Internacional

Crónicas Vaticanas: Humilde servidor en la viña del Señor

Lunes 2 de enero 2023

#crónicas #vaticanas  

Cuando el pasado miércoles 28 de diciembre, durante la Audiencia General, el Papa Francisco pidió oraciones por Benedicto XVI, debido a su salud deteriorada, todas las alarmas se encendieron. Era la primera vez que se mencionaba la salud frágil del pontífice emérito.

 

La noticia se difundió inmediatamente y toda la iglesia se puso en estado de oración y alerta. Muchos obispos y cardenales con declaraciones públicas convocaron a la oración por la salud de Benedicto XVI. Fue cuestión de horas, pues a 95 años su aliento de vida se apagó en menos de dos días.

 

Por las callejuelas cercanas al Vaticano, muchos colegas periodistas comenzaron a anular sus vuelos, a cancelar sus merecidas vacaciones de fin de año, y hacer reservaciones de hoteles para sus colegas que pronto aterrizarían en la Ciudad de los papas. 

Otros, comenzaron a desempolvar sus “cocodrilos”, así se les llama en Italia a las notas periodísticas que se preparan meses -incluso años- antes que una personalidad importante fallezca.  Esos artículos conmemorativos que parecen frescos y llenos de sentimientos de nostálgica tristeza por la muerte de un personaje son pensados milimétricamente para no perder la verosimilitud. Y en esta ocasión no fue distinto.

 

Es comprensible que en estas horas se escriban un sinnúmero de artículos de letra fina, narrando el cierre de este capítulo en la historia de la Iglesia contemporánea. En efecto, los analistas y observadores incluso comentan los colores de los ornamentos y la presencia o ausencia de algunas insignias pontificias en las vestimentas de los restos mortales del papa emérito expuesto en bajo el baldaquino de la Basílica San Pedro.

 

Y mientras los fieles hacen horas de fila para entrar en la Basílica y presentar su último adiós al Papa que con su renuncia cambió el curso de la historia eclesial, en las librerías se agotan los libros “de y sobre” Benedicto XVI.

 

Sin embargo, ahora, es el momento del silencio y del luto.

 

El tiempo reconocerá el gran legado de este hombre sabio, tímido, humilde y revolucionario que guió la iglesia por siete años, diez meses y nueve días.  

 

El sencillo y corto texto que nos ha dejado como su testamento espiritual se suma al tesoro teológico que ha regalado a la Iglesia, y tal vez ha sido la mejor manera de despedirse de nosotros.

 

Entonces…

 

Que se apaguen las luces, que enmudezcan las campanas y que un manto de silencio cubra nuestra oración al despedir al humilde servidor de la viña del Señor.

Por: Ariel Beramendi