Análisis Sucre

Editorial Correo del Sur: “Así terminamos 2022”

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El calendario y la medición del tiempo son convenciones sociales. A lo largo de la historia, el ser humano encontró la manera de medir el paso de los días basándose, primero, en la salida y la puesta del sol y, después, observando los cambios de los cuerpos celestes y el planeta mismo, la medición se extendió a la suma de los días. Así nacieron los conceptos de semana, mes y año.

Pero los calendarios no se fijaron caprichosamente. Desde que la humanidad aprendió a distinguir los climas, en periodos que llamó estaciones, y a entender el movimiento del sol, la luna y las estrellas, pudo fijar el transcurso del tiempo de manera más o menos homogénea. Por eso es que en culturas distintas, que nunca tuvieron contacto entre sí, se encuentran similitudes en la forma de medir el tiempo.

Y aunque la base sea científica, el calendario y la medición del tiempo son, nomás, invenciones humanas. Los años existen porque las personas tomaron el conjunto de los días para llamar semanas a siete de estos y meses a 30 o 31, con excepción de febrero. Un periodo de 365 días –o 366 en los años bisiestos– es considerado un año que tiene un principio y un final.

El final de un año y el principio de otro se consideran un hito. Es un reinicio, un simbólico comenzar de nuevo que ayuda a la sinergia de las personas y, de esa manera, tiene influencia en su comportamiento.

Aunque ya ocurrió en 2022, este 2023 la llegada del Año Nuevo vuelve a ser todo un acontecimiento tras la paralización mundial que supuso la pandemia del covid-19.

Aunque la enfermedad no se ha controlado del todo –basta dar un vistazo a las estadísticas y a lo que está ocurriendo en China–, la sociedad ha vuelto a la normalidad.

En Bolivia son otros los temas que preocupan más que la salud: la paupérrima economía de muchas familias, situación evidente justamente en estas fiestas, y la polarización política que hace escasos tres años volvió a estallar en las calles con la consiguiente pérdida de vidas.

No hubo, desde 2019, un reinicio que ayude a la sinergia de los bolivianos. Quienes piensan que las elecciones fueron ese necesario recomienzo, se engañan. La tensión política sigue latente en el país y estalla cada tanto, como pasó, por ejemplo, con el conflicto en torno al censo.

Hay una agenda política pendiente que pasa tanto por el reconocimiento a las minorías como por el respeto a las mayorías, pero sobre todo por la independencia de poderes, justicia incluida, para que las instituciones dejen de ser cautivas del poder.

Que este fin de año, permita que nuestros gobernantes encuentran similitudes para un nuevo recomenzar en Bolivia.

 

[Fuente: Correo del Sur (28-12-2022)]

[Imagen: calendarpedia.com]