Análisis

Corruptos: hipócritas y ¡Anticristos!

La semana pasada el Papa Francisco, en sus homilías diarias en la Casa de Santa Marta, habló dos días seguidos sobre los corruptos. Sus palabras fueron realmente duras. Ojalá que los corruptos que andan regados por Venezuela y por el mundo entero (cada día hay más ¡y más descarados!), sobre todo si dicen ser cristianos, pudieran leerse sus palabras para ver si logran reconocer sus pecados y salen de ese mundo que los convierte en nada más y nada menos que en unos ¡Anticristos!

A continuación copio textual las palabras del Papa: “Así comenzó Judas: del pecado de la avaricia acabó en la corrupción. Es un camino peligroso el de la autonomía. Los corruptos son muy desmemoriados, han olvidado este amor con el cual el Señor ha hecho la viña, los ha creado a ellos ¡Han cortado esta relación con el amor! Y se vuelven adoradores de sí mismos ¡Cuánto mal hacen los corruptos en la comunidad cristiana! Que el Señor nos libre de deslizarnos por este camino de la corrupción. También están los santos: aquellos que obedecen al Señor, aquellos que adoran al Señor, aquellos que no se olvidan del amor con que el Señor ha hecho la viña: los santos en la iglesia. Y de la misma forma que los corruptos hacen tanto mal a la iglesia, los santos hacen mucho bien. De los corruptos el apóstol Juan dice que son el Anticristo, que están en medio de nosotros pero no son de los nuestros. De los santos la palabra de Dios nos habla como de la luz: “aquellos que estarán delante del trono de Dios en adoración”. Pidamos al Señor la gracia de sentirnos pecadores, pero pecadores de verdad, no en general, sino pecadores por esto, por esto y por esto, en concreto. Con la concreción del pecado y pidamos la gracia de no convertirnos en corruptos: ¡pecadores sí! ¡Corruptos no! Y la gracia de avanzar por el camino de la santidad”.

Estas palabras deberían remover duro a aquellos corruptos que están dentro de la Iglesia, y también deben alegrar y dar ánimo a aquellos a quienes los han tildado de “bobos” por no aprovecharse de enriquecerse de mala manera, y viven sudando para ganarse el dinero honestamente y ayudar a su prójimo. ¡Hay de todo en la viña del Señor!

El Papa también señaló en otra homilía, refiriéndose al pasaje del evangelio que habla de “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” que: “Este es precisamente el lenguaje de la corrupción: la hipocresía… cuando Jesús habla a sus discípulos les dice: Que vuestro hablar sea ¡Sí, Sí! ¡No, No! La hipocresía no es el lenguaje de la verdad porque la verdad nunca va sola, ¡Nunca! ¡Va siempre con el amor!  No existe la verdad sin el amor.  El amor es la primera verdad, si no hay amor no hay verdad.  Éstos quieren una verdad esclava de sus propios intereses. Podemos decir que hay un amor pero es un amor hacia sí mismos, el amor a ellos mismos. Esa idolatría narcisista que los lleva a traicionar a los otros, los lleva a abusar de la confianza”. ¡Qué duro ah!

Y sigue: “Todos tenemos cierta debilidad interior y nos gusta que nos digan cosas buenas. Nos gusta, a todos, algo de vanidad tenemos. Estos corruptos lo saben y con este lenguaje tratan de debilitarnos.  Pensemos bien hoy: ¿Cuál es nuestra lengua?, ¿Hablamos con la verdad, con el amor, o hablamos un poco con ese lenguaje social, educado, también diciendo cosas bellas pero que no sentimos? Que nuestra forma de hablar sea evangélica hermanos. Después estos hipócritas que comienzan con la adulación, las alabanzas, y todo esto, terminan buscando testigos para acusar a quienes habían alabado. Pidamos al Señor que nuestra forma de hablar sea el modo de hablar de los sencillos, el hablar del niño, el hablar de los hijos de Dios, hablar de la verdad y desde el Amor”.

Gracias a Dios hoy tenemos un Papa que habla de la Verdad de una manera sencilla y muy directa, podríamos decir que habla “sin pelos en la lengua”. Ojalá que aquellos católicos que son corruptos, y que le hacen tanto daño a la Iglesia, lo escuchen y puedan cambiar su vida para poder alcanzar la felicidad ya en esta tierra (que está más que comprobado que no la dan los medios materiales), y luego la felicidad eterna. Nunca olvidaré a un señor que conocí, que fue muy corrupto, quien entregó todos sus bienes a los pobres y pidió perdón por lo que hizo. Ese hombre ya murió y transmitía una paz y una felicidad, luego de su conversión, que no se las puedo describir.

Aprovecho de agradecer a tantos católicos venezolanos que conozco (empresarios, políticos, militares, abogados, periodistas, etc.) que no se han aprovechado nunca de la corrupción o del tráfico de influencias para hacer dinero de la noche a la mañana. Son personas heroicas que pasan mucho trabajo para sacar a su familia adelante antes que ensuciar su alma, su vida y su nombre con este terrible mal. ¡Sigan adelante porque ustedes son vitales para la reconstrucción y salvación de nuestra querida Venezuela!