Análisis

Crisis institucional en la UAGRM

 

La Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), está sumergida en una profunda crisis institucional. Atrás quedaron los años mozos de aquella magnífica universidad donde se formaron notables profesionales, que hoy son hijos ilustres de Santa Cruz y Bolivia. Las aulas de formación académica y científica hoy parecen un ‘campo de guerra’ sin cuartel, donde los intereses políticos y económicos están por encima de lo estrictamente profesional.

Esta crisis institucional estalló en julio durante la realización del claustro universitario, cuando 80.300 estudiantes y 1.515 docentes acudieron a las urnas a elegir a un rector, un vicerrector, 18 decanos y 56 directores de carrera para la gestión 2016-2020.  En la víspera de esos comicios, la Corte Electoral Permanente (CEP) develó fallas estructurales en la organización, iniciando la votación con varias horas de retraso y con irregularidades en algunas mesas de sufragio. De hecho, vulnerando el reglamento electoral dejó que durante toda la campaña empapelaran, pintarrajearan y hasta hicieran jarana en los predios de la universidad, una cuestión que fue duramente cuestionada por la opinión pública.

Estos ingredientes aumentaron las sospechas contra el órgano electoral que al filo de esa jornada ofreció los resultados preliminares, dando el primer lugar al candidato Saúl Rosas y el segundo lugar a Alfredo Jaldín, excluyendo a Miguel Cadima del balote, quien junto a sus seguidores denunció fraude y se desató la hecatombe. La pelea campal entre universitarios causó destrozos en las oficinas de la Corte Electoral con quema de papeletas y ánforas que dejó un saldo de varios heridos y aprehendidos. Pero la violencia no terminó ahí, con la anulación del claustro. La convocatoria a una nueva elección de autoridades volvió a provocar actos de vandalismo al extremo. El viernes pasado un grupo armado  irrumpió en los predios de la universidad y prendió fuego otra vez las oficinas de la Corte con el propósito de postergar la elección y seguir alterando el orden público de la UAGRM.

 Pero más allá de todo, esta situación es una prueba de la realidad que vive nuestra educación, señores gobernantes, señores docentes y comunidad educativa en su conjunto. Los actos vandálicos son la culminación de una nefasta administración que históricamente ha sido regida por la ‘autonomía universitaria’, una condición que solo ha servido para crear mafias o élites de poder entre docentes y estudiantes dentro de la universidad, repito, por encima de lo que verdaderamente debe hacerse: formación, innovación, ciencia, etc, etc, etc.