta los confines de la tierra y de ser una Iglesia de puertas abiertas que acoge a todos los hijos de Dios.

Este fue uno de los mensajes que subrayó con fuerza el difunto papa Francisco, 266.º sucesor del apóstol san Pedro. Estos días los cardenales en Roma se preparan para elegir un nuevo sucesor de Pedro, y todos nosotros, que somos parte de la Iglesia, participamos orando para que el Espíritu Santo se haga presente y ayude a los ciento treinta y tres cardenales electores a elegir a la persona que será el líder espiritual que guiará la Iglesia, la barca de Pedro, por el mar del mundo. Una barca que no es del mundo, pero sí está en el mundo. No perdamos la fe ni la esperanza de que el Señor Jesucristo nos regalará el papa que la Iglesia necesita hoy.

En este momento histórico, han pasado algunos días desde que la Iglesia católica no tiene un papa. Tenemos que orar para que el próximo sucesor del apóstol san Pedro sepa responder al mandato y a las preguntas de Jesús resucitado. No sabemos si el próximo papa querrá abrir más las puertas de la Iglesia, o las va a querer un poco más cerradas, o entreabiertas. Lo que sí sabemos es que el sucesor de Pedro tendrá que responder a las preguntas de Jesús cuando le pregunte: ¿Me amas? ¿Me quieres? ¿Me amas? Y si es así, le dará el mandato: “Apacienta mis ovejas. Sígueme”.

Pienso que es muy probable que el próximo domingo ya conozcamos el nombre del nuevo papa, que será elegido entre hombres que, como los apóstoles, tienen momentos de duda y fragilidad. Así lo vemos cuando los apóstoles de Jesús, después de la muerte, regresaron a su vida normal. No habían comprendido en plenitud que Jesús había resucitado y la consecuencia de ello para sus vidas.

Simón Pedro, junto a otros discípulos, había vuelto al trabajo que tenía antes de encontrar a Jesús; es decir, para ellos la vida debía continuar como antes. Su líder había fallecido, algunas mujeres habían dicho que él ya no estaba en la tumba, y por eso todo vuelve a ser como antes. Es decir, que si no experimentamos al Resucitado en nuestras vidas, nuestra vida se convierte en un círculo sin novedad.

Pero Jesús resucitado se acerca, da un nuevo sentido a nuestras actividades, transforma y sana nuestras enfermedades y nos devuelve la vida. A veces somos como esos discípulos que no lo reconocemos. ¿Cuántas veces en nuestras vidas hemos tenido a Jesús a nuestro lado y no lo hemos reconocido?

Abramos la mente y el corazón para reconocerlo y decirle como hizo Simón Pedro: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.”

 

POR ARIEL BERAMENDI

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