Análisis

Javier Gómez Graterol: “Cosificación infantil masificada”

Entre las consecuencias negativas de la internet está la facilidad con la que se puede acceder a contenidos de índole sexual. La industria del porno lo sabe y hace un efectivo trabajo, desde el punto de vista mercadológico, para expandirse y ofrecer toda clase de categorías, para todos los gustos y edades, incluyendo, aún más lamentablemente, fenómenos como la pederastia y sexualización de los niños desde muy temprana edad.

La pornografía, como adicción, tiene un componente diferencial respecto a las otras adicciones: se queda dentro. Una imagen vista por apenas segundo y medio puede grabarse en la mente y repercutir por años y, como toda droga. Se empieza siempre por la legal y suave, pero luego se siente la necesidad de ir por algo mayor, así que se empieza la búsqueda de “variedad”, hasta que se llega a caer en las más bajas perversiones. Los impulsos iniciales de deseo, ya no son suficientes, se adormece la conciencia y al final “normaliza” toda clase de conductas. Un adicto al porno tiene mucho trabajo para retomar la conexión genitalidad y amor y/o expresión de amor mutuo.

Actualmente muchos están buscando legalizar la pederastia. Mientras hay instituciones luchando por erradicarla de sus filas, como la Iglesia, y los Boy Scouts, hay otras como la North American Man/Boy Love Association, (NAMBLA), organización estadounidense, que, la promueve, se opone a la idea de una edad mínima para tener relaciones sexuales, y su objetivo principal es lograr que sea vista “como una forma de ‘amor’” válida “como las demás”. Funciona más como una especie de “sociedad secreta”, y sigue operando para alcanzar sus objetivos. Constantemente salen en los noticieros operaciones policiales que desarticulan redes de pederastia.

Recientemente estalló una polémica por un japonés llamado Shin Takagi, quien fundó Trottla, una fábrica de “muñecos sexuales infantiles”, según él, para frenar “ética y legalmente” los impulsos pederastas. Él confesó que se había sentido atraído por menores y así fue como lo solucionó. Según dice la misma noticia, su empresa lleva más de una década vendiendo sus productos.

La industria de la moda actual vende también la imagen de niños que lucen ya sexualizados. El cine premió “Call me by your name” (efebofílica). Los grupos de ideología de género están obrando para educar sobre prácticas y conductas sexuales desde la infancia en los colegios, sostienen que es derecho de los niños, así los padres se opongan. Como pasa en España.

Mucho podemos hacer los cristianos, empezando por informarnos sobre estas realidades y cómo debemos actuar ante ellas. El fenómeno de la expansión ideológica es mundial, y no descansa. No podemos evadir la realidad, porque el precio que pagaremos será el futuro de nuestros niños. Ver lo que dicen Agustín Laje, y Ben Shapiro, es un buen comienzo.

Autor: Diácono Javier Gómez Graterol, SSP