Análisis

Editorial -Diario Nuevo Sur-: “Con mente de doctor y corazón de Pastor”

Hace poco (exactamente el 28 de octubre, una fecha importante para mí), se supo del nombramiento del Reverendo Padre Renán Aguilera -párroco de la iglesia Matriz de la Catedral de Tarija-, como nuevo Obispo de Potosí. Un nombramiento que ha llenado de alegría a la iglesia tarijeña que da por segunda vez a la iglesia universal (el primero fue Mons. Mario Lezana Vaca, obispo castrense), un nuevo obispo, un nuevo apóstol en la barca de Cristo, pues un obispo es un sucesor de uno de los once apóstoles, siendo el Papa es el sucesor nato del apóstol Pedro.

Personalmente ha sido un motivo de gran alegría, de suave brisa. Y con ese motivo, le dedico, estimado Padre Renán, estas líneas.

Recuerdo que cuando estudiaba Filosofía, leía las obras del gran Obispo de Hipona, Agustín, y en una de éstas, dos pensamientos me llamaban la atención. El primero era: “hay que ser obispo con mente de doctor y corazón de pastor”. Y la segunda era: “para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano”. En el caso de la primera frase, San Agustín quiere significar que para el pastoreo del pueblo de Dios, se debe tener una fe bien cimentada, una convicción basada sobre todo en las sagradas escrituras. Mente de doctor significa erudición, conocimiento y sabiduría. Pero aunque se debe tener una mente preparada, de nada sirve si no se tiene el corazón de pastor, es decir, sencillo, noble, desprendido. Jesús mismo decía en los evangelios que hay que ser astutos como serpientes y humildes como palomas (Mt 10), es decir, astutos, duros y fuertes para los poderosos y sencillos para los humildes, los desprotegidos y los más débiles. Ese corazón de pastor es lo que el Magno Papa Francisco llama “oler a oveja”. Es decir, oler a pueblo, a sencillez, a trabajo, a dolor y justicia, a caridad y verdad. Ese oler a oveja, ese corazón de pastor implica conocer, servir y vivir con y para el pueblo, como Cristo que fue humilde entre los humildes y que lavó los pies a sus discípulos.

En otras palabras, “mente de doctor y corazón de pastor” es simplemente hacer lo que Jesús mismo hizo: dar a conocer los grandes misterios de Dios, del universo y la vida eterna (mente de doctor), con sencillas y entendibles parábolas (corazón de pastor). El Gran maestro de Nazaret pudo hacer lo que ningún otro filósofo, teólogo, líder o maestro ha podido: hacer comprender a Dios, -que es uno de los misterios más complejos-, a la gente más sencilla. ¡Que grandeza la de Jesús! Luego, la segunda frase del obispo de Hipona (para ustedes soy obispo, con ustedes soy un cristiano), está mejor explicada por un gesto que tienen todos los obispos del mundo (así sean arzobispos, cardenales o Papas): el hecho de que desde el prefacio en la misa, hasta después de la comunión, se quitan el solideo (un gorro cóncavo que se colocan en la cabeza, lila para obispos, rojo para cardenales y blanco para el Papa), pues ante la presencia de Cristo vivo en la forma del Pan, no hay ni obispos ni cardenales, sino y solamente cristianos, pues todos somos iguales ante el Señor que dio su vida por todos.

También hago memoria a uno de los santos, personajes y líderes favoritos e inigualable para mí, que es el pobre de Asís, San Francisco. Y este hombre, cuando mandaba a predicar a sus hermanos franciscanos, les decía: “prediquen la Palabra, pero sólo cuando sea necesario, utilicen las palabras”… San Francisco quería que sus hermanos prediquen con el ejemplo, con sus estilos de vida y sus obras, no con palabras, pues el evangelio no es una teología para la mente, sino una praxis para la vida. Los evangelios no son frases para memorizar, sino letras para vivir. Y Jesús nos enseñó que la fe es un acto sencillo, que no es una cuestión compleja de estudios o de aprendizaje.

Estamos en tiempos difíciles en los que la iglesia afronta problemáticas muy complicadas. Son tiempos en que los cristianos necesitamos convicciones fuertes, pero tales convicciones no nacen de las prédicas o ritos (que también aportan a cimentar la fe), sino y en gran parte, acaso la parte esencial y más importante, sea del ejemplo de los pastores. Es el estilo de vida de los líderes religiosos, de los obispos, cardenales, sacerdotes y del Papa que acrecientan o disminuyen las convicciones cristianas y la práctica eclesial de los fieles. Los fieles poco oímos a los pastores, pero mucho los vemos: sus actos, sus gestos y sus andares. Gran ejemplo es aquél obispo llamado Bienvenido Muriel (de la obra de los Miserables de Víctor Hugo), que tenía mucha ciencia, pero que con su sotana raída, caminaba por las calles de su diócesis, animando y ayudando a los más pequeños. Recuerdo también lo que el Papa Francisco decía: “¡Cómo quisiera una iglesia pobre para los pobres!”.

Para terminar Padre Renán, quiero hacer mías, éstas palabras de Pablo a Timoteo y dirigirlas a usted: “te ruego y te suplico, ante Dios y ante Cristo Jesús, que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos y que te juzgará a ti también: ¡anuncia la Palabra!” (2 Tim 4). Y anunciar la Palabra significa reconciliar a los hombres entre sí, estar a favor de los más necesitados, ser justo con el clero y las religiosas, servir al pueblo santo de Dios y dar ejemplo de seguimiento al nazareno. No buscar el poder, ni el tener ni el destruir, ni el rivalizar, sino el ser, el dar, el construir y la humildad, porque Cristo no ha venido a fundar una empresa privada, sino una comunidad fraterna.

Le deseo un gran éxito pastoral, le deseo sabiduría para dirigir al clero y a las religiosas. Le auguro fortaleza para apacentar y servir a los fieles de la hermosa Villa Imperial. Y desde lo hondo de mi corazón, elevaré mis oraciones al Señor Resucitado, para que sople el Santo Espíritu sobre usted y le lleve a donde Él lo necesita.

¡Muchas felicidades, estimado Padre y Amigo Renán Aguilera!

DOMINUS DEUS TIBI PACEM