Análisis

CUESTIÓN DE FE

Monseñor Tito Solari, obispo de la diócesis de Cochabamba, denunció hace algunos meses el crecimiento del narcotráfico en Bolivia. La autoridad eclesiástica alertó del riesgo que ello supone para la familia y la sociedad en su conjunto. Lo dicho por el prelado mereció la reacción airada del presidente del Estado Plurinacional y de sus seguidores, que sugirieron incluso su expulsión del país.

El 15 de agosto, fecha en la que se celebra la festividad de la Virgen de Urkupiña, los protagonistas de la controversia relatada líneas arriba se encontraron, el uno en su condición de líder espiritual y el otro como jefe del Gobierno nacional. Pese a la atmósfera propia de un evento de fe, se podía sentir que la política y la religión libraban otra lucha entre el espíritu y la razón humana.

Concentraciones de masas como las que vemos en Quillacollo o Cotoca, en Santa Cruz, nunca han sido desaprovechadas por la clase política boliviana, aunque como en el caso del presidente Morales se haya declarado la guerra a la jerarquía de la Iglesia. Son eventos populares a los que se debe asistir porque el pueblo está mirando.

Lo que hay que resaltar es el mensaje proferido por el obispo, que en tono amoroso y reflexivo habló del perdón, de la reconciliación y de la necesidad de buscar la unidad pese a las diferencias. “Si tienes que ofrendar al Señor, antes de hacerlo ve, busca a tu hermano y pregúntale: ¿por qué están distanciados?, rencuéntrate con él y vuelve”, dijo Solari citando los evangelios.

En momentos en que el país se encuentra en el limbo político, cuando el discurso divisionista es el arma perfecta para gobernar, es propicio reflexionar sobre lo que somos y lo que sentimos. ¿Cuáles son nuestros males y cuáles sus posibles soluciones? Sin el tradicional paternalismo gobiernista que castra las iniciativas ciudadanas, ¡debemos debatir de frente!

En la homilía también se habló de la familia como célula fundamental de la sociedad y el rol de la mujer encarnada en la figura de la Virgen María como factor de unidad. Se invocó la superación de los vicios, el rol de los que gobiernan y los gobernados, el ejemplo y la guía que deben ser los padres para sus hijos.

En la Bolivia plurinacional, donde se han impuesto nuevos símbolos, se ha constitucionalizado el Estado sin religión, se han establecido nuevos derechos y obligaciones, así como reglas para el comportamiento de la economía y la política, los ciudadanos no parecen renunciar a su fe, sean estos de la religión que sean, porque creen en la fuerza inmaterial que mueve el universo.

Si Dios no existiese habría que inventarlo, decía sarcásticamente Voltaire haciendo referencia al poder de la Iglesia sobre las masas, o el mismo Sigmund Freud, que cuestionaba la existencia del ser supremo desde la perspectiva de la conciencia humana. Lo cierto es que será muy difícil para el pretendido Estado laico imponerse frente a la tradición, las creencias y la fe del boliviano.