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Ejes temáticos del V Congreso Americano Misionero

Son cuatro los ejes temáticos que nos animan en la reflexión y el caminar preparatorio rumbo al V Congreso Americano Misionero.

EVANGELIO

La denominación de “Evangelio” al anuncio de salvación y de vida, es un elemento específico de la tradición cristiana primitiva.
El Evangelio de Jesucristo pretende anunciar la profunda e íntima vinculación de la humanidad, de cada persona y de la creación con Dios a través de la figura del Reino de Dios, entendido éste como el Reinado de Dios capaz de transformar la realidad por la acción eficaz de su Amor.
En este sentido, lo que anuncia el misionero nace de ese primer contacto con el Evangelio –como anuncio kerygmático vital- y vuelve a él como fuente que dinamiza su vida cotidiana. Es así que, en la presentación del Evangelio es imprescindible la actitud y el tono profético del misionero que vive la Alegría del encuentro con Jesús; de ahí que no se trata sólo de una comunicación formal de un mensaje, sino de la comunicación vital del mismo, pues el encuentro con Jesús ha generado una Alegría que no se puede contener.

ALEGRIA:

En estos últimos tiempos muchas cosas han cambiado en nuestra realidad, cambios que presentan nuevos desafíos. Estamos inmersos en un contexto donde «el miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas […] La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente» (EG 52).

En este contexto, queremos recordar lo que nuestros pastores, reunidos en Aparecida, nos decían: «la alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades […] La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo». (DA 29)

MISION Y PROFECIA
El tema de la misión es tan importante que el papa ha introducido la palabra “misionariedad” en sus discursos asumiendo así un nuevo término, conocido ya en la teología de la misión pero no utilizado hasta ahora en la doctrina de la Iglesia, El Papa Francisco lo refiere al “mandato confiado por Jesús a los Apóstoles de ser sus «testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8), no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un aspecto esencial: todos somos enviados por los senderos del mundo para caminar con nuestros hermanos, profesando y dando testimonio de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en anunciadores de su Evangelio.” Esta es la misión de la Iglesia hoy; el no constituirse autorreferencial, sino descentrada de sí misma, una Iglesia en misión evangelizadora, una Iglesia que rompe sus fronteras, amplía los límites personales y geográficos de la fe y se orienta hacia el mundo entero, y hacia sus múltiples periferias para anunciar la alegría del encuentro con Cristo mediante el Evangelio.

La acción evangelizadora de la Iglesia debe enfrentarse con una cultura post-moderna, que tiene a menudo posiciones y referencias fuera de los valores propuestos por el Evangelio. También llama la atención el hecho de que la religiosidad de la post modernidad y del mundo globalizado, con su exuberancia, sincretismo, individualismo y una cierta lógica de mercado, exige un nuevo orden de la acción evangelizadora de la Iglesia Católica, a que tenga en cuenta esta realidad y, al mismo tiempo, presente con claridad su propuesta y afirme la identidad cristiana católica.

RECONCILIACIÓN Y COMUNIÓN
El fin principal de la evangelización y de la acción misionera de la Iglesia, es lograr la comunión del hombre con Dios, y de los hombres entre ellos: el amor de Dios y el amor del prójimo. A su vez la comunión hace posible una evangelización creíble y eficaz. “Cristo en nuestra paz” (Ef 2,14). Cristo a través de su Iglesia animada por el Espíritu, va realizando la comunión por medio de su sacrificio de propiciación y expiación, y de su Evangelio de verdad y amor.

La misión de la Iglesia consiste en continuar la obra de Cristo a través de los siglos, hasta el fin del mundo, ya que el Señor le ha confiado el “ministerio de la reconciliación” (cfr. 2Cor 5,18-20), por la predicación de la Palabra y el perdón de los pecados mediante los sacramentos del bautismo y la penitencia. Los hombres de nuestro tiempo necesitan ser redimidos y reconciliados, pues el pecado está metido en muchos corazones, así como en las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales, causando estragos, rupturas, violencias, alejamiento de Dios y sufrimientos en las personas, las familias, los grupos y los pueblos de nuestra América y del mundo entero, y hasta en la misma Iglesia.
El dinamismo de la koinonía como comunión de vida, nos lleva a la caridad, a la solidaridad, al encuentro y escucha del otro, a la cooperación misionera, al diálogo ecuménico, interreligioso y social, a trabajar en aquello que nos une y no en lo que nos separa, promoviendo así la reconciliación y la comunión universal.

La Koinonía es el ideal de vida eclesial y social; es uno de los objetivos más importantes de la misión, y al mismo tiempo uno de los medios testimoniales más eficaz para la evangelización: “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21). Una Iglesia en koinonía es un “signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1).

Pidamos al Dios de la Vida que nos permita seguir haciendo proceso al interior de nuestras comunidades y de nuestros grupos, que María Reina de las Misiones interceda por cada uno de nosotros para que verdaderamente hagamos posible “un nuevo Pentecostés para nuestra Iglesia en América”.