Análisis

CULTURA DE PAZ

¿Acaso la quinta pared como se denomina también a la televisión, implica ahora de manera evidente que esa realidad virtual se ha constituido en una cotidianidad insoslayable de la cultura de masas contemporánea?

Si fuera así, ¿cuál es el carácter constructivo y destructivo que sostiene, y qué consecuencias tiene la presencia del mundo en el interior de los hogares a través de una pantalla audiovisual que, de manera irrestricta, narra ese mundo en sus propósitos y despropósitos, otorgando a la imagen veloz y fugaz, el lenguaje contemporáneo de la información de manera que, la violencia, la paz o la convivencia, quedan transformadas y derivadas, según la conveniencia, en esa quinta pared?

“La televisión ha incurrido en dos extremos —expresa con vehemencia Angélica Lazarte—, en banalizar la información y trivializarla; y por otro en la exacerbación de la violencia; violencia política cuando buscamos actores que insultan y descalifican; cuando le preguntan a un niño violado cómo fue; y esto a mí me parte el alma; o la violencia de exaltar las diferencias; también es una forma de violencia cualquier tipo de información que privilegie la vulneración de los DDHH como el derecho a tu propia imagen, como el valor que cada ser humano tiene por sí mismo”.

Sin duda, cuando en 1991 se transmitía por televisión, minuto a minuto, la Guerra del Golfo Pérsico; o la narración visual de los ataques terroristas a las Torres Gemelas, la televisión anunciaba al mundo el espectáculo dramático del papel de las Tecnologías de Comunicación e Información (TIC) en los sucesos de los grandes dilemas irresueltos de la humanidad.

“Yo creo que estamos reflejando una violencia desmedida. Aunque no hay que generalizar. Hay medios de comunicación que tienen formas interesantes para apoyar en proyectos constructivos. Pero hay otros que hacen sensacionalismo y amarillismo”, exclama la periodista Lazarte.

Es evidente, el mundo ahora se ha transformado en la aldea global del espectáculo. Y, en la intimidad de los hogares, la intensidad de esas imágenes se sucede de manera implacable durante todo el día.

Y si se exacerba la violencia, cabe deducir que se incita el morbo, la inquietud insatisfecha o la inactividad y la anulación de la creatividad que en el fondo significa la lenta anulación del pensamiento propio.

En ese contexto de la violencia que se naturaliza en una pantalla de televisión, ¿cabe el lamento?

“No”, exclama Angélica Lazarte. “Todos tenemos la obligación moral y ética de construir la Cultura de Paz. Y para avanzar en el camino, lo que tenemos que hacer es generar informaciones completas, con todos los actores, con equilibrio, con independencia y con ánimo de servicio. La tarea principal de los medios es aproximarse a la verdad. Un maestro del periodismo dice que para ser un buen periodista primero hay que ser un buen ser humano. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas.

Absolutamente todos podemos construir la Cultura de Paz, desde uno mismo; donde trabajamos; en el cómo tratamos al ser humano que se encuentre frente a nosotros. Sí, la gente está cansada de la violencia”.