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El cántaro roto de los transportistas

Cuando era niña, mi papá me contó la fábula de «La lechera» de Esopo. Recordaba a aquella joven campesina que llevaba un cántaro de leche y, con él, la ilusión de días mejores. Imaginaba la felicidad que vendría tras vender tan preciado producto: compraría gallinas, cerditos, una vaca y un terreno. Se emocionó tanto con sus planes que saltó de alegría, haciendo caer el cántaro; la leche se derramó y, con ella, desaparecieron sus sueños de riqueza.

Hoy, la realidad boliviana me obliga a rescatar esa historia del vagón de los recuerdos. Es imposible no evocarla al pensar en las miles de familias de transportistas que, hace semanas, salieron de sus comunidades con los camiones cargados de anhelos y proyectos. Ninguno de ellos pudo prever que el país se sumergiría en un asfixiante bloqueo de más de cuarenta días; una medida radical que, al igual que el tropiezo de la lechera, terminó por estrellar contra el suelo la economía, los sueños y el sustento de todo un sector.

De acuerdo con la actualización del Mapa de Transitabilidad de la ABC, el país registra un total de 85 puntos de bloqueo activos distribuidos en seis departamentos. El eje central y el occidente concentran el núcleo de la protesta: en La Paz se tienen 21 puntos de bloqueos activos con un Cerco casi total liderado por sectores campesinos radicales (Federación Túpac Katari) afectando vías troncales a Oruro, El Alto, Pucarani y Río Abajo.
De los 85 puntos de bloqueo paralizando seis departamentos como el detonante que “rompió el cántaro”. Esto demuestra que el impacto no es un hecho aislado, sino un estrangulamiento total del eje económico del país que mantiene a un aproximado de 5.500 familias de transportistas atrapadas en el asfalto.

Tras este nefasto panorama, surgen personas dispuestas a solidarizarse ante la falta de alimentos que, con seguridad, están sufriendo los transportistas; bien dicen que no da el que tiene, sino el que quiere. Sin embargo, un reciente testimonio describe la difícil y peligrosa situación que se vive en los puntos de bloqueo, específicamente en la zona de El Alto, cerca de las viviendas militares y en el sector de Viacha. Una ciudadana, junto a su familia, intentó llevar un poco de alivio en forma de refrescos y galletas a los choferes varados, pero chocó de frente con la hostilidad de algunos bloqueadores. Estos no solo intentaron arrebatarles las bolsas, sino que aplican revisiones estrictas para evitar que la gente se abastezca o comercialice productos.

Ante esta situación, el obispo de la Diócesis de El Alto, Monseñor Giovani Arana, emitió una carta pública exigiendo una pausa humanitaria inmediata en los puntos de bloqueo. El propósito de este pedido es habilitar corredores que permitan el libre tránsito de alimentos de primera necesidad, medicamentos esenciales, insumos médicos como el oxígeno y combustible para evitar un desastre mayor. Monseñor Arana exhortó a toda la comunidad católica y a la ciudadanía en general a intensificar la oración por la paz, pero sobre todo a promover gestos de fraternidad y compasión tangibles hacia el prójimo atrapado en el conflicto.

Habrá que considerar en la Activación de Cáritas y Parroquias. Tradicionalmente, la red eclesial (a través de Cáritas de El Alto y las comunidades parroquiales ubicadas en las zonas periféricas y rutas troncales hacia Viacha y Oruro) se convierte en el brazo operativo para la recolección y distribución de ayuda humanitaria básica, tales como agua, raciones secas de alimentos y abrigo para los choferes y familias en situación de vulnerabilidad que enfrentan inclemencias climáticas extremas en el asfalto.

Nataly Carrasco
Nataly Carrasco
Nataly Carrasco Vaca, MSc. en Educación Superior, Lic. En Ciencias de la Comunicación Social, Docente Universitaria, Responsable de Comunicación de CEPROLAI, Responsable de Programación en Radio María Bolivia regional La Paz, Voluntaria de Voces Católicas Bolivia.
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