Homilía 16 domingo del tiempo ordinario. 21 de julio de 2024
En la primera lectura de este domingo, hemos leído un pasaje del profeta Jeremías que recuerda al profeta Ezequiel, ese pasaje es conocido como la profecía contra los pastores que deberían pastorear y cuidar al pueblo de Israel y no lo hacen.
Es más, en este caso, más que de negligencia, hablamos propiamente de maldad. La frase del Antiguo Testamento dice: “Habéis dispersado mis ovejas, las habéis echado y no os habéis preocupado por ellas”.
El tema para meditar este domingo es: ¿cómo nos salva Dios? ¿De qué manera somos sus ministros?
No somos salvados de manera singular o aislada. A lo largo de la historia de la salvación Dios se sirve de las mediaciones.
El mundo está hecho así. Es un lugar maravilloso si nos amamos (pensemos en las grandes obras, las buenas acciones de la humanidad y los avances en temas de salud). El mundo está hecho para que nos amemos. Pero, este mismo mundo se convierte en un lugar horrible si no nos amamos, (pensemos en la violencia de la guerra y del hambre que sigue aconteciendo hoy).
Para nosotros los cristianos, también la Iglesia es un lugar donde todos somos ministros de la salvación de Dios, somos sus mediadores. No somos sueños de la salvación de Dios, somos sus ministros, es decir sus mediadores.
En la historia humana de la Iglesia, hay periodos obscuros, eran tiempos en los que no se entendía con claridad el mensaje del Evangelio.
Gracias a Dios los tiempos han cambiado. Este domingo, el Evangelio nos explica que Jesús se conmueve, que siente compasión, que algo se sacude en su interior, al ver a la multitud de gente, como ovejas sin pastor.
En la actualidad, este mensaje del Evangelio es claro y la Iglesia ya no puede ponerse una venda sobre los ojos. Los cristianos, estamos llamados a ser ministros del Señor, estamos llamados a ser personas capaces de sentir compasión y conmoverse ante la injusticia, ante el dolor humano, ante las personas que sufren, ante las personas que necesitan ser aceptadas y no juzgadas.
Los cristianos de hoy estamos llamados, incluso a acompañar a aquellas personas que todavía no tienen el don de la fe, o que la han perdido por el camino, y que buscan un sentido a su vida.
¿Pero cómo lo vamos a hacer? Yo diría que no hay recetas mágicas, pero la respuesta está en el Evangelio.
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Por otro lado, vemos a Jesús que se ocupa de sus apóstoles: ellos han regresado después de pastorear, le cuentan lo que han hecho, lo que han enseñado, y entonces es justo descansar. De hecho, hay una necesidad de que haya un espacio para recargarse, cada uno de nosotros está llamado a hacerlo.
En esta parte del mundo vivimos el verano y las vacaciones. Papa Francisco al respecto nos aconseja: Necesitamos una “ecología del corazón”, que se compone de descanso, contemplación y compasión. ¡Aprovechemos el tiempo estival para esto!
Personalmente, me gusta usar la imagen de las pilas. Para poder servir mejor y atender a las personas como se merecen, tenemos que recargar las pilas y eso lo podemos hacer con el descanso. Descansar y recargar las pilas no se trata de escapar de los problemas, a veces los problemas nos persiguen a todo lado, sobre todo porque los llevamos dentro.
No tengamos miedo al silencio, a los espacios vacíos en nuestras agendas de trabajo.
Este evangelio también nos enseña que nuestros planes pueden cambiar a último momento. Sucede así con Jesús y sus discípulos que buscan un lugar tranquilo y cuando llegan se encuentran con la multitud. Y entonces Jesús, sintiendo compasión comienza nuevamente a enseñarles muchas cosas.
Tomemos ese ejemplo de nuestro Señor en este tiempo de descanso, recordando en cada momento que vivimos solo de la misericordia del Señor.
Amén.
POR: ARIEL BERAMENDI


