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Constructores de Catedrales en este Adviento

1er domingo del Adviento. Año C

1 de diciembre 2024

Iniciamos el adviento y en líneas generales comenzamos a prepararnos para la Navidad.

 

Tenemos cuatro semanas para reflexionar y en esta oportunidad quisiera imaginar que somos como aquellos hombres y mujeres que en la antigüedad construían catedrales. Ver terminado un proyecto de esa magnitud tomaba décadas e incluso siglos, por ejemplo la catedral de Barcelona, la Sagrada Familia, lleva más de 140 años construyéndose y, aunque falta muy poco, la construcción aún no se ha terminado

 

Usando esta metáfora, podemos decir que nuestra vida, a veces, es similar porque muchas veces nos encontramos cargando piedras o picando piedras. Un trabajo duro. Algunos dirán que estamos haciendo solo eso: cargando piedras; pero desde nuestra fe y un poco de esperanza podemos decir que estamos construyendo catedrales.  Son dos formas distintas de vivir y esperar.

 

En la vida iniciamos proyectos que otros terminarán. Sembramos algo y otros cosecharán. Aquellos que tienen hijos adultos saben que los padres siembran pero los frutos y la cosecha no siempre dependen de nuestros deseos o cálculos precisos.

 

Por lo tanto, el tiempo de adviento nos recuerda esto, primero que el tiempo que vivimos en la fe, no tiene nada que ver con la agilidad y la celeridad de las grandes ciudades.

 

El Adviento es un tiempo en el que nuestro Señor nos exhorta a no perder la esperanza, a permanecer en esta esperanza y a alimentarla.

 

Es un periodo que nos recuerda que tenemos que vivir atentos a los signos de los tiempos porque durante toda nuestra vida, nosotros esperamos “a Aquel que debe venir”.

 

El problema es que muchas veces vivimos en una sociedad que no sabe esperar y no quiere esperar. Vivimos en la dinámica de lo inmediato, de la máxima productividad en el menor tiempo posible y eso es lo que interesa a “los jefes de arriba”.

 

Obviamente, usar el tiempo de la mejor manera es algo positivo y es bueno tener resultados en un tiempo aceptable, pero hoy la Iglesia, a través de la liturgia, nos recuerda que existe un tiempo para esperar, para preparar, y para descansar. En la Iglesia constantemente hablamos de los “dones” y los regalos, porque la misma fe es un don de Dios.

 

El Señor nos invita a ir más allá de lo inmediato, a no conformarnos con lo efímero y pasajero, sino a buscar caminos de esperanza que nos permitan acoger los dones que Él nos ofrece.

 

El adviento también está marcado por una actitud que encontramos en el Evangelio cuando leemos que en el momento de angustia y desesperación “alcemos la cabeza porque se acerca su liberación”. Recordemos esto: alzar la mirada y abrir el corazón para recibir a Jesús.

 

No nos quedemos solo mirando las cosas de este mundo, miremos en alto, más allá de lo inmediato.

 

Acojamos y promovamos los valores que cuentan, vivamos el valor de la amistad, de la acogida, del perdón y de la generosidad especialmente con los que sufren o son más débiles o más frágiles.

 

 

Pidamos al Señor que nos libere de las ataduras que nos esclavizan y de todo aquello que no nos permite alzar la mirada, que no libre de todo aquello que nos hace cerrarnos en nosotros mismos, que aprendamos a caminar en comunidad.

 

Finalmente, pidamos al Señor que durante estas cuatro semanas, sepamos despojarnos de una forma de vida resignada o rutinaria y sigamos alimentando la esperanza, renovando nuestros sueños para un futuro nuevo, porque aunque parezca que a veces estamos solo picando piedras, en realidad estamos construyendo catedrales.

 

POR ARIEL BERAMENDI

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